Moda

Lauren Hutton, la mujer que cambió los cánones de belleza y los contratos de la moda

Le dijeron que su sonrisa no encajaba en la industria y llegó a utilizar una prótesis para ocultarla. Después conquistó 26 portadas de 'Vogue' y firmó uno de los contratos más revolucionarios de la moda. A los 82 años, sigue siendo un referente de independencia y belleza sin artificios

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Lauren Hutton tenía algo que la industria de la moda de los años sesenta consideraba un problema y eran sus dientes delanteros separados. Cuando llegó a Nueva York con la intención de trabajar como modelo, las agencias no tardaron en señalar aquella particularidad que, a su juicio, la alejaba del ideal de belleza de la época. Su rostro tampoco respondía exactamente a los patrones establecidos. Tenía una nariz que ella misma describía como irregular, una sonrisa demasiado expresiva y una naturalidad que contrastaba con la imagen distante de las grandes modelos del momento. Aquella joven estadounidense, a la que intentaron convencer de que debía corregir su aspecto, terminaría protagonizando 26 portadas de la edición estadounidense de Vogue y convirtiéndose en una de las mujeres mejor pagadas de su profesión.

No se conformó con transformar la manera de entender la belleza. También cambió las condiciones económicas de un negocio que durante décadas había utilizado la imagen de las mujeres sin reconocer suficientemente su valor comercial. Mucho antes de que las supermodelos de los noventa negociaran contratos millonarios, ella ya había comprendido que su rostro era mucho más que una herramienta de trabajo.

Nacida en 1943 en Charleston, Carolina del Sur, y criada en Florida, nunca había soñado con convertirse en modelo. Su fascinación tenía más que ver con los viajes, la naturaleza y los territorios remotos que descubría en las páginas de National Geographic. Nueva York apareció como una posibilidad para ganar dinero y conocer el mundo. La moda fue casi una casualidad.

Sus comienzos no fueron fáciles. Varias agencias rechazaron su candidatura y, durante un tiempo, utilizó una pequeña pieza dental para disimular la separación entre sus incisivos. Años después recordaría con humor que aquel dispositivo, por el que había pagado unos 300 dólares, salía disparado cada vez que estornudaba. Una anécdota que revela hasta qué punto se esperaba que las mujeres modificaran su apariencia para resultar aceptables.

La agencia de Eileen Ford terminó dándole una oportunidad. Poco después, Diana Vreeland, entonces directora de Vogue, se interesó por su personalidad y su imagen. También trabajaría con Richard Avedon, que inicialmente tampoco había quedado convencido por ella. En pocos años, aquella sonrisa que había intentado esconder se transformó en su rasgo más reconocible. Hutton introdujo en las revistas de moda una belleza espontánea, cercana y reconociblemente humana que contrastaba con los ideales dominantes de la época.

El contrato con Revlon que cambió las reglas del negocio

En 1973, Lauren Hutton protagonizó otro episodio decisivo, esta vez lejos de las pasarelas. La firma de cosméticos Revlon, a través de su línea Ultima II, la convirtió en imagen de una importante campaña publicitaria mediante un acuerdo de exclusividad cuya remuneración no tenía precedentes para una modelo de su época.

El contrato, que distintas reconstrucciones posteriores han situado en torno a los 250.000 dólares, supuso un cambio de paradigma. Hasta entonces, las modelos trabajaban principalmente por sesiones fotográficas o jornadas, y sus ingresos dependían de la cantidad de encargos que consiguieran. Hutton defendió que su imagen tenía un valor propio y que las marcas debían pagar por utilizarla de forma exclusiva.

Aquella negociación abrió un camino que décadas después recorrerían nombres como Cindy Crawford, Naomi Campbell, Linda Evangelista o Claudia Schiffer. La modelo dejaba de ser únicamente una mujer contratada para posar y empezaba a convertirse en una figura con capacidad de negociación, influencia comercial y poder dentro de la industria.

Su carrera tampoco quedó limitada a la moda. Hutton desarrolló una trayectoria como actriz y participó en películas como American Gigolo, junto a Richard Gere, estrenada en 1980. Sin embargo, nunca pareció interesada en construir una vida exclusivamente alrededor de la celebridad. Continuó viajando y cultivando intereses alejados del universo de la belleza, manteniendo una independencia poco habitual entre las grandes estrellas de su generación.

La belleza después de los 80, otra forma de desafiar a la industria

Más de medio siglo después de aquel contrato, Lauren Hutton continúa siendo una figura singular. En enero de este año, durante una entrevista con el programa CBS Sunday Morning, repasó su trayectoria a los 82 años con el mismo sentido del humor con el que suele recordar sus comienzos. Habló de las agencias que la rechazaron, de la prótesis dental que utilizaba para ocultar su sonrisa y de cómo terminó modificando las reglas económicas del modelaje.

Su permanencia en la industria adquiere especial relevancia en un momento en el que el envejecimiento femenino continúa sometido a una considerable presión estética. Hutton no ha construido su discurso sobre la obligación de conservar una apariencia juvenil, sino sobre la posibilidad de seguir trabajando, disfrutando de la moda y sintiéndose atractiva a cualquier edad.

Su estilo ha resistido extraordinariamente bien el paso del tiempo. Las camisas masculinas, los pantalones de corte impecable, los trajes relajados y los jerséis de punto que llevaba en los años setenta podrían formar parte de cualquier armario contemporáneo. Su elegancia siempre ha tenido mucho más que ver con la actitud y la comodidad que con la búsqueda de una perfección estudiada.

En una conversación con Vogue, publicada cuando tenía 77 años, defendía una relación práctica con el maquillaje y el cuidado personal, sin renunciar al placer de arreglarse. También reivindicaba la posibilidad de continuar trabajando y apareciendo en campañas sin que la edad se convirtiera en una razón para desaparecer.

Quizá ahí resida la parte más contemporánea de su historia. Lauren Hutton pertenece a una generación de mujeres que tuvieron que conquistar espacios profesionales cuando todavía se esperaba de ellas una belleza determinada y una actitud complaciente. Ella consiguió convertir aquello que consideraban un defecto en una ventaja, negociar mejores condiciones por su trabajo y mantenerse visible mucho después de que otras modelos de su generación abandonaran las campañas.

Su legado va mucho más allá de haber demostrado que una sonrisa con los dientes separados también podía ser hermosa. Primero cambió la manera de mirar a las mujeres. Después, la manera de pagarles. Y, más de cincuenta años después, sigue recordando que la belleza no tiene por qué obedecer a una edad ni a un molde establecido.

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