Oslo vive instalada en una expectación tensa y un debate público sin precedentes a solo veinticuatro horas de que comience un juicio que muchos analistas ya han bautizado como uno de los más relevantes en la historia reciente de Noruega. Este martes 3 de febrero, en la sala principal del Tribunal del Distrito de Oslo, arrancará el proceso penal contra Marius Borg Høiby, hijo mayor de la princesa heredera Mette-Marit, acusado de 38 delitos graves que van desde agresiones sexuales a violencia, amenazas y delitos relacionados con drogas.
Borg Høiby, de 29 años, no ostenta título oficial ni cargo institucional, no es miembro de la Casa Real noruega, pero su nombre ha estado íntimamente ligado a la monarquía desde que su madre contrajo matrimonio con el príncipe heredero Haakon en 2001.
Un juicio de enorme envergadura
La acusación fiscal presenta un abanico amplio de cargos, entre ellos la presunta violación de varias mujeres, agresiones físicas, amenazas de muerte, violaciones de órdenes de alejamiento y transporte de drogas. Según la acusación, los hechos más graves podrían acarrear penas de hasta diez o más años de prisión si el tribunal declara culpabilidad plena.
Borg Høiby ha negado las imputaciones más serias, aunque ha reconocido ciertos delitos menores relacionados con drogas y algunas conductas violentas en el pasado. Su defensa ha anticipado que cada cargo será objeto de un examen pormenorizado durante el juicio.

Se espera que el proceso se prolongue al menos siete semanas, extendiéndose hasta mediados de marzo, con una intensa cobertura mediática tanto en Noruega como en el extranjero.
El juicio ha tensado la confianza en la institución monárquica y ha generado un debate público de gran calado. Aunque fuentes oficiales han insistido en que Borg Høiby será juzgado como cualquier otro ciudadano bajo la ley noruega, la imagen de la Casa Real se enfrenta a un doble desafío.
Por un lado, el príncipe heredero Haakon ha emitido declaraciones públicas en los últimos días para recordar que su hijastro no forma parte de la monarquía institucional, aunque sí subrayó que es “un importante miembro de nuestra familia”. Haakon también aclaró que ni él ni la princesa heredera asistirán a las sesiones del juicio.
El caso Epstein
Por otro, la princesa Mette-Marit, quien sufre una grave enfermedad pulmonar y lleva tiempo apartada de los actos oficiales, ha visto su figura salpicada por otro escándalo. La reciente publicación de documentos desclasificados vinculados al caso Epstein, en los que su nombre aparece numerosas veces en comunicaciones con el financiero estadounidense, ha reavivado el escrutinio sobre su pasado personal y la percepción pública de la familia real.
En Oslo, los cafés frente al Palacio Real, las tertulias radiales y los debates en los medios reflejan una sociedad dividida entre la necesidad de respetar el debido proceso judicial y la inquietud por las implicaciones simbólicas de este caso sobre la monarquía noruega. La historia de Borg Høiby, nacido antes del matrimonio de Mette-Marit con Haakon, criado entre los privilegios y las críticas y ahora en el centro de un proceso tan mediático, plantea preguntas que van más allá del caso particular, como sobre los límites de la impunidad y la igualdad ante la ley en una sociedad que históricamente se enorgullece de sus valores democráticos.
Mientras los jueces toman asiento este martes en el tribunal de Oslo, Noruega se prepara para asistir, quizá con un cierto escalofrío colectivo, a un juicio que se anuncia como histórico y que podría dejar una huella duradera en la vida política y cultural del país.
