Hoy, jueves 15 de enero de 2026, la figura política venezolana María Corina Machado vuelve a estar en el centro de la atención internacional. Tras haber sido galardonada con el Premio Nobel de la Paz, Machado aterriza en Washington con una agenda que no es menor.
A las 12:00 horas se sentará frente a Donald Trump en la Casa Blanca y, horas después, a las 15:00 horas, mantendrá un encuentro con senadores en el Capitolio. Este itinerario, divulgado oficialmente por su equipo, traza un mapa de expectativas, tensiones y mensajes simbólicos que trascienden la diplomacia ordinaria.
Agenda de María Corina Machado (@MariaCorinaYA) en Washington DC este jueves 15 de enero. pic.twitter.com/F2sffiAPvr
— Vocería Oficial de Venezuela (@voceriavzla) January 15, 2026
La agenda oficial —disponible públicamente— subraya dos momentos clave que resumen la naturaleza dual de esta visita. En primer lugar, un almuerzo privado con Trump. Y después, una sesión con legisladores estadounidenses. María Corina Machado, cuya lucha por la democracia venezolana ha tenido décadas de historia, llega a Estados Unidos como Premio Nobel de la Paz. Un reconocimiento que la coloca en un sitial global por su resistencia civil y activismo político.
Una visita marcada por la caída de Maduro
Este viaje y sus encuentros tienen un telón de fondo complejo: la captura y traslado de Nicolás Maduro a Estados Unidos, en una operación militar liderada por fuerzas estadounidenses, marcó un antes y un después en Venezuela. Pero también transformó el rol que Washington está dispuesto a jugar en el futuro político del país caribeño. En ese nuevo escenario, la relación entre Trump y Machado está lejos de ser simplemente cordial.
Desde el principio, la trayectoria de María Corina Machado en esta etapa ha sido inusual. Su Premio Nobel, otorgado en octubre de 2025 por “su incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo venezolano”, fue celebrado como un símbolo de esperanza para una Venezuela fragmentada.

Ella dedicó ese premio al pueblo venezolano y, de manera explícita, a Trump por su papel en desestabilizar al régimen de Maduro. Pero ese gesto diplomático no tuvo el efecto deseado en la Casa Blanca. La misma administración estadounidense —y en particular el presidente Trump— deslizó dudas sobre si Machado, pese a su Nobel, debería liderar la transición política venezolana.
El Nobel, Trump y una relación ambigua
De hecho, varias fuentes políticas y diplomáticas han señalado que la decisión de Trump de no colocar a Machado al frente de un eventual proceso de transición se debió, en parte, a su aceptación del Nobel de la Paz en lugar de declinarlo a favor de Trump, quien había manifestado abiertamente su deseo de ganar el galardón.
Algunos estrategas en Washington creyeron que ese gesto podría haber reforzado la legitimidad de Machado. Pero, paradójicamente, se interpretó como un obstáculo para consolidar su liderazgo dentro de la nueva estructura de poder impulsada desde Estados Unidos.

Así, la reunión de hoy tiene un doble carácter. Por un lado, representa un reconocimiento formal al papel de Machado como laureada con el Nobel. Y por otro, un intento de recomponer una relación que, en el terreno político, se ha vuelto ambivalente.
Trump, pese a elogiar a la líder venezolana públicamente y aceptar con cortesía su visita, ha sido muy claro: considera que María Corina Machado no cuenta con el respaldo necesario dentro de Venezuela para liderar una transición estable. Y ha puesto su atención en otros actores tras lo sucedido con Maduro.
El Capitolio como escenario político
La segunda parte de la agenda, el encuentro con senadores en el Capitolio, es igual de significativa. No es casualidad que después de hablar con el presidente estadounidense, Machado se siente con legisladores de ambos partidos para exponer su visión sobre Venezuela
Este tipo de audiencias suele reservarse para líderes que buscan construir una narrativa legislativa o influir en la política exterior de Estados Unidos. En ellas, Machado puede plantear no solo su visión sobre una transición democrática sino también demandas específicas: presión por elecciones libres, liberación de presos políticos y garantías para la reconstrucción institucional de Venezuela.

El contexto de la visita también incluye reacciones mixtas dentro de la propia oposición venezolana y entre analistas internacionales. Para algunos, el hecho de que una figura opositora esté recibiendo atención directa en Washington es un signo de que la crisis venezolana se ha internacionalizado de manera irreversible. Para otros, la fractura entre el reconocimiento simbólico del Nobel de la Paz y la reticencia de Trump a apoyarla políticamente revela una disputa más profunda sobre quién debe encabezar el futuro político de Venezuela.

