Donald Trump recibirá este jueves en la Casa Blanca a la líder opositora venezolana María Corina Machado, un encuentro que ha despertado expectativas. La reunión se produce en un momento particularmente delicado para la política venezolana y para la relación entre Washington y Caracas, marcada por negociaciones energéticas, tensiones diplomáticas y el reciente arresto del depuesto presidente Nicolás Maduro.
La visita de Machado llega, además, rodeada de un debate que ha captado la atención mediática: la posibilidad, planteada por la propia opositora, de entregar o compartir con Trump el Premio Nobel de la Paz que recibió el año pasado. El gesto, que ella ha descrito como una muestra de gratitud del pueblo venezolano, ha sido rápidamente desmentido en términos prácticos por el Instituto Nobel noruego, que recordó que el galardón “no puede revocarse, compartirse ni transferirse a otros”.

Por qué Trump eligió a Delcy Rodríguez y no a Machado
El encuentro entre Trump y Machado tiene lugar después de que el presidente estadounidense adelantara la semana pasada que planeaba abordar el papel de la premio Nobel en el futuro de Venezuela. Sin embargo, sus declaraciones han sido ambivalentes. Por un lado, Trump ha manifestado sentirse “muy honrado” por la visita de la líder opositora; por otro, en semanas recientes cuestionó abiertamente su capacidad para liderar el país al afirmar que “no tiene apoyo o respeto” dentro de Venezuela.
Esa distancia política se ha traducido en hechos concretos. Trump decidió no reconocer a Machado como figura central de una eventual Venezuela pos-Maduro y, en su lugar, optó por respaldar la presidencia interina de Delcy Rodríguez, una dirigente chavista con la que Washington ha alcanzado acuerdos clave, especialmente en materia energética. Según explicó la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, esta decisión respondió a “una evaluación realista de la situación en Venezuela” que, en sus palabras, “resultó ser acertada”.
Leavitt detalló que la Administración Trump ha logrado cerrar un acuerdo energético valorado en 500.000 millones de dólares, gracias al cual 31 millones de barriles de petróleo venezolano ya están en camino a Estados Unidos para su venta. El dinero generado, añadió, se depositará en una cuenta controlada por el gobierno estadounidense. La portavoz también subrayó que el gobierno de Rodríguez accedió a liberar a presos políticos, “algo que Estados Unidos ha deseado ver desde hace tiempo”, y recalcó que Trump espera que la cooperación con Caracas continúe.

“Quiere dárselo y compartirlo con él”
Trump nunca ha ocultado su deseo de recibir el prestigioso galardón, cuyo ganador es elegido por un comité independiente de cinco miembros en Oslo. Cuando Machado fue nombrada laureada en octubre, el anuncio fue interpretado por algunos sectores como un desaire a la Casa Blanca, pese a que la dirigente venezolana se apresuró a dedicar el premio al mandatario estadounidense y a su “apoyo decisivo” a la causa democrática en Venezuela.
La propia Machado alimentó la controversia al declarar en una entrevista en Fox News que “ciertamente quiere dárselo y compartirlo con él”, en referencia a Trump. En esa misma conversación, afirmó: “Lo que él ha hecho es histórico. Es un enorme paso hacia una transición democrática”. Trump, consultado sobre si aceptaría el premio de manos de la opositora, respondió que “sería un gran honor”.
El Instituto Nobel es tajante
No obstante, la reacción del Instituto Nobel noruego fue tajante. En un comunicado, recordó que “una vez que se anuncia un Premio Nobel, no puede revocarse, compartirse ni transferirse a otros” y que “la decisión es definitiva y permanece para siempre”. La institución también subrayó que ni el testamento de Alfred Nobel ni los estatutos de la Fundación contemplan la retirada de un premio, y que “no cabe recurso alguno contra la decisión de un órgano de concesión”.

Mientras tanto, Machado continúa moviéndose en el escenario internacional. Este mismo lunes pidió al papa León XIV, durante un encuentro en el Vaticano, que interceda por los presos políticos venezolanos y por el “avance sin demora” de una transición democrática en su país. Sus gestiones reflejan un intento de mantener visibilidad y presión internacional, incluso cuando su papel dentro de la estrategia de Washington parece limitado.


