Machado, ante Trump y el mayor desafío de su carrera política

El encuentro con el presidente de Estados Unidos tras la captura de Maduro es una cita clave para la líder de la oposición venezolana y el futuro del país

María Corina Machado y Donald Trump.
KiloyCuarto

La próxima visita de María Corina Machado a Washington ha captado atención internacional inmediata. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha confirmado que la recibirá, sin detallar la agenda, y ha afirmado que espera “saludarla personalmente” y conversar sobre su posible papel en el futuro de Venezuela. La prensa internacional interpreta este encuentro más como un gesto simbólico de relevancia global que como un punto de inflexión político concreto.

Trump ha mostrado hacia Machado una mezcla de respeto protocolario y escepticismo político. En el pasado, había minimizado su capacidad de liderazgo dentro de Venezuela, aunque en las últimas declaraciones ha adoptado un tono más diplomático, subrayando la cortesía y la disposición a escucharla. Para los analistas, esta ambivalencia no es casual: se trata de un cálculo estratégico. No se busca un respaldo explícito, sino mantener abiertas las opciones de influencia sobre la oposición venezolana, un bloque que, aunque aún sin control del Ejército ni de instituciones clave, representa más del 70% de la población, como lo demuestran los resultados de las elecciones presidenciales de julio de 2024.

Ella o yo

Machado llega a Washington en un momento de alta visibilidad internacional. Su Nobel de la Paz refuerza su legitimidad, mientras la narrativa de Estados Unidos sobre la transición política en Venezuela continúa siendo cuidadosamente calibrada. La reunión con Trump tendrá un fuerte valor simbólico y mediático, consolidando su proyección internacional, aunque deja abiertas las preguntas sobre su capacidad real de influir en la política interna del país. Su papel no es operativo: interviene en momentos estratégicos y seguros, evitando riesgos que puedan comprometer su posición o generar tensiones internacionales.

María Corina Machado

Entre las incógnitas que rodean la visita está la posible presencia de Delcy Rodríguez. Hasta el momento de redactar esta nota, no se ha confirmado que Rodríguez vaya a Washington, a pesar de que ha solicitado reunirse con Trump en paralelo al viaje de Machado. Fuentes cercanas a la Casa Blanca señalan que no existe una decisión tomada, y que la inclusión de Rodríguez dependerá de criterios estratégicos y de timing político. Esta ausencia temporal, o eventual decisión negativa, refleja la cautela con la que Washington maneja las interacciones con actores de la oposición venezolana, y la necesidad de calibrar cuidadosamente cada paso para evitar complicaciones o tensiones internas.

El contexto político de la visita se completa con otros movimientos de Trump que buscan reforzar su narrativa sobre Venezuela y sus recursos estratégicos. Entre ellos, se destaca una reunión con empresarios petroleros estadounidenses, organizada para analizar oportunidades de inversión y exploración en el país. La cumbre privada permitió discutir no solo los aspectos económicos del crudo venezolano, sino también la recuperación de activos estratégicos y la seguridad energética de Estados Unidos. Expertos consideran que este tipo de encuentros buscan mostrar que la política exterior hacia Venezuela no es únicamente militar, sino también económica, conectando decisiones diplomáticas con intereses concretos de la industria energética.

Reconocimiento tácito

Machado representa el rostro internacional de la oposición, con visibilidad, legitimidad y un reconocimiento que otros actores no tienen. La Nobel de la Paz le confiere un estatus de credibilidad que se traduce en atención global. Sin embargo, el hecho de que no se haya definido la presencia de Delcy Rodríguez demuestra que la estrategia estadounidense se mantiene escalonada y cuidadosamente calculada, se prioriza la figura de Machado para consolidar la narrativa internacional, mientras se evalúa el rol de otros actores dentro de la oposición.

Donald Trump, presidente de EE UU
EFE

La ambivalencia de Trump, su estilo comunicativo y su manejo de señales son interpretados por analistas como una forma de operar con múltiples públicos al mismo tiempo, la base electoral estadounidense, la comunidad internacional y los distintos grupos de oposición dentro de Venezuela. Cada gesto, cada mensaje y cada reunión se diseñan para maximizar impacto y mantener el control sobre la transición política, sin comprometer la seguridad ni la estabilidad de las decisiones estratégicas.

En el plano simbólico, la visita de Machado a Washington refleja cómo la legitimidad internacional puede convertirse en un instrumento de visibilidad política. La líder opositora no llega solo con un Nobel de la Paz, sino con un reconocimiento tácito que amplifica su proyección global. La prensa extranjera destaca que este tipo de encuentros permite consolidar la imagen de una oposición cohesionada y creíble, aunque el escenario interno venezolano sigue siendo complejo, con múltiples actores y facciones que esperan su momento para intervenir.

Delcy, pórtate bien y vemos

Las fuentes que siguen de cerca la visita señalan que la ausencia de confirmación sobre Delcy Rodríguez también envía un mensaje estratégico; la Casa Blanca evalúa quién debe tener acceso a ciertos espacios y cuáles son los riesgos de exponer a determinados actores. Esta decisión, que puede parecer menor, adquiere relevancia política internacional, porque refleja la manera en que Washington controla y administra la narrativa sobre la transición en Venezuela. Machado, con su visibilidad y reconocimiento, funciona como la figura pública segura, mientras la inclusión de otros personajes sigue bajo revisión.

Trump y Delcy
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, y el presidente Donald Trump
KiloyCuarto

El encuentro con Trump, además, se produce en un momento en que Estados Unidos ha vuelto a poner el acento en Venezuela como actor estratégico en la región. La reunión con los petroleros refuerza esta idea: más allá de la política y la diplomacia, existe un interés económico y energético concreto, en sintonía con la estrategia de control y transición que se busca implementar. La combinación de diplomacia simbólica, visibilidad internacional y coordinación con actores económicos muestra que la visita de Machado no es un hecho aislado, sino parte de un plan más amplio, escalonado y cuidadosamente medido.

Para Machado, la visita representa una oportunidad única para consolidar su posición internacional, fortalecer su legitimidad ante actores clave y proyectar su liderazgo ante la comunidad internacional. Pero no garantiza un respaldo explícito de Estados Unidos ni define su liderazgo dentro de la oposición venezolana. La incertidumbre sobre Delcy Rodríguez, la presencia de otros actores y la manera en que se manejan las señales desde Washington sugieren que la transición venezolana sigue siendo un proceso delicado, controlado y calibrado desde fuera del país.

De hecho, tras la captura de Maduro, Trump declaró que María Corina Machado no sería la líder de Venezuela en un Gobierno de transición porque, según él, ella carecía del apoyo ni el respeto suficientes dentro del país, insistiendo en que sería “muy difícil para ella” asumir ese papel; pero en declaraciones más recientes, cuando Trump reveló que hablará con ella en Washington, dijo que Machado podría estar involucrada en algún aspecto de la transición, aunque no especificó cuál ni con qué autoridad.

Machado también calcula

El mensaje para el público internacional es claro. Se trata de un proceso estratégico y escalonado, donde cada fase se ejecuta con precisión, disciplina y coordinación, como fue, por cierto, la operación para sacar a Maduro y a Cilia de Venezuela. La visibilidad pública, aunque relevante, no siempre refleja la magnitud de la estrategia ni los movimientos calculados que se producen en paralelo. Machado se convierte así en la cara visible de la transición, mientras se mantiene un control estricto sobre los tiempos, los actores y los mensajes que se transmiten tanto dentro como fuera de Venezuela.

Venezuela
María Corina Machado, líder de la oposición venezolana
E. S. S. /KiloyCuarto

En este contexto, la visita de Machado a Washington puede leerse como una combinación de símbolo y oportunidad, con legitimidad reforzada por su Nobel y su reconocimiento internacional. Su papel operativo, sin embargo, sigue calibrado: interviene donde es necesario y seguro, evitando riesgos que puedan comprometer la estrategia general. La eventual decisión sobre la presencia de Delcy Rodríguez marcará un nuevo capítulo en la manera en que se maneja la interacción de la oposición con Estados Unidos y en cómo se proyecta la narrativa de transición ante el mundo.

En definitiva, la visita no solo refuerza la proyección internacional de María Corina Machado, sino que pone en evidencia la complejidad del manejo político y diplomático estadounidense, que combina visibilidad, estrategia, economía y control de actores clave. Cada gesto, cada reunión y cada decisión se calcula con precisión, dejando claro que la transición venezolana sigue siendo un proceso cuidadosamente gestionado desde fuera, con riesgos medidos y fases escalonadas que aún deben desplegarse.