Venezuela

La cita de Trump con Machado agita Caracas: Delcy Rodríguez mueve ficha para no quedar en segundo plano

La presidenta venezolana trata de evitar que la reunión en la Casa Blanca refuerce a la líder opositora y explora vías para hacerse oír en Washington el mismo día del encuentro

María Corina Machado y Donald Trump.
KiloyCuarto

Desde hace días, en Caracas y en Washington se repite la misma idea: la reunión entre Donald Trump y María Corina Machado que se celebra este jueves puede marcar un punto de inflexión en la transición venezolana. En Caracas, la inquietud ya se concentra en otro nombre, en el de Delcy Rodríguez: la presidenta encargada y heredera directa del aparato chavista ha intentado no quedar relegada a un segundo plano en una cita que puede definir el futuro inmediato del país.

La reunión se produce en un momento delicado, con Estados Unidos ajustando su hoja de ruta tras la captura de Nicolás Maduro y con un Gobierno interino que busca legitimidad y respaldo internacional. Y en este contexto, la afinidad ideológica entre Trump y Machado -mucho más evidente que la que mantiene el presidente estadounidense con Rodríguez- ha activado todas las alarmas en Caracas.

Las artimañas de Delcy Rodríguez

Las informaciones que manejan fuentes diplomáticas apuntan a que Rodríguez ha intentado anticiparse. Su entorno ha trabajado en el envío de un emisario especial a Washington para mantener reuniones con altos funcionarios estadounidenses el mismo día en que Machado se sienta con Trump. El objetivo es evitar que la líder opositora salga reforzada de un encuentro que puede consolidarla como interlocutora principal de la nueva etapa venezolana.

María Corina Machado
María Corina Machado, cada vez más arropada frente a un aislado Maduro
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Delcy Rodríguez mueve ficha

Pero no se trata, según apuntan varios medios internacionales, de una maniobra aislada. Rodríguez habría intentado abrirse paso por vías al límite de la legalidad para hacerse oír en la capital estadounidense y trasladar su mensaje antes de que la propuesta de Machado gane peso en la Casa Blanca. La preocupación es compartida por parte del aparato institucional, consciente de que el margen de maniobra se estrecha a medida que avanza la transición.

En juego está algo más que una fotografía de Machado y Trump. Rodríguez sabe que cuenta con una carta fundamental: su perfecto conocimiento de la industria petrolera venezolana. Antes de asumir la presidencia encargada, fue la responsable directa del Ministerio de Hidrocarburos, un área clave para cualquier negociación con Washington. A ese factor se suma el control efectivo de las fuerzas de seguridad y de la economía, un poder real que, a día de hoy, no está en manos de la oposición.

Lo que está en juego

Frente a ella, Machado llega a Washington tras semanas de intensa actividad internacional. Hace apenas dos meses abandonó Venezuela en una salida clandestina, en lancha y con peluca, rumbo a Europa, donde recibió el Nobel de la Paz en Noruega. Un gesto que no pasó desapercibido para Trump, que, según reconoció el mismo, no ocultó su malestar por no haber sido él el galardonado. En los primeros compases de la transición forzada, incluso circuló la idea de que el magnate había evitado designar a Machado por una cuestión personal.

Desde entonces, la líder opositora ha multiplicado los contactos. Este lunes se reunió con el Papa León XIV en el Vaticano, a quien pidió que intercediera por los presos políticos y por el “avance sin demora” hacia la democracia.

Encuentro entre Corina Machado y Leon XIV
EFE

La clave, sin embargo, está en la Casa Blanca. Allí, el equipo de Trump ultima desde ayer los detalles de una reunión que puede redefinir los equilibrios internos. Washington quiere escuchar a Machado, pero también medir hasta dónde llega la capacidad real de gobernar en un país donde el control del aparato del Estado sigue en manos de Rodríguez.

En Caracas, mientras tanto, la tensión se mantiene. La presidenta encargada sabe que la conversación de hoy puede dejarla en una posición incómoda. La cita entre Trump y Machado no sólo puede reforzar a la oposición; puede confirmar que el centro de gravedad político de Venezuela empieza a desplazarse fuera de los despachos que durante décadas ha controlado el chavismo.