La segunda Administración de Donald Trump comenzó con más mujeres en puestos de máximo poder que la primera. Sin embargo, en menos de dos años de mandato, la representación femenina en el Gabinete se ha reducido a la mitad. Ocho mujeres llegaron a ocupar estas posiciones y hoy solo quedan cuatro: la secretaria de Educación, Linda McMahon, la secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, la administradora de la Agencia Federal de Pequeñas Empresas, Kelly Loeffler, y la jefa de Gabinete de la Casa Blanca, Susie Wiles. Son cuatro de los 23 puestos que contabiliza el Centro para las Mujeres Estadounidenses y la Política (CAWP), del Instituto Eagleton de Política de la Universidad de Rutgers, es decir, tan sólo el 17,4% de los miembros de la Administración Trump son mujeres.
A esta pérdida de representación al más alto nivel se suman ahora otras dos. Por un lado, la salida de Kimberly Guilfoyle, hasta esta semana embajadora de Estados Unidos en Grecia. La Casa Blanca le pidió que abandonara el cargo después de las revelaciones por presuntas irregularidades en Atenas. Aunque Guilfoyle, expareja de Donald Trump Jr., negó las acusaciones y anunció que defendería su nombre y su reputación, Trump la fulminó el martes.

Curiosamente, el cese de Guilfoyle fue anunciado esta semana en la Casa Blanca por la nueva portavoz que ya ha se ha visto obligada a dejar el cargo.
Karoline Leavitt, que llevaba desde el primer día del segundo mandato, dejó el cargo de secretaria de la Casa Blanca a finales de agosto para dedicar más tiempo a su familia. Donald Trump nombró a Katie Zacharia como su sucesora, y fue precisamente durante la primera comparecencia de la nueva portavoz cuando la Casa Blanca confirmó que había pedido la dimisión de la embajadora en Grecia (la polémica ex nuera del magnate republicano).
Pero a Trump, con la popularidad en horas bajas y a menos de tres semanas de las midterm, no le ha gustado el revuelo (o la falta de verdad) sobre si Zacharia había aprobado o no el examen para ser abogada y poder ejercer en Estados Unidos. Así, además de un accidentado y breve estreno este mismo martes, las revelaciones de la prensa local sobre el verdadero currículum de la portavoz han dinamitado su reputación. Tras cinco días en el cargo, Trump ha despedido a esta “californiana de nacimiento y conservadora de toda la vida” de 42 años. “Katie, sabes que no tienes por qué hacer esto si no quieres”, le dijo el propio mandatario. “Si yo fuera tú, lo reconsideraría”.

Con todo, sus salidas no descienden el porcentaje del 17,4%, puesto que ni las embajadas ni el cargo de portavoz forman parte de los 23 puestos de Gabinete o nivel equivalente que contabiliza el CAWP. Pero sí ponen de manifiesto el desgaste de las mujeres en puestos de responsabilidad de la Administración Trump, donde las salidas femeninas se han sucedido tanto en el núcleo del poder ejecutivo como en otras posiciones de alto nivel. Curiosamente, en esta Administración Trump parece que sólo ellas pagan el pato.
A una “velocidad sin precedentes”
Y es que la caída de la presencia femenina ha sido especialmente pronunciada durante este 2026. La primera en salir fue Kristi Noem, secretaria de Seguridad Nacional, destituida en marzo y sustituida por el senador Markwayne Mullin. En abril llegó el turno de la fiscal general Pam Bondi, relevada por Todd Blanche, y de la secretaria de Trabajo, Lori Chavez-DeRemer, cuyo puesto pasó a ocupar Keith Sonderling. En junio se hizo efectiva la salida de Tulsi Gabbard, directora de Inteligencia Nacional, quien fue sustituida por Aaron Lukas.

En apenas unos meses, cuatro de las ocho mujeres que habían llegado a ocupar puestos de Gabinete o nivel equivalente dejaron sus responsabilidades. Todas fueron reemplazadas por hombres. Queda por ver quién destituirá a Zacharia y a Guifoyle, aunque en las casas de apuestas, el género masculino es ya el caballo ganador.
Para Kelly Dittmar, profesora asociada de Ciencias Políticas en Rutgers-Camden y directora de investigación del CAWP, la velocidad de esta pérdida de representación femenina es excepcional. “No tiene precedentes”, explicó a Artículo14 por videoconferencia.

“Hay que poner la cifra de cuatro en perspectiva. Para encontrar un nivel similar, hay que remontarse a la primera Administración de George W. Bush, cuando llegó a haber tres mujeres entre los 21 miembros de Gabinete, alrededor del 14%”, contextualiza la experta. El actual 17,4% de Trump se aproxima, además, al mínimo registrado durante su primer mandato, cuando la representación femenina se situó en el 17%.
“De hecho, empezamos con más”, recuerda Dittmar sobre la segunda Administración republicana, que arrancó con ocho mujeres en puestos de Gabinete o equivalentes. “Desde luego, no vimos ese nivel de desgaste en los dos gobiernos demócratas anteriores”, asevera.

Preguntada sobre este respecto, Taylor Rogers, otra de las portavoces de la Casa Blanca, indicó a The New York Times que “el presidente Trump ha formado el mejor Gobierno de la historia, seleccionando a cada miembro de su increíble equipo en función de un único criterio: su capacidad para cumplir con el pueblo estadounidense”.
“A diferencia de los demócratas, obsesionados con la política identitaria, el presidente juzga a las personas por sus méritos y cualificaciones, no por características inmutables“, defendió Rogers.
Para Dittmar, “es importante quién realiza el nombramiento” de cada cargo. En su opinión, la Administración Trump y el Partido Republicano han dejado claro que “la diversidad no constituye una prioridad. No es en absoluto una prioridad”, recalca. Es más, lo cierto es que la pérdida de la mitad de las mujeres que llegaron a ocupar puestos de Gabinete no parece entrañar, por sí misma, un coste electoral para Trump entre sus votantes.
