Sobre la 1:50 de la mañana, hora venezolana, del sábado 3 de enero los caraqueños se despertaron alarmados. Los ruidos de aviones de guerra, las bombas que estremecieron los edificios y rompieron ventanas sobresaltaron a una población que dormía a esa hora.
En redes sociales comenzaron a circular casi de inmediato los videos. A lo lejos se veía el fuego, llamaradas color naranja en diferentes puntos de una ciudad que en los últimos 26 años ha sido testigo de los desmanes del chavismo, que pese a protestas gigantescas desde el año 2014 se encerró por el miedo, la represión, el encarcelamiento y las muertes que dejó el chavismo en más de dos décadas los silenciaron.

Pero ese día algo cambió; la promesa de Donald Trump de que Nicolás Maduro tenía los días contados se materializó con su captura, tras intensos bombardeos sobre Fuerte Tiuna, la base militar más grande que tiene Caracas y donde además de las sedes del Ministerio de la Defensa y la Academia Militar venezolana vivía el líder autoritario junto con su esposa.
A los periodistas de medios independientes los despertaron sus jefes desde el exterior. La ciudad y estados aledaños habían sido atacados por fuerzas estadounidenses, en una operación que no había quedado clara del todo en las primeras de cambio.
El primero en pronunciarse fue el poderoso ministro de la Defensa, el general Vladimir Padrino López. En un video, en el que estaba en solitario, denunció la agresión estadounidense, como el peor ataque sufrido en la historia republicana de Venezuela.
La caída de Maduro narrada por Trump
Pero fue el propio Donald Trump quien sobre las 5:30 de la mañana de ese día, tras las declaraciones de Padrino, el que confirmó la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. Habló de la muerte de militares cubanos que defendían al hasta entonces líder chavista, algo que días después confirmó el propio presidente de esa isla, Miguel Díaz-Canel y que Caracas admitió, en una revelación de que los militares cubanos sí hacían vida dentro de la Fuerza Armada Nacional venezolana, una denuncia que desde los tiempos de la presidencia de Hugo Chávez se decía y los chavistas siempre desmintieron. Fue una de las caretas que se cayeron.
“Los Estados Unidos de América ha llevado con éxito un ataque a gran escala contra Venezuela, y su líder, el presidente Nicolás Maduro, junto con su esposa ha sido capturado y llevado fuera del país”, al tiempo que prometía dar una rueda de prensa a las 11:00 am de la mañana para ampliar detalles.

Aún incrédulos por esta información, los venezolanos vivían en zozobra por los ataques. Algunos comenzaron a salir a supermercados, bodegones y farmacias para intentar comprar alimentos. Esto mientras que Padrino López pedía, anteriormente en su mensaje, salir a las calles a defender la República de la agresión estadounidense.
Lo que no pasaba en Latinoamérica desde el año 1989, cuando Estados Unidos invadió Panamá y posteriormente capturó a Manuel Antonio Noriega, el cruento dictador del istmo, se repetía más de 30 años después.
Delcy Rodríguez, quien en la madrugada de ese 3 de enero aún era la vicepresidenta de Maduro confirmó la declaración de Trump: Exigía una prueba de vida y de Cilia Flores, al señalar que estaban en paradero desconocido.
El tercer pilar del chavismo, el que maneja la represión desde agosto de 2024, el que por meses amenazó a los militares estadounidenses de que si entraban al país no podrían salir y se desataría un segundo Vietnam, pero en Latinoamérica, salió a las calles. A las 6:50 de la mañana, aún con el cielo oscuro, Diosdado Cabello fingió normalidad. Mostró imágenes de la capital de aparente calma, aunque él estaba con un chaleco antibalas y un casco militar, rodeado de funcionarios leales y armados hasta los dientes.
El tutelaje para una transición que da la espaldas a la oposición
Horas después, Trump desde su residencia en Florida desnudó al chavismo, pero también a la oposición. Alabó su operación militar que no dejó bajas de su lado y calificó de impecable la extracción de Maduro. Pero lanzó una nueva bomba, más fuerte que las ocurridas en la madrugada en Caracas: Anunció que liderarían la “transición ordenada” en Venezuela con Delcy Rodríguez al frente, quien obedecería las órdenes de Washington bajo la amenaza de nuevos bombardeos si no cumplía sus exigencias. Una especie de gabinete ad hoc norteamericano para llevar a cabo esa tarea la encabezarían Marco Rubio, secretario de Estado; Pete Hegseth, secretario de Guerra y el jefe del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine.
La oposición que logró demostrar en 2024 que su abanderado Edmundo González Urrutia ganó las elecciones en buena lid el 28 de julio de ese año, quedó por fuera de la transición, aunque la líder y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, demandó en redes liderar ese proceso democrático y respetar esos resultados.
Lo que Trump oficializó en Florida se concretó en la noche del 3 de enero en Caracas: La Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia venezolano declaró la ausencia forzosa de Maduro y ordenó que Rodríguez asumiera como presidenta encargada.
Esto después de que a las 5:00 de la tarde de ese mismo sábado, Maduro descendió de un avión en Nueva York rodeado de agentes del FBI, para ser encarcelado en Nueva York, donde en una corte federal enfrentará tres cargos graves por tráfico de drogas, narcoterrorismo y tráfico de armas. El otrora líder fuerte de Venezuela, que bailaba en medio de la cruenta represión y la crisis económica, fue primero mostrado en chándal, con los ojos vendados y audífonos, tal cual un prisionero de guerra como él mismo se definió el lunes 4 de enero cuando lo presentaron ante un juez de Manhattan.

Un decreto de conmoción exterior con la firma del capturado Nicolás Maduro circuló el 5 de enero. Un estado de excepción que había anunciado desde septiembre el chavismo, previendo que iban a atacarlos. La novedad nada nueva, por cómo ha actuado desde su llegada al poder y ya defenestrado, es la orden de capturar a las personas que celebraran la operación estadounidense y la captura de su depuesto jefe. De momento, las organizaciones no gubernamentales hablan de seis personas detenidas en varias regiones de Venezuela por esta región, al tiempo que hay instaladas alcabalas en la que policías, militares e incluso civiles armados revisan a las personas para constatar esta directriz. Es decir; la represión sigue.
La retórica chavista ha bajado el tono, forzada por las circunstancias. Disfrazan las órdenes que Trump viene dando desde entonces. Una de ellas la de que la Casa Blanca venderá entre 30 a 50 millones de barriles de petróleo venezolanos represados en la nación con las reservas más grandes de crudo del mundo. En Caracas, hablaron de que era una negociación soberana de su estatal petrolera, Pdvsa, con los mismos acuerdos de venta de crudo a Chevron. Pero la realidad es que entregarán los recursos minerales para que los administren los estadounidenses, una paradoja cuando siempre denunciaron que sería la oposición quien entregaría el petróleo “al imperio”.
El plan estadounidense para Venezuela
El secretario de Estado Marco Rubio esbozó un plan en tres fases para el país: una primera de estabilización económica, que irá seguida por otra de supuesta reconciliación nacional y liberación de casi un millar de presos políticos. La última contemplaría la normalización de la vida del país que desembocará en una celebración de elecciones. De momento, no hay fechas ni plazos para cada una de estas etapas.
Rodríguez ha cedido en todas las demandas. Su hermano, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, anunció el jueves la liberación de “un número importante” de venezolanos y extranjeros presos en las cárceles del país por razones políticas, aunque las ONG de derechos humanos al mediodía del viernes 9 de enero solo han confirmado 9: cinco de españoles y cuatro de dirigentes políticos, dos de ellos de alto perfil como Enrique Márquez y Biagio Pileiri, así como una dirigente vecinal caraqueña.
Aunque el legislador habló de que se hizo como “gesto de paz” y la mediación del expresidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero; el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva y las autoridades de Qatar, Trump dio la orden de cerrar la cárcel de El Helicoide, conocido como el centro de tortura más grande del país, aunque no es la que más tiene presos políticos.

Diplomáticos en el terreno
Este viernes, por primera vez desde la captura de Maduro, una delegación diplomática estadounidense aterrizó en Caracas para coordinar cómo se retomarán las relaciones entre los dos gobiernos, rotas por Maduro desde febrero de 2019 y con ello reiterar el tutelaje estadounidense sobre el chavismo desde el propio terreno, un avance más político tras la intervención militar hace ya una semana.
Bien lo dijo en un artículo de opinión la historiadora y académica venezolana en el exilio Margarita López Maya: EE UU parece apoyar la continuidad del chavismo-madurismo, bajo la batuta de Trump, suponiendo que para estabilizar al país se necesita de los mismos actores que han saqueado y degradado a la sociedad. Pareciera creer que el chavismo-madurismo se puede ir controlando.
Dijo que la oposición de Machado y González Urrutia enfrenta nuevos retos en este escenario, en el que mientras la política estadounidense privilegia al chavismo para expoliar los recursos petroleros, debe buscar cómo exigirle protagonismo, el mismo alcanzado en julio de 2024, que ya con la represión brutal que desató Maduro desarticuló a las fuerzas democráticas, ahora en el exilio, incluso con sus dos líderes fuera de territorio venezolano.
EEUU también se mueve sobre arenas movedizas. Mantener al chavismo en el poder por tiempo indefinido lo dejaría mal parado ante la comunidad internacional que demanda una salida democrática y el respeto a los líderes que lograron hace más de un año derrotar por la vía democrática al chavismo, pese a que en su deriva más autoritaria decidieron desconocer la voluntad de la población venezolana.
Dentro de Venezuela la sensación es de incertidumbre, una pretendida normalidad impuesta por Rodríguez, Padrino López y Cabello se ve en las calles con centros comerciales abiertos, estaciones de gasolina despachando combustible con tranquilidad y sin manifestaciones en contra de la captura de Maduro. Por ahora, las movilizaciones que se ven las promueve el chavismo para reclamar la liberación del que aún consideran su presidente, que ahora duerme en una celda en una cárcel considerada que tiene “condiciones inhumanas”.

Mientras ello ocurre, la economía sigue sin atisbos de control. El precio del dólar se ha disparado, tanto en el mercado oficial que controlan las autoridades y el paralelo que en una semana se cotiza por encima de los 900 bolívares. Un escenario, que según el economista Asdrúbal Oliveros se prolongará hasta que no haya un estabilización del mercado petrolero, hoy bajo el embargo estadounidense.
Por eso, los cambios actuales ahora son de nombre; de enroque de un depuesto por su segunda al mando que mantiene a los principales represores en el poder; con un hermano que continúa al frente del Poder Legislativo, aunque ahora plegados al gobierno al que tanto criticaron desde el aquel “huele a azufre” de Hugo Chávez en la Asamblea General de la ONU contra George Bush, pero que con Delcy el olor es más viscoso y aceitoso, porque el petróleo sigue siendo la principal atracción para el líder republicano y menos la de una transición democrática en las primeras de cambio.


