Marta llegó al Prix Diálogo 2026 con la mezcla perfecta de nervios y entusiasmo. Acompañar a la embajadora de Francia en España, Kareen Rispal, no es algo que ocurra todos los días, y menos a los 16 años. El Palacio de Arenzana, sede residencial de la Embajada, se convirtió en su punto de partida para descubrir un mundo que hasta entonces solo había visto desde lejos: reuniones oficiales, encuentros institucionales y conversaciones que moldean la relación entre dos países.
Su participación forma parte de “Ambassador for a Day”, un programa internacional que permite jóvenes de entre 14 y 18 años vivir de cerca el trabajo diplomático, un entorno donde sólo uno de cada cuatro diplomáticos en el mundo es mujer.
La brecha de género en la diplomacia y la mirada femenina hacia la paz
Aunque la presencia femenina ha crecido, la desigualdad en la diplomacia sigue siendo evidente. Según el informe Women in Diplomacy 2025, publicado por ONU Mujeres y la Unión Interparlamentaria, solo entre el 20% y el 25% de los diplomáticos en el mundo son mujeres.

La propia embajadora Kareen Rispal lo confirma desde su experiencia: “Cuando empecé, había muy pocas mujeres directoras o embajadoras. Hoy somos un 36% de mujeres embajadoras, pero aún queda camino”.
Esa falta de mujeres también se refleja en uno de los pilares del trabajo diplomático, el buscar la Paz. Como explica Rispal, su vocación nació del deseo de contribuir a la paz, una tarea que considera central en la labor de cualquier representante internacional y que, en su caso, fue la razón que la llevó a entrar en este mundo.

Esa respuesta abre una reflexión más amplia sobre cómo la presencia femenina transforma la manera de entender los conflictos y sus soluciones. La embajadora lo expresa con naturalidad: “Las mujeres pensamos de una manera más amplia. Cuando hay mujeres en un proceso de paz, la paz suele durar más tiempo”, siendo la participación femenina en las negociaciones un 20% de probabilidad de que un acuerdo de paz sobreviva al menos dos años y un 35% de que dure quince años o más.
Y no se trata solo de aumentar la representación, sino de aportar una forma distinta de abordar los conflictos: más orientada al diálogo, la inclusión y la estabilidad a largo plazo. Una mirada que, según Marta, sigue siendo imprescindible. Para ella, una de las razones que la motivaría a ser embajadora sería precisamente aportar “más representación femenina”.
Los nervios por ser embajadora durante un día
Después de llegar la tarde anterior a Madrid desde Albacete, Marta recuerda que casi no pudo dormir de los nervios. Aun así, a las nueve y media ya estaba en marcha: “Primero llegué a la Embajada para conocer a la embajadora, luego tuve la oportunidad de conversar con una diputada del Congreso… y ahora aquí”, resume. Así describe el arranque de una jornada que, para ella, fue tan intensa como
reveladora.

Su mirada hacia la diplomacia nace de una mezcla de curiosidad y fascinación por entender un mundo que, hasta ahora, solo había visto desde fuera. Lo que comenzó como una oportunidad excepcional pronto se convirtió en una experiencia transformadora. “Me parecía una oportunidad única para conocer un mundo que de otra forma no podría ver. Me interesan las relaciones internacionales, los idiomas, viajar… y quería vivirlo en primera persona”, explica.
La vocación en la diplomacia
Lo que más le sorprendió no fue el protocolo, ni los discursos, ni la solemnidad de los salones
diplomáticos, sino la humanidad que encontró detrás de cada despacho. “Pensaba que todo sería muy serio y rígido, pero me he dado cuenta de que hay mucha vocación. La gente que he conocido realmente ama su trabajo”, cuenta con una mezcla de sorpresa y admiración.

Esa vocación es precisamente lo que define la trayectoria de Kareen Rispal. Su visión del servicio exterior combina pasión y compromiso: el deseo de conocer a la gente, viajar y contribuir a la paz. Pero también reconoce los desafíos que rara vez se mencionan. “Creo que lo más difícil es de verdad tener una vida profesional y una vida privada”, admite. Cambiar de país cada pocos años, gestionar crisis constantes y sostener una vida personal que no siempre encaja con el ritmo diplomático, son parte de un equilibrio que exige mucho.
A lo largo de la jornada, Marta asistió a reuniones y observó que la diplomacia es, en palabras de Rispal, “tender puentes entre países”. Durante su intervención en el Prix Diálogo, la embajadora aprovechó para agradecer públicamente la presencia de Marta y subrayar la importancia de que las jóvenes puedan verse en estos espacios. “Este mundo también les pertenece”, concluyó.
