María Hernández: “En la Abogacía las mujeres sufren menos edadismo”

Especialista en 'Compliance' y sanciones en Eversheds, ha decidido dejar paso al nuevo talento y hacerse 'Of Counsel': "Hay que permitir el relevo generacional, pero manteniendo figuras de mentoría y especialización sénior"

María Hernandez, Eversheds Shutherland
María Hernández, 'Counsel' en Eversheds Shutherland.
IGC

María Hernández era hasta hace unos meses socia directora de la Práctica de Compliance & ESG en Eversheds Sutherland Spain, donde trata asuntos de sanciones y comercio, y directora del Comité de Compliance de las Oficinas de la Alianza LatAm de Eversheds Sutherland International. Ha decidido dejar paso al nuevo talento y se ha situado como Of Counsel para seguir contribuyendo al despacho y a la vez poder dedicar más tiempo a sus otras grandes pasiones, la enseñanza y la defensa de los Derechos Humanos en el Compliance. Hernández también está comprometida con el liderazgo femenino y alaba la labor de ‘Women in the Legal World’ (WLW).

Fue elegida miembro del Grupo de Trabajo sobre Integridad y Cumplimiento del B20 durante dos años consecutivos, siendo sólo 100 los profesionales de todo el mundo elegidos para estos grupos de trabajo. El B20 es el diálogo oficial del G20 con la comunidad empresarial.

Antes de incorporarse a Eversheds, ocupó altos cargos internos a nivel internacional tanto en el área de Compliance como en el área jurídica. Fue la primera persona no estadounidense en ser nombrada Global Ombudsman en Tyco International (empresa cotizada en bolsa), reportando al Comité de Auditoría del Consejo de Administración en EEUU con responsabilidad, primero en Sur de Europa, Europa y Oriente Medio y luego mundial, en materia de Compliance. También ha sido (in-house) European Chief Compliance Officer y General Counsel para multinacionales estadounidenses y canadienses.

Pregunta. ¿Qué destacaría de su trayectoria?

Respuesta. Durante 20 años trabajé dentro de empresa, dirigiendo áreas de asesoría jurídica y Compliance. En ese tiempo viví en distintos países y, por lo general, gestionaba la región del sur de Europa y Europa, salvo en una etapa en la que tuve una posición global en Estados Unidos.

Cuando regresé a España decidí que quería hacer algo diferente. Hablé con quienes habían sido nuestros asesores de confianza cuando yo estaba en la empresa y les comenté: “Voy a salir de la compañía y montar algo por mi cuenta. Si necesitáis apoyo en Compliance, contad conmigo”. De hecho, ellos mismos me propusieron incorporarme con ellos. Y así empezó esta etapa hace ya 11 años; en noviembre cumpliré 11 años en el despacho.

Además, estoy muy involucrada en la docencia, especialmente en universidades. Es una faceta que disfruto muchísimo porque me aporta mucho a nivel personal y profesional, y también me permite mantener un contacto constante con la gente joven, algo que considero muy importante por varios motivos.

P. ¿Cómo ve el mercado laboral jurídico para los jóvenes?

R. Uno de ellos es que creo sinceramente que el mercado laboral jurídico va a cambiar muchísimo; de hecho, ya está cambiando. Considero que las nuevas generaciones van a necesitar habilidades que no siempre se están enseñando en las universidades. Yo aprendo mucho de ellos y, al mismo tiempo, observo cómo está evolucionando la profesión.

Quizá esa transformación ya no me llega de la misma manera porque actualmente no estoy tan vinculada al despacho desde la gestión diaria, sino más bien como especialista en cuestiones muy concretas. Aun así, percibo claramente que hace falta un cambio de mentalidad en la profesión. Ese cambio ya se está produciendo tanto en algunos despachos como en universidades con las que colaboro, especialmente el IE, que tiene un enfoque muy innovador. Sin embargo, creo que todavía necesitamos desarrollar otro tipo de capacidades, quizá más humanísticas.

Me refiero a habilidades como el criterio, la adaptabilidad, la capacidad de pensar de manera diferente, de salir de los esquemas tradicionales y aportar creatividad incluso en la forma de abordar los asuntos legales.

Todo esto conecta también con una experiencia muy importante de mi trayectoria profesional: hace años trabajé en Derechos Humanos, concretamente en la Comisión Española de Ayuda al Refugiado. Y, en realidad, ese sigue siendo el ámbito al que más interés tengo en dedicarme hoy. Especialmente me interesa explorar la intersección entre los Derechos Humanos y la Inteligencia Artificial, y analizar cómo tanto las empresas como las organizaciones pueden abordar estos retos desde una perspectiva ética y responsable.

Siempre he mantenido una vinculación muy estrecha con los Derechos Humanos a lo largo de toda mi carrera profesional. He estado muy involucrada tanto en el ámbito del asilo como en la promoción y protección de los Derechos Humanos en general.

En el grupo del B20, por ejemplo, trabajábamos alrededor de cien profesionales seleccionados a nivel internacional. Nuestra labor consistía en elaborar guías y recomendaciones que posteriormente se elevaban al G20 para su discusión en la asamblea. El objetivo era que los países miembros pudieran desarrollar políticas públicas, recomendaciones e incluso legislación basadas también en las aportaciones del sector empresarial.

Más adelante, en el despacho, desarrollé y lideré el área de Compliance. Creé el equipo hace ya once años y, aproximadamente hace cuatro o cinco, impulsé también toda la parte de ESG –Environmental, Social & Governance-, que está profundamente conectada con los Derechos Humanos. Especialmente en todo lo relacionado con las cadenas de valor y la manera en que las empresas operan con terceros países o proveedores internacionales. Ahí resulta fundamental realizar procesos de due diligence en materia de Derechos Humanos.

Toda mi trayectoria me ha ido llevando hacia el punto en el que estoy hoy: muy involucrada con asociaciones vinculadas al Compliance y los Derechos Humanos. Actualmente lidero el grupo de Derechos Humanos del Instituto de Oficiales de Cumplimiento (IOC). Lupicinio, junto con otras firmas, forma parte del consejo asesor conmigo.

Estamos preparando además la presentación oficial del lanzamiento del grupo en el Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid (ICAM), institución con la que siempre he estado muy vinculada. Fui presidenta de la sección de Compliance y también participé activamente en el grupo de consejeros.

María Hernandez, Eversheds Shuterland
María Hernández, en un momento de la entrevista.
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P. Las sanciones tienen relación con los Derechos Humanos

R. Creo que existe una relación muy clara con los Derechos Humanos. Las sanciones internacionales tienen un impacto enorme en esta materia. Basta pensar en Cuba y en décadas enteras de restricciones económicas, o en todo lo ocurrido con Rusia tras la invasión de Ucrania. Seguramente hablamos de ello el año pasado.

Creo que todos estos temas están profundamente conectados. Y ahora, además, aparece un nuevo gran desafío: la Inteligencia Artificial y los derechos digitales, que van a transformar completamente el escenario jurídico y social.

Precisamente una de las cuestiones que más me interesa es el impacto que la Inteligencia Artificial tendrá sobre las nuevas generaciones de abogados. El perfil tradicional del joven profesional que dedicaba horas y horas a tareas repetitivas y documentales está desapareciendo. Lo que se va a requerir ahora es otro tipo de valor añadido.

P. ¿No es necesario el trabajo más mecánico para aprender?

R. Personalmente, no creo que sea imprescindible pasar por todo ese trabajo mecánico para aprender la profesión. Creo más bien que las nuevas generaciones tendrán que aprender a utilizar la Inteligencia Artificial de manera eficiente para liberar tiempo y poder centrarse en lo realmente importante: el criterio jurídico, la capacidad analítica y el verdadero valor añadido de un abogado.

Eso sí, considero fundamental que entiendan cómo funciona la Inteligencia Artificial y cómo va a transformar el mundo empresarial y jurídico. Nosotros asesoramos a empresas, y ellos también tendrán que saber qué necesitan las organizaciones y cómo interactuar con estas nuevas herramientas.

Además, tengo la sensación de que la Inteligencia Artificial llegará mucho más lejos de lo que hoy imaginamos. Ni siquiera sabemos todavía cómo será realmente nuestra relación con ella dentro de unos años.

En cualquier caso, quiero ser optimista. Creo que a las nuevas generaciones les puede tocar la parte más interesante y humana del Derecho: recuperar el componente ético que está en el origen mismo de las leyes. Cuando uno lee las exposiciones de motivos de muchas normas, entiende que detrás hay siempre una reflexión social y ética. Ojalá la profesión vuelva a orientarse más hacia ese núcleo.

P. ¿Cuál es su rol como Of Counsel?

R. Sigo participando en asuntos concretos, especialmente cuando se trata de clientes muy sénior o clientes históricos que traje personalmente al despacho, muchos de ellos grandes compañías del Ibex. Mi función hoy es más estratégica: actúo como una guía dentro de determinados comités de Compliance y acompaño al equipo en cuestiones complejas.

De hecho, este es un tema que considero especialmente importante: saber dejar espacio a las nuevas generaciones. Creo sinceramente que llega un momento en el que hay que dar paso a quienes vienen detrás, especialmente en profesiones como la abogacía, donde los clientes también evolucionan y las nuevas generaciones entienden mejor determinados cambios del mercado.

Cuando construí el equipo lo hice pensando precisamente en esa continuidad. Siempre tuve claro que algún día dejaría el despacho y quería asegurarme de no dejar un vacío. La persona que hoy lidera gran parte del área lleva once años trabajando conmigo y es, de alguna manera, mi sucesor natural. Hemos trabajado mano a mano durante todo este tiempo precisamente para garantizar esa transición.

Actualmente sigo colaborando en temas especialmente sofisticados o estratégicos, cuestiones técnicas que requieren muchos años de experiencia o un conocimiento muy específico. Tengo casi treinta años de trayectoria profesional y una parte muy importante de esa experiencia la desarrollé dentro de multinacionales internacionales antes de incorporarme al despacho.

Eso me dio una perspectiva distinta, porque conozco muy bien cómo piensan y funcionan las empresas desde dentro. De hecho, tengo más experiencia en empresa que en despacho, y eso me ha permitido enseñar también a mi equipo cómo comunicarse con clientes corporativos y comprender realmente sus necesidades.

Otra de mis funciones actuales consiste precisamente en acompañar y desarrollar profesionalmente a quienes vienen detrás. Y, sinceramente, es una de las partes que más disfruto.

P. ¿Cómo ve el escenario internacional?

R. En cuanto al contexto internacional actual, lo veo con preocupación. Creo que estamos viviendo un momento muy complejo tanto desde el punto de vista económico como jurídico e institucional. Las economías ya están sufriendo las consecuencias de los conflictos internacionales y todavía no sabemos hasta dónde puede llegar esta situación.

Más allá de la dimensión política, me preocupa especialmente el deterioro del Derecho Internacional. En muchos casos se ha ignorado o vulnerado de forma evidente, y eso tiene consecuencias muy graves para la credibilidad de los organismos internacionales.

Creo que tanto Naciones Unidas como otras organizaciones necesitan recuperar legitimidad y confianza. Existe un desgaste evidente derivado de la falta de respeto al Derecho Internacional y eso obliga a realizar un trabajo profundo desde las instituciones, pero también desde la sociedad civil y los expertos en estas materias.

P. ¿Y la situación en Cuba y Venezuela?

R. Respecto a Cuba o Venezuela, creo que son contextos extremadamente complejos y con enormes implicaciones en Derechos Humanos. En el caso de Venezuela, por ejemplo, considero evidente la necesidad de cambios profundos, pero también pienso que determinadas actuaciones internacionales pueden entrar en conflicto con el propio Derecho Internacional.

En cualquier caso, las empresas -y especialmente las empresas españolas- tienen un papel muy relevante que desempeñar en estos escenarios. No solo desde el punto de vista económico, sino también desde la promoción de estándares éticos y de Derechos Humanos.

María Hernandez, Eversheds Shuterland
María Hernández.
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P. ¿Tiene alguna teoría sobre el liderazgo femenino?

R. He estado muy involucrada es el liderazgo femenino. El año pasado fui seleccionada dentro de una iniciativa impulsada por el Banco Santander que reconoce a cincuenta directivas destacadas en España. Este año, además, he participado como jurado de las siguientes candidatas.

Lo interesante de este tipo de iniciativas no es solo la visibilidad, sino también la posibilidad de generar redes de liderazgo femenino entre mujeres de sectores muy distintos: abogacía, medicina, ingeniería, investigación, empresa… Además, ofrecen programas de formación en liderazgo muy potentes.

Llevo muchos años trabajando también en organizaciones relacionadas con el liderazgo femenino y la participación de las mujeres en espacios de decisión. Formo parte, por ejemplo, del Comité de Mujeres Líderes de las Américas, impulsado por la Organización de Estados Americanos y la Fundación Ciencias de la Documentación.

Creo sinceramente que el liderazgo femenino aporta una forma distinta de entender las organizaciones y las relaciones profesionales. No mejor ni peor, sino complementaria. Pienso que la verdadera riqueza está en combinar ambas perspectivas.

Desde mi experiencia, las mujeres solemos tener una visión más transversal, más orientada a las personas y más colaborativa. Mi estilo de liderazgo, por ejemplo, siempre ha estado muy basado en la empatía, el acompañamiento y el trabajo mano a mano con el equipo.

Y precisamente ahí aparece también otro debate importante: el edadismo. Creo que la sociedad discrimina mucho más por edad de lo que a veces reconocemos, especialmente en el caso de las mujeres.

P. ¿Y en la Abogacía?

R. En la Abogacía quizá se nota menos porque muchas mujeres que alcanzan posiciones de socias o liderazgo logran mantenerse activas durante muchos años. Pero en otros sectores sí existe una pérdida evidente de visibilidad femenina a partir de cierta edad.

Mi visión personal es que deberíamos evolucionar hacia modelos más equilibrados: permitir el relevo generacional, pero manteniendo figuras de acompañamiento, mentoría y especialización sénior, como puede ser el rol de Of Counsel.

Porque las generaciones más jóvenes necesitan no solo conocimientos técnicos, sino también perspectiva vital. El mundo jurídico ha cambiado enormemente y hay ciertos aprendizajes humanos y profesionales que solo pueden transmitirse desde la experiencia.

P. ¿Le preocupa la situación del ESG en Estados Unidos?

R. Estamos viviendo un momento complejo en todo lo relacionado con ESG y sostenibilidad. En Estados Unidos se percibe claramente un cierto retroceso en estas políticas. Sin embargo, en Europa y especialmente en grandes compañías españolas sigo viendo una apuesta firme, aunque quizá más enfocada desde el concepto de sostenibilidad.

Las grandes empresas están impulsando estándares muy exigentes en materia de Derechos Humanos, Compliance y cadenas de valor. Y aunque muchas veces la legislación vaya más lenta, el propio tejido empresarial está empujando esos cambios mediante políticas internas y exigencias a proveedores.

Creo que ahí está una de las claves del futuro: entender que la sostenibilidad, los Derechos Humanos y la ética empresarial ya no son elementos accesorios, sino parte central de la estrategia y de la legitimidad de las organizaciones.

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