Opinión

Hay que verse… ¡Y Metaverse!

Metaverso Phil González
Actualizado: h
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Siempre empiezo mis conferencias hablando del factor tiempo y de cómo puede cambiar nuestra sutil percepción del éxito existencial. Piénsalo un poco, ¿No es la planificación de tu día a día una de tus principales preocupaciones hoy?

De adolescente me preocupaba ya por lo que hacía con mi vida. Evaluaba las tareas y procuraba cuantificar el “valor añadido” de cada minuto. No podía perderme un plan con amigos, por ejemplo. Si había dos quedadas un mismo sábado, mi objetivo era ir a las dos. No podía dejar pasar la oportunidad de encontrarme con el mayor número de amigos posible, disfrutar de su compañía, saber de quién se habían enamorado o quién tendría que repetir curso, llenando mi vida de sentido y de recuerdos inolvidables.

Pero un día llegaron los teléfonos móviles, nos revolucionaron la vida. ¡Nos la ‘aceleraron’ exponencialmente! Hoy nuestra actividad social no incluye uno, sino dos, tres o cuatro planes. ¡La oferta de entretenimiento es infinita!

De lo físico a lo virtual

Eso sí. La gente ya no te coge el teléfono ni por asomo. “Solo llamadas urgentes”, indica el estado de muchos amigos en las aplicaciones de mensajería. Tenemos muchos contactos, agendados pero pocos encuentros físicos y todos o casi pasan a ser efímeros y virtuales.

Tenemos, por primera vez en la historia, acceso a un ocio imaginario, relativamente barato e infinito. Está abierto las 24 horas y en todos los idiomas. Somos cerca de 3.000 millones de usuarios de WhatsApp en el mundo y enviamos, cada día, ¡unos 100.000 millones de mensajes!

La hiper conexión masiva y la comunicación digital transformaron profundamente nuestros hábitos, así como el marco de nuestras relaciones. La mensajería instantánea y las redes sociales multiplicaron vertiginosamente nuestras tareas virtuales, personales y profesionales. Vivimos hoy nuestro propio metaverso rodeados de sonrientes fotos de perfiles y de curiosos avatares.

Mensajes cortos de encuentros y desencuentros, emoticonos, memes, gifs, uniendo a casi la mitad del planeta en un único patio de colegio con sus micro-obligaciones. “¡Tengo que contestarle algo ya!”. Somos curiosamente incapaces de “dejar en visto” el mensaje de una amiga, “perdida de vista” hace años.

La nueva navaja suiza

A finales de los años noventa, un amigo se opuso totalmente a la novedad y a llevar todo el día ese cacharro llamado smartphone en el bolsillo. En señal de protesta, de libertad o de independencia, probablemente. A mí me parecía un poco viejuno por su parte y querer ir en contra de un progreso imparable. Ahora, pienso ¡Cuánta razón tenía!

El teléfono móvil se convirtió en “una navaja suiza”. Es muy difícil separarse de él, sea en plena reunión de trabajo o en la cama de matrimonio. Resulta ser nuestro más fiel compañero, nuestro confesor y el que conserva todos nuestros secretos íntimos y privadas conversaciones.

También nos traslada al instante, los estados de ánimo buenos y malos, de cada miembro de la comunidad. Constantemente conectados, estamos todos montados en una montaña rusa emocional, una sucesión de altibajos diarios que afectan, silenciosamente, a nuestras relaciones personales, familiares y laborales.

El otro día me mandaron un meme ambientado en el programa de Iker Jiménez, Cuarto Milenio. Ponía. “El extraño caso de dos amigos que dicen ‘tenemos que vernos’ y acaban quedando de verdad”. Es cierto. ¿Cuántas veces dijiste, en el último año, las tres palabras “Hay que verse” sin darle seguimiento?

Pongámonos fecha

He vivido en muchos países y puedo decirlo sin chauvinismo. Nuestra cultura es única. Valoramos el estar con la familia y con los amigos. Nos encanta quedar a tomar unos vinos en una barra ruidosa, vivir en unas calles animadas. Necesitamos abrazarnos cuando nos vemos y despedirnos con un “¡repetimos pronto¡”

Hay que volver a promover ese tiempo “de calidad” con los mejores amigos, sentarnos sin obligaciones horarias, mirarnos a los ojos, escucharnos plenamente, sin que alertas, notificaciones y falsas urgencias nos distraigan de lo realmente importante.

Llevo 25 años dedicándome a la comunicación digital y todos estos avances tecnológicos me parecen maravillosos, pero no dejan de ser unas armas de doble filo. Pueden resultar tan útiles como dañinas, según se empleen. Tenemos que aprender a usar la tecnología de forma consciente, en horarios adecuados, y en fondo y forma, adaptados. Somos la última generación que conoció el mundo “sin móviles” y tendremos que trasladar a las nuevas generaciones, esos valores y virtudes.

Repito siempre: “Hay que verse… ¡y METAverse!”

No nos equivoquemos, alejada de la definición de Mark Zuckerberg, “Meta verse” significa ¡verse mucho!, ¡Verse mucho más!

¿Cuándo quedamos? ¡pongámosle fecha!

PD: Agradezco infinitamente, al equipo de Articulo 14 por darme la oportunidad de formar parte de su proyecto. En esta columna semanal, nos aventuraremos en el fascinante mundo de las nuevas tecnologías, explorando sus impactos positivos y reflexionando también sobre su significado social.