“No son algo extraordinario ni irregular”, asegura Delcy Rodríguez, la hoy presidenta encargada, sobre la normalización de los acuerdos comerciales entre Estados Unidos y Venezuela, para asombro de venezolanos, que han visto cómo Washington extraía a Nicolás Maduro de Caracas el sábado, durante una operación militar.
En paralelo a la normalización de Rodríguez, el presidente de EE UU, Donald Trump, detalló en una extensa entrevista con el “New York Times” que Estados Unidos supervisará Venezuela durante años. “Sólo el tiempo lo dirá”, auguró Trump al responder si al menos iban a estar al frente durante un año.
Donald Trump no responde a si ha hablado con Delcy Rodríguez
Eso sí, el magnate republicano no respondió a las preguntas sobre por qué reconoció a la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, como nueva líder de Venezuela, en lugar de apoyar a María Corina Machado, la líder de la oposición cuyo partido lideró una exitosa campaña electoral contra Maduro en 2024 y recientemente ganó el Premio Nobel de la Paz. Tampoco respondió a si había hablado con Delcy Rodríguez. “Pero Marco habla con ella todo el tiempo”, aseguró, refiriéndose al secretario de Estado, Marco Rubio. “Les diré que estamos en constante comunicación con ella y con la administración”, añadió.

Pero Trump ya conocía a Rodríguez. Y recuerda perfectamente uno de los gestos que ella tuvo con él en 2017, durante su primer mandato, que hoy resulta clarividente.
Una contribución de medio millón de dólares
En enero de 2017, en uno de los momentos más tensos de la relación entre Caracas y Washington, una decisión tomada desde el corazón del poder venezolano terminó beneficiando políticamente al nuevo presidente de Estados Unidos. Trump era un recién llegado a la escena internacional y Citgo Petroleum, filial estadounidense de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), donó 500.000 dólares al comité de investidura del nuevo y sorprendente inquilino de la Casa Blanca, una contribución que sorprendió tanto por su cuantía como por su origen.
La orden partió de Delcy Rodríguez, entonces ministra de Relaciones Exteriores de Venezuela y hoy presidenta interina, según revelaciones conocidas ese mismo año. El aporte económico situó a una empresa controlada por el Estado venezolano entre los principales financiadores de la ceremonia de toma de posesión del dirigente republicano, considerado por el gobierno de Nicolás Maduro como un adversario político declarado.
Más dinero que Google
Ya entonces, Radio France Internationale (RFI) destacó el carácter insólito del gesto en un contexto de confrontación abierta entre ambos países. “Venezuela participó en los gastos de investidura del nuevo presidente de su enemigo jurado: Estados Unidos”, señaló el medio en una crónica publicada en abril de 2017, subrayando que la noticia “ha sorprendido por la mala relación entre estos dos países desde hace casi 20 años”. Pero Delcy Rodríguez tenía otros planes con Trump.

Según los documentos oficiales difundidos por la Comisión Federal Electoral (FEC) de Estados Unidos, Citgo figuró en la lista de los mayores donantes al acto celebrado el 20 de enero de 2017. La filial de PDVSA aportó la misma cantidad que gigantes corporativos estadounidenses como Microsoft, JP Morgan, Exxon y Chevron, e incluso superó las donaciones realizadas por empresas como Google o Verizon.
La donación se realizó en diciembre
La BBC también dio cuenta de la magnitud del desembolso y de su procedencia. “De los 107 millones de dólares que fueron donados por millonarios, empresas y equipos deportivos, entre otros, 500.000 dólares salieron de las arcas de Citgo Petroleum Corporation”, informó el medio británico, citando el documento oficial de 510 páginas publicado por la FEC. La donación se realizó el 22 de diciembre de 2016, casi un mes antes de la investidura.
Citgo, considerada la sexta refinería más grande de Estados Unidos, pertenece a PDVSA desde principios de los años noventa. No obstante, su estructura financiera ya entonces reflejaba las dificultades económicas del Estado venezolano. De acuerdo con la BBC, el 49,9% de la compañía se encontraba como garantía de un préstamo, mientras que el 50,1% restante había sido utilizado en una operación de canje de bonos, aunque PDVSA reiteraba que mantenía el control total de la empresa.
Malas relaciones con Maduro
El contexto político hacía aún más llamativa la operación. En ese momento, Venezuela y Estados Unidos no tenían embajadores desde 2010 y el Gobierno de Maduro denunciaba una supuesta conspiración dirigida desde Washington para derrocarlo. Quizá no estaba tan desencaminado. El mismo día en que se conocieron las revelaciones de la FEC, el entonces secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, expresó su “preocupación” por la situación venezolana y afirmó que “el Gobierno de Maduro está violando su propia Constitución”, según recogió RFI. Entonces, la Casa Blanca sí exigía la liberación de dirigentes opositores encarcelados y la convocatoria de elecciones.

Ni Citgo ni PDVSA ofrecieron en ese momento una explicación pública sobre los motivos de la donación. La BBC señaló que su redacción se puso en contacto con la unidad de comunicación de la empresa, pero que el responsable del área indicó que no existía un pronunciamiento oficial.
Las contradicciones de Delcy Rodríguez
El comité de investidura de Trump recaudó un total de 106,7 millones de dólares, una cifra récord que duplicó los fondos obtenidos para la primera investidura de Barack Obama en 2009. La mayor donación individual fue la del ya fallecido multimillonario Sheldon Adelson, con cinco millones de dólares, lo que le otorgó acceso privilegiado a los actos oficiales. En la campaña, su viuda Miriam Adelson, donó 100 millones de dólares a la campaña de Trump a la reelección.
La donación ordenada por Delcy Rodríguez ya dejó expuesta las contradicciones de la entonces ministra de Exteriores venezolana, que mientras denunciaba al “imperio” estadounidense, autorizaba por detrás el uso de recursos públicos para financiar la llegada al poder de uno de los presidentes más escorados a la derecha de la historia de EE UU. Un gesto fraguado en 2016 que diez años después resulta premonitorio.


