Opinión

Los cínicos, la política, y elecciones a la vista

MADRID, 06/10/2026.- El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tras comparecer en rueda de prensa a término de la reunión del Consejo de Ministros, este martes en el Palacio de la Moncloa. EFE/ Javier Lizon
Pedro Sánchez, tras comparecer en rueda de prensa a término de la reunión del Consejo de Ministros, este martes en el Palacio de la Moncloa.
EFE/ Javier Lizon
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Hace más de dos mil años, durante la segunda mitad del siglo IV a. C., se creó en Grecia una corriente filosófica que entonces fue denominada escuela cínica o de los cínicos. El nombre provenía del kyon, perro en griego, y los que a ella se adherían se autodenominaban así por su modo de vida frugal, a menudo parecida a la de un perro callejero. Antístenes (discípulo de Sócrates) fue su fundador, aunque el filósofo más conocido de todos ellos fue Diógenes de Sinope.

Los cínicos proponían una vida simple y austera, acorde a la naturaleza. Despreciaban las riquezas y no se preocupaban por nada material. Para los cínicos el hombre más feliz y libre era el que tenía menos necesidades. El propio Diógenes de Sinope vivía como un vagabundo, y cuenta la leyenda que hasta Alejandro Magno quiso conocerlo y demostrarle su admiración. «Pídeme lo que tú quieras, puedo darte cualquier cosa que desees», le dijo el conquistador, ante lo que Diógenes respondió: “Mi petición es que apartes y dejes de hacerme sombra para que pueda darme de nuevo el sol”.

Leyenda o encuentro verdadero de Alejandro Magno con Diógenes, lo que sí es cierto es que esta corriente filosófica existió, aunque pasados casi dos mil quinientos años, la palabra cinismo tenga un significado muy, pero que muy diferente de lo que entonces significaba. Y es que hoy la palabra cínico, tal y como se define en la Real Academia de la Lengua Española, es una persona que actúa con falsedad o desvergüenza descarada.

Contemporáneo de Diógenes fue Aristóteles, el bien conocido filósofo de Estagira (tutor y maestro de Alejandro Magno) que nunca fue considerado ciudadano de pleno derecho en Atenas (era considerado un meteco, es decir, un extranjero en la ciudad), y en cuya obra, Política, trató de analizar el origen de la sociedad y las formas de gobierno que se supone tienen como objetivo el bien común de todos los que la componen, y es que, según Aristóteles, el hombre es por naturaleza un animal político, entendiendo esto en el sentido que le daba el filósofo: el hombre es un sujeto que sólo puede alcanzar la plenitud y la felicidad en sociedad, en la polis, es decir, en la ciudad.

Hoy son muchos los que piensan que muchos políticos, que muchos de los que se dedican a la política, son en realidad unos cínicos, que nos mienten con total descaro, y que el bien común, el bien de todos, es la última de sus prioridades, que lo suyo no es mejorar la vida de las personas por mucho que nos cuenten lo contrario, y a muchos hechos me remito.

Se han convocado elecciones generales, y la gente ha estado acampada y saliendo a las calles para protestar. Mucha gente está muy cansada porque piensa que a quienes gobiernan se les ha olvidado cuál es su trabajo.

Se oye a muchas personas decir que es emocionante ver cómo la calle se ha vuelto a movilizar y no ha perdido las ganas de luchar por lo que por derecho le corresponde, a mí me parece muy triste que las personas se tengan que tirar a la calle a reivindicar lo que debería ser básico, que muchos políticos se hayan convertidos en unos cínicos profesionales que no tienen nada que ver con los cínicos de la Antigua Grecia, que la Política no sea la que procura el bien común, o no lo haga siempre, que es lo que debería ocurrir.

Se han convocado elecciones generales, y nos esperan casi dos meses, un día tras otro, de campaña electoral (aunque la oficial no comience hasta casi mediados de noviembre), de polarización en aumento, de discursos que repetirán de nuevo lo que tantas veces hemos escuchado.

Las personas solo quieren poder vivir su vida, que no llegue alguien y se la complique, y creo que somos muchos los que pensamos que son ya demasiados los políticos que lo único que hacen es complicarnos la vida y no resolver nuestros problemas, y lo peor de todo es que les da igual.

Al igual que el significado de cínico ha cambiado desde la Grecia de Aristóteles, puede que lo haya hecho también el de la palabra política, y en vez de ser el gobierno de la polis, se haya convertido para muchos políticos en lo que explicó Groucho Marx: el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.

Sí llegados a este punto deduces que soy marxista, no lo negaré, lo reconozco, siempre lo he sido, marxista, pero marxista de los hermanos Marx y en particular de Groucho. Siempre nos quedará el humor, y opino lo mismo que decía Groucho, no reírse de nada es de tontos, y reírse de todo, de estúpidos. Y de cara a esta campaña electoral, cuando escuchando a algún político pienses que es un idiota, no olvides las sabias palabras de Groucho: puede parecer un idiota y actuar como un idiota, pero no se deje usted engañar, es realmente un idiota.

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