La política internacional de Donald Trump no puede entenderse solo como un conjunto de decisiones estratégicas. Es, sobre todo, la proyección exterior de una forma de concebir el poder: vertical, personalista y basada en la imposición. El mundo, bajo su mirada, no es una red de relaciones interdependientes, sino una jerarquía donde unos mandan y otros obedecen. Esta lógica no se limita a la diplomacia: atraviesa su discurso, su estilo de liderazgo y su trato hacia colectivos enteros, incluidas las mujeres.
En el plano internacional, Trump ha roto deliberadamente con el multilateralismo. Desprecia organismos como Naciones Unidas, cuestiona la OTAN, se retira de acuerdos globales como el Acuerdo de París y convierte la diplomacia en una sucesión de amenazas comerciales, sanciones unilaterales y gestos de fuerza. A los aliados históricos los trata como subordinados poco agradecidos; y a los adversarios autoritarios, como interlocutores respetables si demuestran fuerza. El mensaje es claro: la cooperación es debilidad, el compromiso es ingenuidad y el respeto a normas comunes es un obstáculo para el poder real.
No solo es ideología, es control
Ese mismo esquema ya lo vimos en su política y trato hacia las mujeres. Durante su presidencia, Trump ha impulsado medidas que restringen los derechos reproductivos, apoyando leyes estatales antiaborto y nombrando jueces con una agenda claramente conservadora. A nivel internacional, reinstauró la Global Gag Rule, retirando fondos a organizaciones que ofrecían información o cobertura para el aborto, incluso en países donde era legal. El resultado ha sido una reducción directa del acceso a atención sanitaria básica para millones de mujeres, especialmente en contextos de pobreza.
No se trata solo de ideología, sino de control. El cuerpo de las mujeres, como los territorios o los mercados, aparece en esta visión como algo que debe ser regulado desde arriba, por él. De forma paralela, su administración debilita protecciones laborales contra la discriminación y el acoso, enviando la señal de que la igualdad de género no es una prioridad política. En el discurso público, Trump normaliza expresiones sexistas y despectivas, reforzando una cultura donde la humillación es divertida y el único liderazgo es la agresividad.
Este patrón se vuelve aún más evidente cuando se observan sus problemas con la justicia vinculados a mujeres. Trump ha sido acusado por numerosas mujeres de acoso y agresión sexual a lo largo de décadas. Durante mucho tiempo, estas denuncias fueron minimizadas o descalificadas como ataques políticos. Sin embargo, el caso civil en el que un jurado lo declaró responsable de abuso sexual y difamación contra la escritora E. Jean Carroll supuso un hito: por primera vez, un tribunal dio credibilidad al testimonio de una mujer frente al relato del presidente. Pero ni siquiera la justicia le puede frenar los pies.
El idioma Trump
Para disuadir a Donald Trump de cualquier tentación anexionista y de una huida hacia adelante en nombre de la hegemonía, conviene hablarle en el único idioma que reconoce sin traducción: el del beneficio visible, el reconocimiento personal y la victoria simbólica sin coste militar.
Los prospeccionistas de poder internacional coinciden en una advertencia incómoda: nunca antes una hegemonía ha perdido su posición sin guerra, y precisamente por eso la inteligencia estratégica consiste en evitar el atajo que conduce a ella. La vía más realista pasa por ofrecerle una alternativa de dominación no territorial: acuerdos de seguridad reforzados, acceso preferente a recursos estratégicos mediante contratos comerciales, presencia militar pactada y titularidad política del éxito sin necesidad de banderas nuevas en el mapa.
No se trata de apelar a principios abstractos, sino de demostrar que la hegemonía del siglo XXI se conserva controlando flujos, mercados y alianzas, no acumulando territorios que convierten el poder en una carga. Si la administración Trump quiere resultados, esta es la única salida que preserva su imagen de fuerza y evita que la historia repita su lección más cara.



