Opinión

Von der Leyen: el primer paso es asumirlo

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Ursula von der Leyen ha armado la marimorena por soltar las verdades de un barquero que acaba de descubrir –más vale tarde– que su transatlántico está a dos petardazos de convertirse en el RMS Lusitania. “Europa ya no puede ser la guardiana del viejo orden mundial”, afirmó la presidenta de la Comisión Europea el lunes, durante la conferencia anual de embajadores de la UE, en Bruselas. A la manera de Perogrullo, continuó señalando que “Europa siempre defendió un sistema internacional basado en reglas, pero ya no puede confiar únicamente en ese marco para proteger sus intereses” y que debe construir su “propio camino”.

Socialdemócratas, liberales, izquierdistas cuquis y los peperos de Manfred Weber acusan a la política alemana nacida en Bélgica de venderse a Trump y al sionismo. La vicepresidenta de la Comisión, Teresa Ribera, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, la censuran recurriendo a la palabrería hueca –“soluciones multilaterales”, “derecho internacional”–, como si Von der Leyen se hubiera disfrazado de Rambo y hubiera llamado a las armas. A este ritmo, me pregunto cuánto tardará el yerno de Sabiniano en compararla con el Trío de las Azores.

La realidad, que no hace prisioneros, ha pinchado la burbuja disneylándica de una Europa que, presuntuosa y moralista, enmarañada e ineficaz, arrastra los pies como una marquesa dipsomaníaca al borde del desahucio. Aquel potaje de griegos, romanos y cristianos que, durante siglos, descubrió, pilotó y condicionó el globo, es, desde hace lustros, por no decir décadas, un ente despersonalizado, lobotomizado, acomplejado. Y, mientras el resto de la tropa se armaba hasta los dientes y se pasaba el medio ambiente por el forro del kimono o del sari, la clase política supranacional, previo pago de cuantiosos sueldos, nos cebó como a gansos con un bidón de -ismos de pitiminí, como si los ciudadanos fuéramos parvularios y el mundo una habitación con las paredes acolchadas.

Luego, ya digo, llega la realidad, y el parque de atracciones se va a tomar por saco.

Dudo que Von der Leyen sea la reencarnación de Churchill o de De Gaulle: la presidenta de la Comisión Europea ni pinchó ni cortó cuando Venezuela y Groenlandia. Tampoco descarto que, tras este reciente viraje, se halle el canciller Merz, quien pretende que Alemania recupere la posición que tenía en la UE cuando Merkelaún resuena el palito a Sánchez ante Trump: “No es el momento de dar lecciones a socios y aliados”–. Me fío de ella tanto como de Gordon Gekko. Sea como fuere, creo que la jefa del Ejecutivo europeo pronunció este lunes unas declaraciones acertadísimas. El primer paso es reconocerlo. Y, por supuesto, la guerra apesta, Irán es un avispero con ínfulas de tinaja de Pandora, el mundo se sumerge en una ciénaga de incertidumbre, etcétera, pero, como bien apuntó Von der Leyen, “no se debe llorar por el régimen iraní, que ha infligido muerte e impuesto represión a su propio pueblo. Y que ha causado devastación y desestabilización en toda la región a través de sus aliados armados con misiles y drones”. Amén.

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