¿Y ahora qué? Tras el asalto de Estados Unidos a Venezuela cuestionado por todos los países de la Unión Europea la gran pregunta que todos nos hacemos es qué va a pasar a partir de ahora. La pregunta no solo abarca el futuro de Venezuela que —evidentemente y vaya por delante— está mejor sin Nicolás Maduro. Y hago este pequeño paréntesis porque en este “bendito” país donde todo está tan polarizado no puedes criticar a Donald Trump por destrozar la legalidad internacional de forma unilateral abriendo un precedente grave que puede afectar a la Unión Europea porque entonces eres acusado de apoyar al dictador Nicolás Maduro.
Hecha la aclaración, la pregunta que sobrevuela la escena internacional pasa por el futuro de los venezolanos y el equilibrio geopolítico que quiere imponer Trump, que nos ha metido de lleno no en un nuevo orden mundial sino más bien en un desorden mundial. Trump ni siquiera se ha molestado en disimular para qué quiere Venezuela. Un día después de los ataques contra Caracas en esa rueda de prensa que dio desde su residencia estival fue categórico al responder para qué querían el poder en Venezuela: para controlar el petróleo. Cuatro días después Venezuela ha anunciado que negocia con EEUU la venta de petróleo.
La agenda de la Casa Blanca
Lo deseable sería democracia primero y petróleo después. Pero ahora mismo me temo que no hay condiciones para considerar que hay una transición democrática en marcha. A tenor de lo que está diciendo el propio Trump y altos funcionarios como el secretario de Estado, Marco Rubio, al menos en el corto y mediano plazo es un continuismo sin Maduro. Una continuidad condicionada a que el régimen ahora liderado por Delcy Rodríguez, acepte e implemente una serie de condiciones impuestas por Washington, enfocadas en el negocio petrolero y la posible reconstrucción de la infraestructura en Venezuela.
De momento para empezar, la urgente liberación de los presos políticos y el cese inmediato de la represión han quedado fuera de la agenda de Trump. Por otro lado el chavismo, que sigue contando con el apoyo de las fuerzas armadas venezolanas, podría desencadenar una serie de disputas internas sobre cómo seguir adelante y que esto desemboque en que algunos grupos empiecen a tratar de negociar las condiciones de su salida del poder, para evitar el mismo destino que Maduro. Los presos políticos, todos los derechos a los que se ha privado a los ciudadanos durante la dictadura de Maduro, el régimen chavista que todavía mantiene elementos de control sobre el país. Nada de esto va a estar en la agenda más inmediata de la Casa Blanca.

Quién va a ser el siguiente
Otro de los elementos centrales que va a pesar contra la posibilidad de que Venezuela pueda empezar a caminar hacia una transición democrática es la débil coordinación entre el liderazgo opositor elegido en 2023 y 2024 con las demás fuerzas políticas y la sociedad civil venezolana. El año pasado, es decir ayer, ese liderazgo apostó por una solución de manos del gobierno de EEUU. Ahora ese mismo gobierno, en una maniobra encajada en lo que conocemos como realpolitik, apuesta por una supuesta estabilidad del régimen chavista. El escenario más deseable que se plantea abre la posibilidad a que EEUU imponga la realización de unas elecciones con garantías. Pero esto requiere para que salga bien que la oposición venezonala no solo siga las directrices de Trump, sino que se tiene que movilizar para ser los verdaderos protagonistas de un gran cambio político.
Lo peor o más inquietante es que nadie sabe qué y quién va a ser el siguiente. Groenlandia, Cuba, México, Colombia. Todos están —y estamos— en la diana que hace temblar a muchas embajadas y que nos sitúa en un escenario donde todo depende de Donald Trump que está on fire. Ahora sí que se cree que puede hacer y deshacer a su antojo sin importar lo que venga después y sin medir las consecuencias.
La carta blanca de Trump
Ahora sabemos que lo puede hacer y que las amenazas que sueltan no son perlas de una noche exaltada, sino amenazas reales que pueden traer muchos sobresaltos en el tablero internacional. Lo que ha pasado en Venezuela cambia absolutamente todo y la otra pregunta que sobrevuela es qué vamos a hacer el resto. Cómo va a reaccionar la comunidad internacional es todo una incógnita y tampoco sabemos ahora mismo cómo va a reaccionar el resto de potencias como China o Rusia, que también quieren conquistar otros terrenos. El presidente de la primera potencia mundial les ha dado carta blanca para poder hacerlo y cualquier actor internacional lo va a poder hacer.
Es una crisis de dimensión internacional pero la respuesta de los dos grandes partidos ha sido en clave nacional. Y esto a pesar de que seguimos teniendo vínculos muy relevantes con Venezuela actualmente en el plano económico. Es una pena que Reyes Magos estén ya en Oriente porque la carta de los españoles debería haber ido encabezada por el deseo de que al menos los dos principales partidos de este país puedan unir sus fuerzas por un derecho internacional que peligra y que nos amenaza con fuerza. Solo nos queda pedir a los dioses que nos sean propicios.



