La imagen de José Luis Ábalos y Koldo García compartiendo celda y litera en la prisión de Soto del Real -arriba uno, abajo el otro- tiene la fuerza de una tragicomedia a la que podemos ir añadiendo los elementos que queramos, siempre con un puntito de vergüenza nacional. Ábalos puso la primera frase hace ya un tiempo: “No tengo a nadie”, dijo lacónico. “Ni detrás ni al lado”. Sus palabras, repetidas por los medios de comunicación el jueves, poco después de convertirse en el primer diputado nacional en activo que ingresa en prisión, repicaron al instante en su séquito femenino.
A partir de ahí, todas las miradas se volvieron hacia las mujeres que orbitan este escándalo de corrupción política: novias, exesposas y amantes que han contribuido a convertir el poder en un folletín judicial. La primera en acudir a su llamada fue Andrea de la Torre, su ex, si bien en su torbellino sentimental resulta complicado discernir quién es quién hoy y quién fue quién ayer. La joven malagueña de 27 años fue captada por la cadena COPE el mismo jueves cuando abandonaba Soto del Real, sin hacer declaraciones.

Quién sí las ha hecho ha sido su tercera esposa, Carolina Perles (Valencia, 1975), madre de sus dos hijos menores. Con cierto tono de piedad y al borde de las lágrimas, ha aparecido en Telecinco, la misma cadena en la que ya relató su divorcio conflictivo y la doble vida de su exmarido, para contar cómo está viviendo su ingreso en prisión: “Destrozada, sin apenas dormir y con muchísima preocupación por mis hijos”.

Estuvo casada con Ábalos desde 2008 hasta su separación en 2021. Para él era su tercer matrimonio y ya tenía tres hijos. De ser agente de la policía local, pasó a trabajar en la Fundación Internacional de Apoyo al Desarrollo Local y Social, donde desempeñó los cargos de vocal y tesorera. Aunque ha criticado la decisión judicial, reconoce que ha sido la culminación de una caída que llevaba tiempo anunciando.
Ábalos, un hombre frágil
Perles se debate ahora entre protegerse o, de algún modo, preocuparse por el padre de sus hijos. Ábalos está mal. Nos lo adelantó el psicólogo Jorge López Vallejo, en su análisis para Artículo 14. Habló de sensación de derrumbe, percepción de injusticia o traición, shock de realidad por la pérdida de privilegios y vacío de poder. “En perfiles acostumbrados a mandar, no obedecer, la prisión se vive como una desposesión simbólica radical”.
El exministro está necesitado de alguien que lo rescate, al menos en el plano emocional, y pueden ser las mismas mujeres que se han ido alzando contra él las que le ofrezcan consuelo. Responde a una dinámica psicológica muy recurrente: su imagen rota desarma el recuerdo del daño. No sería la primera vez que usa su soledad como moneda emocional reforzando con sus mujeres el papel de mártir. Nadie mejor que Perles conoce su habilidad para minimizar el dolor que puede causar en quienes le rodean. Se ha convertido en una de las voces más críticas, incluso con la condena. “No entiendo la decisión del juez”, declaró ayer en televisión.
Úriz, impenetrable
Su figura es muy diferente a la de Patricia Úriz (Pamplona, 1976), la segunda exmujer de Koldo y madre de su hija pequeña, de cinco años. De ella tenemos grabada la imagen con gafas de sol y pañuelo ocultando su rostro en abril de 2025, cuando fue citada por la comisión de investigación del Senado y se acogió a su derecho a no declarar. La senadora del PP Ana Beltrán no se anduvo con rodeos: “Se cubre la cara por vergüenza, pero para robar no se la tapó”.

Fue nombrada por Ábalos para ocupar un alto cargo en el Ministerio de Transportes, aunque no tenía experiencia previa en el sector. Tras la caída, Úriz dejó el ministerio y pasó a gestionar empresas vinculadas a la trama. Los investigadores la consideran una pieza clave en la gestión del dinero opaco y en la adquisición de bienes muebles e inmuebles con los ingresos de Koldo.
Ambas mujeres representan dos maneras de afrontar el ingreso en prisión de sus respectivos ex. Patricia, desde su hermetismo y el mismo silencio que usó en sede judicial. Solo lo rompió para denunciar el uso de metralletas delante de su hija durante el registro. A nadie se le escapa que sabe más de lo que cuenta, pero cualquier palabra podría volverse contra ella. Carolina, de carácter más impulsivo, ha optado por dar visibilidad mediática al caso con un relato en primera persona, mostrando denuncias de amenazas y entregando pruebas de los engaños, regalos y manipulaciones que implican a su ex. Describió su matrimonio como una relación tóxica y no dudó en colocarse como víctima de abusos.
El silencio sería más asfixiante
Fue en septiembre de 2025 cuando Carolina concedió sus dos primeras entrevistas en televisión, donde afirmó haber vivido con miedo, narró amenazas del entorno de Koldo y denunció un trato de intimidación, engaño y control sobre su vida. No busca venganza, sino validación de su dolor porque cree que el silencio sería más asfixiante que su exposición.

Una está en el foco de la maquinaria puesta en marcha; la otra es víctima y narra desde el margen. Son dos formas de sobrevivir al escándalo y de calcular los riesgos. Frente a la estrategia personal y legal de autoprotección de Patricia, la exposición pública de Perles. Sin embargo, tienen un punto en común, la protección de su núcleo íntimo: sus hijos, su casa, su propio equilibrio.
Además de sus tres esposas, por la vida de Ábalos han pasado un sinfín de mujeres, algunas sacadas de un catálogo desplegado por su actual compañero de celda: Andrea de la Torre, Jessica Rodríguez, Claudia Montes, Carlota, Ariadna o Anaís. Esta última, modelo, exactriz porno y eventualmente escort, ha pedido a los reporteros de Telecinco que le ayuden con los trámites para visitar Soto del Real. ¿Cuántas ex desfilarán por la prisión? ¿Es lealtad personal, visibilidad mediática o la necesidad de marcar una estrategia? Ninguna visita será banal teniendo en cuenta el contexto político. Detrás de casi todas ellas, hay enredos patrimoniales, favores y asuntos privados. Aunque no están imputadas, algunas están en el radar. Sus encuentros (si se producen) darán, en cualquier caso, munición a este melodrama nacional.



