La tensión en Ceuta no deja de crecer cincuenta días después de la avalancha del pasado 30 de julio en la que miles de inmigrantes cruzaron la frontera desde Marruecos. La ciudad vive aún atrapada en una presión constante que se ha trasladado ahora a los distintos campamentos habilitados para distribuir a los recién llegados. Lejos de aliviar la situación, esta nueva distribución ha encendido nuevos focos de conflicto.
Ayer volvió a ocurrir. La fila que conducía al campamento del muelle de Poniente, el más polémico de todos, se desbordó en cuestión de segundos. Desde primera hora, los inmigrantes que aguardaban en las playas de Benítez rompieron la formación y echaron a correr para asegurarse una plaza en las carpas. La escena, repetida ya varias veces en las últimas semanas, se convirtió de nuevo en un momento de tensión extrema, con agentes superados y una melé humana avanzando sin control hacia el Puerto. De nuevo quedó al descubierto la falta de previsión con la que se afrontó el traslado masivo.

El dispositivo nació pequeño para una crisis que llevaba días anunciándose pues quedó patente la clara inferioridad numérica entre los agentes y las miles de personas que empujaban hacia delante ante unas fuerzas de seguridad desbordadas y superadas para frenar una presión que no deja de crecer frente a los recursos desplegados.
Dispositivo insuficiente
El operativo arrancó con solo 80 guardias civiles frente a miles de inmigrantes, insuficiente para contener a la multitud que esperaba desde primera hora para asegurarse un hueco en las carpas recién instaladas. La ausencia de refuerzos fue inmediata y visible. “No había llegado para entonces la UIP“, explican fuentes del dispositivo. Ese vacío marcó el inicio del descontrol. En cuanto los inmigrantes percibieron movimiento, comenzaron a correr para no quedarse fuera. La presión numérica fue abrumadora. “Es una desproporción muy grande”, admiten.

A los guardias civiles se sumaron los refuerzos: unos 100 efectivos de las Unidades de Intervención Policial (UIP) que formaron un cinturón de contención antes del acceso al Puerto y comenzaron a canalizar a los grupos para evitar que la masa humana alcanzara sin control la explanada del Muelle.
Más de lo que se dice
Los ceutíes llevan denunciando desde hace semanas que cada vez hay más inmigrantes, pero no es una sensación, es una realidad que se ha hecho visible de golpe. “Muchos estaban escondidos en el monte y han bajado ahora a las playas para avanzar y conseguir plaza en los campamentos”, explican a Artículo 14 fuentes del Instituto Armado.

Cruz Roja reparte unas 4.000 comidas diarias en la playa y Luna Blanca alrededor de 5.000. Solo esas cifras suman 9.000 personas, a las que se añaden miles más que no figuran en ningún registro oficial. Las estimaciones policiales sitúan el total en unos 15.000 inmigrantes presentes en la ciudad autónoma. La falta de previsión, insisten los agentes, no está solo en el operativo, sino en la dimensión real de la crisis, que se ha ido inflando sin que se reforzaran los recursos.

Riesgos añadidos
El campamento del Puerto, levantado a contrarreloj, se ha convertido en el epicentro de la polémica. El SUP ha denunciado formalmente la situación de peligro que supone instalar un dispositivo de 1.000 inmigrantes en un recinto portuario rodeado de infraestructuras críticas. “Estamos hablando de riesgos incontrolados en un recinto portuario. No se puede improvisar con mil personas dentro”, alertan fuentes policiales. La denuncia apunta directamente a la improvisación con la que se ha levantado el campamento, sin una evaluación previa de riesgos laborales y operativos y, aunque intentaron frenarlo en los tribunales, finalmente el campamento siguió en marcha.

A esto se añade otros riesgos añadidos y es que, en los últimos días, los agentes han detectado inmigrantes escondidos entre camiones para intentar pasar a la península, otros disfrazados de mercantes y varios que han logrado colarse en barcos. Con el campamento situado en pleno corazón logístico de Ceuta -rodeado de tiendas de alimentación, camiones de suministro y accesos a los ferris- la probabilidad de intentos aumenta. “Es un entorno extremadamente sensible”, insisten. La decisión de ubicar allí el campamento ha encendido todas las alarmas y ha reforzado la sensación de que la planificación no está a la altura del riesgo.

Cuarenta carpas
Las 40 carpas instaladas en la explanada del muelle de Poniente, bajo control del mando único, pertenecen al Equipo START de la AECID. No son tiendas comunes sino que se trata de unos módulos hospitalarios diseñados para emergencias humanitarias. Se desplegaron por primera vez en Turquía en 2023, tras el devastador terremoto, como hospital de campaña. Después se utilizaron en Jamaica y en la asistencia por el terremoto de Venezuela. Ahora, el Gobierno las ha readaptado para convertirlas en un campamento de filiación y alojamiento temporal con capacidad para 1.000 personas. Cada carpa tiene 36 metros cuadrados, dispone de tarimas, lonas, literas, baños compartidos y luz, y puede alojar a unas 16 personas. Allí, tienen garantizado la comida y el aseo. Sobre sus literas, los inmigrantes se han encontrado con un juego de sábanas, una colcha, una manta, almohada y toallas.
En total, el campamento ocupa 16.000 metros cuadrados, aunque fuentes policiales matizan que la zona útil ronda unos 1.000.

Triajes diarios
El ritmo de trabajo dentro del campamento es lento por necesidad. La Policía Nacional cuenta con dos CATE para filiar a los inmigrantes. A diario, según aseguran fuentes policiales, se realizan unos 50-70 triajes, y ya se han filiado 2.140 inmigrantes, según los últimos datos del Ministerio de Política Territorial y del Mando Único, 2.4000 según los datos policiales. El proceso parece lento pero, explican que es “exhaustivo” porque incluye desde la reseña policial completa, toma de huellas de todos los dedos y de la palma, fotografías, registro de datos biométricos y documentos, y entrevistas de asilo que duran entre dos y tres horas por persona. “No se puede acelerar sin comprometer la seguridad ni la identificación”, explican agentes implicados en el dispositivo. “Aunque vayan más policías es inútil pues se trata de un trabajo en cadena y cada policía hace un trámite concreto”. En total hay unas 20 casetas y apuntan que apenas se realizan expedientes de expulsión “todos piden asilo” porque, recuerdan que hasta que no se resuelva el asilo no se puede proceder a la expulsión. “Salvo expulsiones judiciales -que han sido unas 15 al día- no hay administrativas”.
Entre las estimaciones de fuentes policiales quedan fuera de los campamentos unas 8.000 personas aunque en la playa del Trampolín cada vez parece haber más personas que antes.

Un día después, Ceuta sigue temblando. La ciudad intenta recuperar el pulso mientras asume que la crisis no ha hecho más que revelar su verdadera dimensión mientras miles siguen ocupando las playas.

