La imagen de las mujeres iraníes desafiando a cara descubierta la teocracia islámica abre un interrogante: ¿no debería ser motivo suficiente para invalidar la defensa del velo en Europa? Miles de mujeres están arriesgando su integridad física e incluso su vida. Ocurrió en 2022, cuando Mahsa Amini fue detenida por no llevar correctamente el hiyab. Tras ser torturada durante su arresto, entró en coma y murió días después. La brutal represión de las protestas posteriores dejó al menos 150 muertos.

Mientras miles de mujeres y niñas luchan por liberarse del estricto control que la policía moral iraní ejerce sobre sus cuerpos, midiendo hasta los mechones de pelo que quedan a la vista, una parte de la izquierda española sigue defendiendo el velo como una cuestión de derechos y de libre elección. El último gesto se produjo el jueves en el Congreso, con la negativa a aprobar una declaración institucional de apoyo al pueblo iraní promovida por el PP.
Una postura tibia
La iniciativa pretendía reconocer la valentía y la perseverancia de las mujeres iraníes, desde hace años en primera línea contra el régimen de los ayatolás. No prosperó por el rechazo de Podemos y Sumar, que presentaron enmiendas que, según los populares, vaciaban el texto de contenido. Entre otras cosas, reclamaban eliminar el respaldo explícito a la valentía de las mujeres iraníes y cualquier referencia a la imposición del velo islámico.

Desde que comenzaron las movilizaciones en Teherán, el 28 de diciembre, la formación morada y Sumar han evitado una condena transparente al régimen de los ayatolás, a pesar de que han muerto unas 2.000 personas y más de 10.000 han sido detenidas, según Amnistía Internacional.
Ni la secretaria general de Podemos, Ione Belarra, ni su fundador, Pablo Iglesias, se han pronunciado públicamente sobre la represión en Irán. Irene Montero sí, pero para cargar contra Estados Unidos. “Ahora van a por Irán”, dijo la eurodiputada acusando a Occidente de “hipocresía criminal” y de “preparar otra guerra por el petróleo. En la misma línea, el coportavoz, Pablo Fernández, achaca estas “movilizaciones legítimas” a “intereses geopolíticos claros” por parte de potencias como Estados Unidos o Israel. Igual ellos que Sumar han sido criticados al condenar con tibieza la represión y maquillar las protestas con teorías conspirativas. Tampoco han movilizado a sus bases, como hicieron contra Israel.
La cuestión del velo
¿Es una elección personal? Para Elena Ramallo, jurista experta en violencia de género y profesora universitaria, la respuesta es rotunda: “El velo no tiene otro significado que la opresión social. Es aberrante que algunas mujeres en España lo defiendan e idealicen como gesto de inclusión. No hay libertad en el velo. Choca frontalmente con los valores de igualdad y dignidad de la mujer. ¿Cómo puede considerarse una elección algo que sirve de pretexto para torturar y asesinar?”
En su opinión, el velo como símbolo político traslada a las mujeres musulmanas conflictos que no han elegido, convirtiendo sus cuerpos en un campo de batalla ideológico. “Muchas no pueden quitárselo porque pesan sobre ellas fuertes coerciones familiares y sociales. En numerosos contextos, no llevarlo tiene costes reales: violencia, exclusión, sanciones sociales”.
Quienes lo defienden sostienen que criticar el velo responde a una postura racista y rompe posibles alianzas feministas. El feminismo islámico apela a la capacidad de elección de las mujeres, pero ignora un marco religioso en el que las desigualdades en materia de sexualidad, derechos civiles y acceso al mercado laboral son evidentes. La respuesta de las mujeres iraníes, arriesgándose aún hoy a castigos que van desde la detención hasta penas mucho más graves, ha sido tan valiente como visible. Quitándose el velo en el centro de Teherán, quemándolo, manifestándose junto a los hombres.

¿Quién habla en nombre de quién?
El discurso de Podemos y Sumar puede desactivar las luchas de quienes sí sufren una opresión directa o perpetuar la situación de muchas musulmanas en entornos empobrecidos y sin acceso a la educación que no pueden participar. ¿Hablan en su nombre políticas como Irene Montero o Ione Belarra?
Francia fue el primer país europeo que prohibió el velo islámico integral, burka o niqab, en espacios públicos en 2010. Previamente había prohibido otros símbolos religiosos ostensibles, incluyendo el hiyab, en las escuelas públicas en 2004, todo en nombre de la laicidad. El resultado es una paradoja: las mujeres musulmanas quedan atrapadas entre dos autoridades. Una prohíbe llevarlo; la otra prohíbe no llevarlo y denuncia islamofobia institucional. En barrios segregados, la ausencia de velo puede tener consecuencias sociales reales.
En Irán, sin embargo, el velo no es un debate cultural. Es ley. Una herramienta de control político y moral. El Estado decide y la desobediencia se castiga, legitimando la opresión mediante un lenguaje religioso. Cuando mujeres iraníes se juegan la vida por quitárselo, ese hecho no puede ser irrelevante. Para Ramallo, lo que ocurre en Irán descalifica cualquier defensa del velo en Europa: “Es una imposición violenta en cualquier contexto político o social, nunca una decisión individual. No regula por igual a hombres y mujeres, sino que responde a una lógica de control del cuerpo femenino. Detrás de la supuesta libre elección se esconde sumisión”.

La jurista sostiene que el hiyab, el niqab o el burka no son “simples expresiones culturales”, sino símbolos que perpetúan la subordinación de las mujeres a normas contrarias a la igualdad, la dignidad y los derechos fundamentales recogidos en la Constitución Española. “No deben normalizarse en una sociedad democrática que aspire a una igualdad real entre hombres y mujeres”. En el caso de las niñas, recuerda que las menores no tienen capacidad para decidir libremente, por lo que el Estado debe intervenir para protegerlas. “La libertad religiosa puede y debe limitarse cuando entra en conflicto con derechos fundamentales como la igualdad y la dignidad”, añade.
Su postura le ha valido insultos y acusaciones de racismo o de promover discursos de odio, pero insiste en la necesidad de regular el uso del velo islámico partiendo de una premisa: su imposición se basa en la idea de que las mujeres son impuras o inferiores. “Eso vulnera el principio de igualdad y el artículo 14 de la Constitución. Cuando se impone a menores por decisión familiar, no existe elección posible. No podemos permitirlo en una sociedad democrática”.
Lo que sucede en Irán obliga, en cualquier caso, a mirar el debate europeo con mayor complejidad. Cuando el velo es ley, instrumento de castigo y símbolo de control estatal, resulta inevitable que su defensa genere fricciones y contradicciones. Escuchar a las mujeres que arriesgan su vida por quitárselo debería, al menos, formar parte de esa reflexión.



