Juanma Moreno quiso imponer “normalidad” en medio de la tragedia. Serenidad, cordura. Elevarse más allá de las siglas y ejercer de presidente, sin más. Una semana después del terrible accidente de Adamuz, Juanma Moreno contabiliza más de un centenar de mensajes de gente muy dispar, de izquierda y de derechas, dándole las gracias por haber estado en su sitio, por no haber caído en guerras políticas.
Cuentan sus más allegados que Adamuz ha sido lo más intenso y duro que ha vivido el presidente andaluz. Incluso peor que la pandemia. Él llegó al municipio cordobés en la madrugada de ese durísimo domingo. Los heridos más graves ya habían sido trasladados a los hospitales, los fallecidos seguían entre los restos de los trenes. Una imagen impactante, muy dolorosa, coinciden quienes estuvieron junto a él esas horas.
Moreno dio su primera directriz: “Llegamos los primeros y seremos los últimos en irnos”. Hasta que se identificara el último cadáver. Y así se hizo. Entre medias, momentos en términos emocionales muy complicados. Por ejemplo, a la hora de hablar con las familias de las víctimas, abatidas, enfadadas por la falta de noticias. “Había que estar y dar la cara”. En Córdoba, en Huelva.

Toda crisis tiene su vertiente política. Moreno ordenó lealtad institucional. Con Óscar Puente habló poco después de que ocurriera el accidente y fue a recibirle el lunes. Atrás quedaban rifirrafes políticos anteriores, como los insultos del ministro por la gestión de los incendios del verano pasado. “Él logra abstraerse de ese tipo de cosas”, dicen sus colaboradores. “¿Qué necesitas?”, le dijo a Puente. La colaboración entre administraciones se ha mantenido desde entonces.
Misma fotografía con Pedro Sánchez. Es “el presidente”, como ha afirmado en alguna ocasión. Lo acompañó en todo momento pese al aviso de algunos de sus colaboradores: “No es buena foto”. “Tengo que estar”, les contestó. Llegó el momento de la comparecencia pública, con todas las cadenas de televisión retransmitiendo en directo, y Sánchez le ofreció hablar antes que él, cosa que no estaba prevista. Se materializó lo que algunos llaman la paz de Adamuz.
Moreno tenía dos opciones, según su entorno. “O empezar con las reclamaciones al Gobierno o bajar el diapasón”. Sánchez estaba muy incómodo, en tensión. Y Moreno optó por lo segundo. “Con su discurso forzó esa unidad que ha seguido durante todo el luto. Apeló a la lealtad institucional”. Lo que él entiende como algo normal y que en estos tiempos políticos es tan extraordinario.

La petición al PP
Tras Sánchez, llegó Alberto Núñez Feijóo. Han hablado mucho estos días. In situ, Moreno le pidió cierto control y mesura mientras duraba el luto nacional. El líder del PP compartió el diagnóstico. De hecho, Feijóo siempre ha tenido muy presente la tragedia de Angrois, que le tocó gestionar en primera persona. Ha llegado incluso a supervisar los mensajes de sus portavoces para evitar que nadie se saltara su orden, pese a las presiones internas para que fuera más duro.
¿E Isabel Díaz Ayuso? “A Juanma le da igual, ella tiene su ritmo”, dicen en su entorno. Pero advierten de que pasarse de frenada “es un error” y le puede “deshumanizar”. “Lo que hemos vivido trasciende a lo ideológico”. Y, además, en San Telmo tienen claro que cuanta más bronca, más sube Vox. “A ellos les beneficia esa tensión”.
Hubo otra instantánea más. Con los Reyes de España. Y allí estuvo María Jesús Montero, como también antes con Sánchez. Buscando su hueco, a codazos, aseguran testigos. Moreno ha evitado los comentarios al respecto, aunque en el PP creen que la vicepresidenta tendrá muy difícil recuperarse políticamente de la imagen que dio en Adamuz. “Yo viví esos codazos, esos empujones, era imposible estar a su lado”, apunta un alto cargo autonómico.
La misa funeral del jueves
Aún quedan jornadas muy duras, complicadas de gestionar. Moncloa y San Telmo coordinaron una llamada el jueves pasado entre los presidentes para cerrar el homenaje de Estado. Laico, reclamaron en el Gobierno. Moreno tenía claro que debía ser en Huelva, de donde son la mayoría de víctimas. Hubo acuerdo y decidieron que fuera el sábado 31, pero a última hora del domingo el Ejecutivo central anunció que queda aplazado y no dio otra fecha. “Estaban muy preocupados con la reacción de las familias y la calle”, según fuentes conocedoras de la organización del acto. Sí se mantienen las misas funerales. En la capital onubense será el jueves y allí estará también Moreno.
El presidente andaluz continuará abstrayéndose del ruido político. “Toca estar en su sitio. ¡Cómo está el país para que lo que hayamos hecho sea casi revolucionario!”, concluyen en su entorno. Aunque eso, para Moreno, es lo más sencillo de gestionar en esta tragedia. “Hemos visto un dolor intangible”. “Esto te cala y te deja tocado y jodido. Es un golpe terrible”, ha contestado a quienes le han preguntado estos días.



