La doble cara de Óscar Puente en redes: del activismo al silencio estratégico

Los datos desmontan el relato digital de Óscar Puente: el ministro reduce su presencia cuando la crisis afecta a su propio departamento

Óscar Puente, durante la rueda de prensa ofrecida este miércoles en Madrid.-
EFE/ Kiko Huesca

Durante años, Óscar Puente ha convertido su cuenta en X en una herramienta política de primer orden. No como un canal ocasional, sino como un altavoz permanente. Los datos lo avalan: una media de 21 intervenciones diarias durante los últimos 15 meses. Eso equivale a una publicación cada 36 minutos, de lunes a domingo, de forma sostenida. Ese es el patrón base del ministro cuando decide hablar. Y ese patrón es el que ahora se ha roto.

Un ministro hiperactivo en redes

El informe ha dibujado con claridad la huella digital de Óscar Puente. Entre octubre de 2024 y enero de 2026, su actividad en X alcanza casi 9.600 intervenciones, con un reparto equilibrado entre tuits propios, respuestas, reposts y citas. No hay picos esporádicos. Hay constancia, insistencia y voluntad de marcar agenda. La cuenta del ministro no descansa y convierte la red social en un escenario político permanente.

Ese nivel de exposición no es neutro. Permite a Óscar Puente reaccionar con rapidez, fijar posiciones y, sobre todo, confrontar. Y es precisamente en los momentos de crisis ajenas cuando ese activismo digital se vuelve más intenso.

DANA e incendios: activismo sin responsabilidad directa

Cuando el foco mediático se situó en la DANA, Óscar Puente no redujo su presencia, sino que la reforzó. El informe contabiliza 278 intervenciones relacionadas con este episodio. No se trató solo de mensajes institucionales: hubo respuestas, reposts, citas y una clara orientación política. Los tuits con más interacciones incorporan reproches directos a la oposición y señalamientos explícitos a otras administraciones.

La doble cara de Óscar Puente en redes: del activismo al silencio estratégico

El mismo patrón se repite durante los incendios del verano de 2025. En ese contexto, Óscar Puente publicó 150 mensajes, concentrados en picos muy definidos, que generaron más de 12 millones de impresiones. De nuevo, los contenidos más virales no fueron técnicos ni informativos, sino políticos, con un tono duro y confrontacional. El ministro utilizó la tragedia como campo de batalla digital cuando la responsabilidad no recaía sobre su departamento.

El patrón que se rompe con Adamuz

La tragedia de Adamuz marca un antes y un después. No por lo que Óscar Puente dice, sino por lo que deja de decir. El dato es preciso y revelador. Desde el domingo hasta hoy, el ministro ha publicado 27 tuits, pero 14 de ellos se concentraron el domingo, antes del accidente.

Es decir, más de la mitad de su actividad se produce antes de que estalle la crisis. A partir de ahí, el silencio relativo. No desaparece por completo, pero la intensidad cae. Y lo hace justo cuando el suceso afecta de lleno al ámbito de su ministerio. En términos comunicativos, no es una casualidad. Estamos delante de una anomalía respecto a su propio historial.

La doble cara de Óscar Puente en redes: del activismo al silencio estratégico

Si la media habitual de Óscar Puente ronda las 21 intervenciones diarias, lo esperable tras una tragedia de gran impacto sería mantener o incluso aumentar la presencia, como ocurrió con la DANA o los incendios. Sin embargo, tras Adamuz sucede lo contrario. El reparto temporal de los mensajes evidencia un frenazo justo en el momento crítico.

Este cambio de comportamiento no necesita adjetivos. Habla por sí solo. La cronología demuestra que Óscar Puente pasa del activismo constante al repliegue cuando la crisis se sitúa bajo su paraguas competencial.

El silencio como estrategia política

Este giro no puede interpretarse como un simple cambio de humor o una decisión personal aislada. En comunicación política, callar también es una forma de comunicar. En el caso de Óscar Puente, el silencio relativo tras Adamuz y Gelida encaja con una estrategia clásica de contención: minimizar riesgos, evitar errores y no dejar rastro digital en un contexto potencialmente delicado.

El contraste con su comportamiento previo refuerza esa idea. No estamos ante un ministro discreto por naturaleza, sino ante uno de los perfiles más activos del Gobierno en redes sociales. Por eso, cuando Óscar Puente baja el volumen, el gesto adquiere significado político.

Los datos no acusan, pero sí describen. Y lo que describen es una doble vara de medir en la comunicación de Óscar Puente. Activismo intenso y populista en tragedias donde no asume responsabilidad directa; prudencia, repliegue y silencio estratégico cuando el foco apunta a su propio ministerio.

En política, las palabras cuentan. Pero las ausencias, a veces, cuentan todavía más. Y en el caso de Óscar Puente, la diferencia entre hablar y callar marca con nitidez la frontera entre la tragedia ajena y de la que él es responsable.

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