El caso particular de Mónica García, por algunas decisiones propias y por otras fruto de las presiones de sus aliados, ejemplifica la situación de crisis y zozobra en la que han vivido los partidos del Frente Amplio en las últimas semanas. Especialmente, desde que el 5 de octubre Pedro Sánchez convocó el adelanto electoral del 29-N. Y hasta el pasado sábado, cuando por fin presentaron oficialmente su propuesta y a su candidata, Ada Colau.
La ministra de Sanidad y principal dirigente de Más Madrid comunicó este martes su renuncia a formar parte de las listas de los partidos del viejo Sumar (Izquierda Unida, Más Madrid, los Comunes y Movimiento Sumar) al Congreso de los Diputados. “Tesh Sidi es ahora la mejor referente para ocupar el segundo puesto en la candidatura por Madrid”, aseguró en un mensaje en la red social X.
“Siempre he antepuesto el bien común al interés personal”, apostilló. Es uno de los argumentos que hace sólo 15 días utilizó para justificar su disponibilidad a encabezar esta candidatura. Una semana después, Colau (Comunes) tomó oficialmente las riendas.
Dos días después, Más Madrid se abría a ceder el testigo precisamente a Colau, a condición de que la exalcaldesa de Barcelona se integrase en las listas por Madrid. Y de que fueran ellos, líderes de la oposición en la capital, quienes coparan los cuatro puestos de salida de la candidatura al Congreso. Después modificaría sus posiciones para ceder el primer puesto a Emilio Delgado, con el que García pactó antes del verano y se garantizó que no compitiera por el liderazgo en la región.
Después, en Más Madrid se abrieron a que Irene Montero ocupara el segundo puesto en la lista, si bien Podemos no quiso sumarse a esta candidatura. Y este martes, aunque no concreta sus intenciones, García vuelve a apuntar a la Asamblea de Madrid. Entre otras cosas, porque se impuso en primarias con el 80% de los apoyos.
Hoy cuenta con el aplauso de todos los partidos del Frente Amplio por haber sabido plegar velas. Sin embargo, los movimientos de los días pasados desconcertaron a varios compañeros de filas.
No se entendió que Más Madrid reclamase cuatro puestos en la lista, en el momento en el que los Comunes exigían que Colau se integrase en la candidatura por Madrid. Menos, aún, que García dejase abierta una puerta que rompía su apuesta por Madrid, para después no cruzarla.
“Creo que ha cometido un error de bulto con esta jugada”, diagnosticó un veterano dirigente. “A saber cómo llega su marca a las autonómicas”. “Se ha cargado el partido”, afirmó otro interlocutor de estos partidos, poco después de que Más Madrid renunciase a liderar el Frente Amplio en favor de Colau.
Hubo voces en su propio partido que no entendieron estos giros. Y otras en Izquierda Unida que se decantaron claramente por Colau frente a la ministra de Sanidad. Mayoritariamente, el resto de fuerzas apostó por la exalcaldesa de Barcelona.

Una encuesta interna encargada por los partidos de Sumar mucho antes del adelanto electoral apuntaba al desgaste de varias dirigentes de izquierdas, en particular de Montero o de la secretaria general morada, Ione Belarra. Y situaba en la zona gris a García. Pensaron que, en una candidatura coral y potente, su perfil podría ser adecuado para impulsarles.
Por eso en algunos momentos de estas semanas trepidantes se contempló la opción de impulsar su figura como candidata. Se convencieron de que quien desempeñase este rol debía ser alguien involucrado en la construcción del nuevo sujeto político con los partidos, y tuvieron presente que figuras como la propia Colau ya habían rechazado antes jugar este papel.

“Una fuerza ajena a Más Madrid la presionó para dar el paso”
En este punto, dirigentes de todos los partidos del antiguo Sumar afirman que García ha demostrado “que antepone el proyecto a su persona”; que su actitud es ejemplar -“de mayor me quiero parecer a ella”-, o que demuestra “una generosidad sin límites”, especialmente “en medio del triste espectáculo que se ha lanzado”. Intentan desplazar los focos a esta decisión.
Estos interlocutores explican que García no ambicionaba ser candidata, que no “amagó” con dar este paso, como tal. “En ese momento no había candidato de consenso”, afirman, y al menos “una fuerza” distinta a Más Madrid “la presionó mucho para que diera el paso”.
“La coalición la vio como una posibilidad”, explica otro dirigente de su propio espacio. Como previamente se había hecho con Pablo Bustinduy, ministro de Derechos Sociales, que siempre sonó como potencial relevo de Yolanda Díaz, pero que no quiso contemplar esta opción.
Con la entrada en escena de “nuevos actores” -Colau-, entendieron que era mejor “preservar el consenso que disputar el liderazgo”. En una situación de emergencia, la ministra de Sanidad se mostró dispuesta a dar el paso, pero poco después empezó a dispensar lo que en sus filas denominan “actos de generosidad”. El primero, cuando ofreció el liderazgo a Colau; el segundo, cuando aceptó que su otrora rival Delgado se convirtiera en cabeza de lista. El tercero, cuando se apartó de las listas al Congreso para dejar paso a Sidi.

La joven ingeniera informática saharaui, que ha ido ganando visibilidad en los últimos meses, es uno de los activos políticos y electorales de Más Madrid. En sus filas reconocen que aún requiere de tiempo -tiene 32 años-, pero en algunos círculos más lejos de la cúpula llegó a mencionarse su nombre como posible candidatable.
García se impuso en las primarias para volver a la Asamblea de Madrid en julio; venía de capitalizar la gestión de la crisis del hantavirus, muy reconocida entre los suyos y hasta en las filas de sus socios de Gobierno, el PSOE.
Sabía que a la vuelta del verano podría tener que lidiar con una nueva huelga de médicos contra el estatuto marco; y que se incorporaba a un curso político que ya agonizaba. No hubo cálculo político, afirman los suyos, en la decisión de no abandonar el Ministerio entonces. Y tampoco la hubo cuando no rechazó postularse a liderar un espacio que llevaba meses huérfano de liderazgo. Ni cuando optó por desandar el camino.

