A mitad del puente Simón Bolívar, el principal paso fronterizo entre Colombia y Venezuela, hay dos agentes de la Guardia Nacional Bolivariana. Se les ve aburridos viendo cómo venezolanos y colombianos entran y salen con aparente normalidad. Pero cuando los periodistas internacionales se acercan por el lado colombiano, no pierden tiempo en marcar el límite con un seco movimiento de brazos. Venezuela está blindada informativamente.
Los cientos de cronistas de todas las partes del mundo quieren contar qué está pasando en el interior del país tras la caída de Nicolás Maduro: cómo está el pueblo, cómo están las tiendas, cómo está actuando el Ejército estos días. Pero, por el momento, se tienen que conformar con nutrir sus crónicas de lo que les cuentan los venezolanos que atraviesan la frontera. “Calma tensa”, reconocen. “Espero que todo haya acabado”, añade otro ciudadano.

La sensación es frustrante para los comunicadores que sienten que están viendo todo desde la barrera. Pero cualquier movimiento en falso, un paso más en ese puente de Simón Bolívar, puede acabar con su detención. De hecho, así ocurrió este lunes con dos periodistas que intentaron atravesar sin el visado de prensa, haciéndose pasar por turistas.
Del paso fronterizo a Caracas hay unas doce horas en coche. Allí es donde quiere acudir la prensa internacional. Sin embargo, se exponen a casi una cincuentena de controles en el camino entre policía y ejército venezolano. De normal en cada control “te sacan dinero”, según relatan algunos viajeros que han hecho el trayecto. Pero ahora, los controles se convierten en carreras de obstáculos para los periodistas. Cada encuentro con las autoridades venezolanas aumenta las posibilidades de acabar arrestado por ser considerado “agente terrorista”.
El visado de periodista no es fácil de conseguir. Llegas al consulado, entregas mil papeles y dedicas una jornada entera a la burocracia. Allí dan esperanzas. Aseguran que en Caracas tienen la decisión final de si se otorga el permiso. Sin embargo, todos los periodistas, incluidos otros compañeros españoles, se van con la sensación de que es una forma de mantenerlos entretenidos y que todas las gestiones realizadas caerán en saco roto.
Por eso dedican parte de sus crónicas a denunciar la situación. El metaperiodismo, como lo es esta crónica, es también una forma de relatar lo que está ocurriendo y de poner el acento en la represión que el Régimen de Maduro sin Maduro sigue imponiendo.

Control de la prensa libre
De hecho, ahora mismo en el país está vigente el decreto de Estado de Conmoción Exterior, anunciado por Delcy Rodríguez, el día que asumió las funciones como “presidenta” encargada. El documento desbloquea un régimen de excepción que otorga poderes extraordinarios al Estado, tras una agresión militar extranjera, bajo el argumento de salvaguardar la soberanía nacional.
Es por ello que ahora mismo las fuerzas de seguridad venezolanas tienen la potestad de limitar la libertad de expresión. El decreto aprobado los avala: “Los órganos de policía nacionales, estatales y municipales deberán emprender de manera inmediata la búsqueda y captura en todo el territorio nacional de toda persona involucrada en la promoción o apoyo del ataque armado de Estados Unidos de América contra el territorio de la República, a los fines de su puesta a la orden del Ministerio Público y del sistema de justicia penal, con miras a su juzgamiento, con el cumplimiento de todas las garantías procesales inherentes al debido proceso y el derecho a la defensa”, reza.

Palabras que refuerza el esquema represivo con cualquier tipo de disidencia o con la mirada internacional.
Además, el impacto social es máximo. La gente que sale del paso fronterizo cada vez tiene más miedo a aparecer en los medios extranjeros. Asimismo, los venezolanos con los que se ha puesto en contacto este medio están sumidos en una clase de histeria, pidiendo eliminar todo mensaje con tinte político para no dejar rastro ni si quiera de manera virtual su significación.


