¿Es la maternidad uno de los conceptos más idealizados en el mundo? La respuesta a esa pregunta la tendrán los filósofos y los sociólogos. Pero lo que es innegable, es que las mujeres, al convertirse en madres, han sido señaladas como cuidadoras felices por su nueva etapa en la vida.
Sin embargo, existe una realidad en muchos casos conocida como ambivalencia materna. Una situación en la que coexisten sentimientos contradictorios, en la que se ama al hijo con locura pero se odia el nuevo rol de madre incansable. Descubre más acerca de este fenómeno a continuación.
Qué es la ambivalencia materna y por qué pesa tanto el papel de madre

La ambivalencia materna no es una patología como tal. Más bien, es una respuesta emocional lógica ante un cambio radical en la vida.
En su obra Torn in Two (1994), la psicóloga y psicoanalista Roszika Parker, pionera en este estudio, definió la ambivalencia como la experiencia de sentimientos intensos de amor y odio que ocurren simultáneamente.
Parker defendió que esta dualidad es constitutiva de la maternidad. No obstante, la presión social obliga a las mujeres a reprimir sus sentimientos considerados “negativos”, como la frustración, el cansancio o la nostalgia. Esto deja a muchas mujeres con un pesar que puede llegar a ser paralizante.
Por lo tanto, la anulación de la identidad individual deja a la madre en sólo eso, en madre. Una madre puede ser entregada y cuidadora, pero también debe tener espacio para sí misma. Para que sobreviva quien es y ha sido hasta la llegada de la maternidad a su vida.
En algunos casos, la madre reúne dos conceptos en su ser: el del amor incondicional al hijo, y el odio al rol. El rechazo a la nula conciliación, a las expectativas, la falta de sueño y de descanso… Es posible adorar a los hijos y, al mismo tiempo, detestar lo relacionado con la estructura social de la crianza.
La validación, el camino a seguir

Las redes sociales también son en parte responsables de la ambivalencia materna. Es común ver a madres fit, emprendedoras y que llegan a todo. Se ha creado un imaginario donde hay unos supuestos estándares, que no siempre son reales o que no son realistas para todas las madres.
De acuerdo con numerosos expertos, aquellas mujeres con este sentimiento deben seguir una maternidad auténtica y real, lejos de idealizaciones. Pero la sociedad también debe empezar a validar espacios para la no-maternidad.
La socióloga Orna Donath defiende que las madres puedan ser mucho más que madres, sin juicios. Que puedan seguir disfrutando de sus pasatiempos favoritos, y mantener su carrera profesional. También, que las políticas de conciliación se extiendan y sean efectivas. Y que las madres puedan descansar y tener su tiempo de ocio sin culpabilidades.
En pocas palabras, que deje de ser un tabú esa parte asociada como negativa a la maternidad. Sólo si las madres disfrutan de estos espacios, y de las herramientas necesarias para conocer mejor los sentimientos que descubren al tener hijos, podrán ser realmente felices.
