China se enfrenta a una transformación demográfica sin metáforas. En 2024, más de 300 millones de sus ciudadanos superaron los 60 años y representan cerca del 22 % de su población total. Las proyecciones del Gobierno apuntan a que, dentro de diez años, ese porcentaje supere el 30 %. Una tercera parte del país se jubilará y entrará, poco a poco, en una fase de dependencia.
Ante el desequilibrio que va a suponer la caída de nacimientos y el incremento de la longevidad, Pekín ha decidido apostar por una respuesta tecnológica a gran escala. Y aunque parezca ciencia ficción o algo de marketing futurista, se trata de una estrategia industrial y social minuciosamente orquestada. Evitar que el cuidado de millones de ancianos colapse el sistema es su primer objetivo.
Ancianos acompañados por robots
A China no le salen los números y el relevo generacional ya no es sostenible ni duradero. La política del hijo único, acompañada de cambios de hábitos, ha llevado a tener menos hijos por familia y ha significado menos opciones de cuidado para los mayores en el largo plazo. El modelo social y cultural del país asiático, que se apoyaba en la consistencia de familias extensas, está agonizando. Hoy, muchas de las mujeres que tradicionalmente eran las responsables del cuidado de los ancianos, trabajan a tiempo completo en las ciudades.

China no piensa en usar robots como una nueva moda o capricho, sino como una infraestructura social necesaria para la estabilidad del conjunto. El Ministerio de Industria y Tecnología publicó ya en 2023 un plan específico para acelerar el desarrollo de humanoides de servicio con horizonte 2030.
La robótica asistencial forma parte de su estrategia nacional, junto a la inteligencia artificial y los semiconductores: dispositivos móviles que ayudan a levantarse, recordatorios inteligentes de medicación, exoesqueletos para movilidad reducida y que, en su versión más avanzada, podrían acompañar emocionalmente y interactuar verbalmente con las personas solas. Sin olvidar tareas como la vigilancia, la seguridad en casa o la defensa de la integridad de la persona. Si habéis visto la demostración de kung-fu de centenares de robots coordinados para los festejos del Año Nuevo chino, os podéis hacer a la idea.
Empresas locales como UBTECH Robotics, Unitree Robotics o Fourier Intelligence están acelerando exponencialmente sus desarrollos en este campo. No hablamos ya de prototipos torpes o teledirigidos en ferias tecnológicas sino de ensayos reales en domicilios, hospitales y residencias.
En mi reciente artículo sobre cómo los robots son cada vez más humanos reflexionaba sobre esa frontera borrosa entre sustitución emocional y asistencia personal. China, en cambio, parece plantear la cuestión de forma más pragmática. ¿Cómo vamos a cuidar a trescientos millones de ancianos en las mejores condiciones sin paralizar el resto de la economía?
Robotización a gran escala
China lleva ya años liderando el mercado mundial de robots industriales. Según la Federación Internacional de Robótica (IFR), el país concentra más de la mitad de las nuevas instalaciones globales cada año. Además, supera ampliamente el millón y medio de robots operativos en sus fábricas. De hecho, empresas como Xiaomi ya fabrican sus coches de forma totalmente automatizada y con una mínima intervención humana.

Detrás de esta necesidad de adelantarse a un problema social y demográfico, está una contienda estratégica internacional en ser el líder en la fabricación de robots de servicio en el ámbito doméstico. ¿Quién no va a querer tener su propio robot a su lado?
El crecimiento anual en este segmento supera el 20 % en varios sectores y son ya miles los humanoides que salen de fábrica cada semestre. Las exportaciones chinas de robots y componentes han aumentado de forma sostenida, especialmente hacia Asia y Europa.
Mientras tanto, en Europa observamos con fascinación lo que hace Tesla con su proyecto Optimus o los avances en ese campo de Boston Dynamics. Y quedamos estupefactos ante China por la cantidad de robots que aparecen y la acelerada reducción de costes. La marca Unitree, por ejemplo, ofrece modelos humanoides por debajo de los 100.000 dólares, una cifra impensable hace apenas un lustro.
¿Cuánto costará el robot que cuide a tus padres?
Hoy, un robot asistencial avanzado puede oscilar entre 20.000 y 80.000 euros, dependiendo de funciones y capacidades. Algunos analistas anticipan que podrían bajar del umbral psicológico de los 10.000 euros en la próxima década. También habrá alternativas más baratas como dispositivos básicos de compañía, dedicados a la monitorización y a una ayuda sencilla por menos de los 3.000 euros.
El Estado chino ya está incentivando su adopción en centros públicos y privados, lo que permitirá abaratar costes mediante pedidos masivos. Otro aspecto importante es la integración rápida con la inteligencia artificial con sello y “marca China”. En unos meses los principales actores tecnológicos del país han demostrado estar al nivel o incluso superar los modelos de IA de Estados Unidos. Los robots equipados con un software local de última generación podrían convertirse pronto en un electrodoméstico asequible más en nuestras vidas. En España, uno de los países más envejecidos del mundo occidental, podríamos ser los primeros interesados. Otra cosa es que aceptemos tener una presencia, a veces inquietante, con actitud casi humana.
La hegemonía silenciosa
China no alardea, no hace ruido, pero sin parar innova, desarrolla y pone en marcha. Mientras que, en el viejo continente, debatimos sobre complicadas regulaciones, y Estados Unidos hace mucho ruido con cualquier avance, el gigante asiático transforma su economía, su industria y sus ciudades. Si China dominaba ya parte de la cadena de suministro (hardware, sensores, tierras raras y software), ahora consolida sus posiciones en inteligencia artificial, comercio electrónico, baterías y vehículos eléctricos. Si China logra fijar los estándares de la robótica doméstica, no solo venderá máquinas. Exportará dependencia tecnológica.
En paralelo, Pekín ya ha anunciado su intención de dotar a sus ejércitos de humanoides guerreros para proteger sus fronteras de algún país vecino molesto. Y eso sí que podría hacer mucho más ruido.

