“Viva Venezuela libre”: el grito de la diáspora estalla en la Puerta del Sol tras la caída del régimen de Maduro

La diáspora venezolana se reúne en Madrid entre cánticos, lágrimas y abrazos: alegría por la caída del chavismo, alivio contenido y una misma pregunta en el aire sobre el futuro de la transición

Manifestación de ciudadanos venezolanos tras el operativo militar de Estados Unidos contra Venezuela para arrestar a Nicolás Maduro, este sábado en la Puerta del Sol, en Madrid
Manifestación de ciudadanos venezolanos tras el operativo militar de Estados Unidos contra Venezuela para arrestar a Nicolás Maduro, este sábado en la Puerta del Sol, en Madrid
EFE

La Puerta del Sol no necesitó convocatoria formal. Bastó la noticia. Desde primera hora de la mañana, los venezolanos comenzaron a llegar en oleadas pequeñas que pronto se convirtieron en un gentío reconocible por los colores, por los acentos, por una emoción compartida que iba pasando de unos a otros como una corriente eléctrica. Banderas amarillas, azules y rojas, algunas improvisadas, otras cosidas en casa, camisetas, gorras, lágrimas. Se cantó, se gritó “¡Viva Venezuela libre!”, se brindó, se hicieron amigos desconocidos. Fue una concentración sin tensión, sin consignas agresivas, marcada por una alegría casi incrédula. No todos comparten entusiasmo por Donald Trump, pero todos celebran el mismo hecho: la caída del régimen de Nicolás Maduro.

Rafael llegó desde San Cristóbal hace tres años. Está con su madre en España, mientras sus tíos siguen en Venezuela. “Estoy contento, estoy feliz”, dice sin levantar la voz, como si todavía necesitara comprobar que lo que está pasando es real. Reconoce que “hay cosas que se podrían haber hecho mejor”, pero insiste en lo esencial: “Nos ayudaron a sacar al dictador más fuerte que tenía el país. Aún falta, pero espero que termine de caer la dictadura para poder regresar”. Recuerda por qué se fue: la situación era cada vez más complicada, más difícil, hasta que la salida se convirtió en la única opción.

Un grupo de venezolanos posan para Artículo14 en la Puerta del Sol de Madrid
Un grupo de venezolanos posan para Artículo14 en la Puerta del Sol de Madrid.  María Serrano
María Serrano

Franjoisa, de Punto Fijo, también lleva tres años fuera. “Hui de la dictadura”, resume. Para ella hoy es “un día para celebrar”. Habla de esperanza, de la posibilidad de que vuelva María Corina Machado, de una calma que llega después de años durísimos marcados por la escasez y la incertidumbre. “Nos echaron de nuestro país”, dice, y la frase cae con peso entre el ruido de la plaza.

Muy cerca, cuatro chicas —Idiani Flores, Ana, Karliany y Lorena— se han conocido hoy mismo. Se ríen, se abrazan, se hacen fotos. “Buenísima noticia”, repite Idiani. “Al principio no lo creíamos. Pensábamos que era un show”. Dan gracias porque haya pasado, piden que “sigan metiéndose en el país y nos liberen de todos”. Nombran a Maduro, a Cilia Flores, a Diosdado Cabello, al que consideran “el más peligroso”. No ocultan su pragmatismo: “Trump es mejor que Maduro. Si durante tantos años se regaló el petróleo a muchísima gente, que Estados Unidos llegue e invierta nos parece bien. Con tal de salir de la dictadura…”. Salieron de Venezuela por la escasez y los cortes de luz interminables, por la imposibilidad de conseguir alimentos y porque el dinero ya no alcanzaba. Aquí han logrado una vida estable. Volver, de momento, no entra en sus planes. “A ver qué tal nos trata”, dicen, casi al unísono.

Erika Rodríguez Manrique, de Mérida, y Eduard García, de Caracas, hablan desde una mezcla de alivio y sobresalto. “La misma necesidad nos obligó a salir del país”, explica él. Está alegre, pero matiza: “Con Maduro no es suficiente. Otros tenían el control. Diosdado, Padrino, los hermanos Rodríguez… ellos son los que tienen que salir. Los demás acatan órdenes”. Cree que hacía falta “alguien con mano dura”. Erika, en cambio, sigue en estado de shock. “Siento que no es real. Mi hermana y mi primo me despertaron para decirme que estaban bombardeando Caracas. A las once supe que habían agarrado a Maduro y mi corazón no sabía dónde estaba”.

Uno de los protestantes venezolanos en la Puerta del Sol de Madrid, con una pancarta que reza "Ni Maduro ni Trump"
Uno de los protestantes venezolanos en la Puerta del Sol de Madrid, con una pancarta que reza “Ni Maduro ni Trump”.  María Serrano
María Serrano

Roxana llegó hace ocho meses desde Carabobo, Valencia. Se fue por la situación económica, cansada de luchar, con un hijo pequeño que lo cambió todo. “Me vine para ofrecerle un futuro mejor”, cuenta. Se siente feliz en España, agradecida por la acogida. No tiene prisa por volver: sabe que aunque Maduro haya caído, el cambio llevará tiempo. También expresa una idea que se repite en la plaza: “Teníamos petróleo, pero mejor que lo tenga Estados Unidos a que lo tengan China y Rusia, y desde luego mejor que Maduro”. Habla de transición, de volver a votar, de elegir a María Corina Machado. “En un par de años Venezuela será un gran país”, dice convencida.

Dafne llegó desde Mérida hace ocho años. Trabaja en hostelería. “Ha sido duro”, reconoce. Lo de hoy lo vive como “un milagro”. “Tenemos muchos sentimientos, vamos a tatuarnos la fecha de hoy. Pensaba que nunca iba a pasar”. A las cinco de la mañana se desveló y empezó a mirar el móvil, y es cuando vio las noticias del bombardeo de Caracas. Su madre le dijo que habían atrapado a Maduro. Estaba nerviosa, pero fue a trabajar. Desde las siete de la tarde está en Sol, disfrutando de “la fiesta de la libertad”.

Carlos Zambrano, también de Mérida, habla despacio, como quien ordena recuerdos difíciles. Lleva tres años en España. No quería emigrar, no estaba preparado. “Casi me matan. No hay seguridad”. Su madre le pidió que se fuera, porque habían puesto precio a su cabeza. Vino solo, luego llegaron sus hermanos. Ella sigue en Venezuela y hoy ha pasado horas sin poder hablar con ella. Carlos recuerda las protestas, los muertos, las huelgas de hambre, el movimiento estudiantil en la Universidad de Los Andes, donde él estudiaba y se convirtió en líder. “Yo nací antes del régimen. Vi la otra Venezuela. No era perfecta, pero era libre”. Dice que no le gustaría volver a vivir allí: España es ahora su casa. Aun así, habla de duelo, de shock colectivo. “Esto lo vamos a asimilar poco a poco”. Cree que no había otra manera de tumbar un régimen así, pero le preocupa la transición. “Es la parte crucial”.

Una de las manifestantes con una pancarta: "Maduro: tirano, psicópata"
Una de las manifestantes con una pancarta: “Maduro: tirano, psicópata”.  María Serrano
María Serrano

Pilar Gutiérrez no es venezolana, pero lleva años apoyando las protestas contra Maduro. Hoy ha venido a celebrar. “He estado brindando con cava”, dice sin ironía. Habla de limpiar la corrupción, de que gobierne quien ha sido elegido, de que el Ejército asuma responsabilidades. Espera que Estados Unidos lo haga posible.

Mía, Ana María y Natali sostienen una bandera enorme que hizo su madre y que tenían en casa. Están felices, con el horario cambiado. “Mi primo despertó a mi madre gritando que Maduro había caído”, cuentan. Llegaron a España hace dos meses. El abuelo de Mía era de Las Palmas. Aquí sienten que está su casa, aunque saben que la caída del régimen permitirá que su madre pueda volver sin miedo. Relatan el episodio que precipitó su huida: intentaron secuestrar al hermano pequeño para chantajearla, le apuntaron con un arma. “Fue aterrador, y nadie hizo nada”.

Liskie Di Pede, periodista de Maracaibo, lleva seis meses en España. Salió en 2017, durante las protestas por el fraude electoral. Habla de miles de presos, de cientos de muertos, del uso de tanques y helicópteros contra la población civil. Describe el éxodo como ríos de personas atravesando América Latina, familias enteras dejando casas y bienes. “Más de ocho millones han salido del país”, recuerda. No teme la presencia estadounidense: viene de una zona petrolera y explica que la industria venezolana se construyó con capital y tecnología americana. Mira hacia adelante con una idea clara: la transición será compleja, pero hay personas preparadas. Cita a María Corina Machado, su formación, su trayectoria, su coherencia. “El regreso no será inmediato, pero Venezuela tiene potencial para volver a ser un país”.

Cuando cae la tarde, la Puerta del Sol sigue llena. La gente canta, se abraza, llora sin esconderse. Hay alivio, hay incredulidad, hay memoria del dolor. Sobre todo, hay una sensación compartida: por primera vez en mucho tiempo, la palabra futuro no suena vacía.