¿Quién es Cilia Flores, la mujer de Nicolás Maduro?

Cilia Flores, abogada del chavismo desde sus orígenes y estratega en la sombra, es una de las figuras clave del poder venezolano en un momento de máxima tensión internacional

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y la primera dama, Cilia Flores
Efe

En medio de la nueva escalada de tensión tras el bombardeo de Estados Unidos sobre objetivos estratégicos en Venezuela, una figura vuelve a ocupar un lugar central en los análisis políticos, aunque rara vez aparezca en primer plano: Cilia Flores, esposa de Nicolás Maduro y una de las mujeres con mayor poder real dentro del engranaje del chavismo. Su presencia constante junto al presidente contrasta con una estrategia pública de discreción que ha alimentado durante años una imagen engañosa: la de una primera dama secundaria, casi ornamental. La realidad política venezolana dibuja un perfil muy distinto. Mientras tanto, Donald Trump dice haber capturado a Maduro y a su mujer tras los ataques en Caracas.

Mientras los focos internacionales se centran en la respuesta del régimen al ataque estadounidense y en el equilibrio interno entre civiles y militares, Flores actúa como pieza clave en la arquitectura del poder. No es una acompañante simbólica ni una figura decorativa. Dentro del Palacio de Miraflores se la considera una estratega, una operadora política con ascendiente propio y capacidad de decisión, alguien que no improvisa y que suele ir varios pasos por delante del propio Maduro.

De abogada de Chávez a jefa civil del chavismo

El ascenso de Cilia Flores no comienza con su matrimonio. Su trayectoria se remonta a los años noventa, cuando formó parte del equipo legal que asistió a Hugo Chávez tras el intento de golpe de Estado de 1992. En aquel momento, Maduro era un sindicalista de perfil bajo. Flores, en cambio, empezó a tejer relaciones dentro del núcleo duro del movimiento bolivariano desde una posición técnica y política que le permitió acumular poder institucional antes que su futuro marido.

Fue diputada, jefa del grupo parlamentario oficialista, contralora general y presidenta de la Asamblea Nacional. Ese recorrido la convirtió en una de las figuras más influyentes del chavismo civil, en equilibrio permanente —y a veces en tensión— con el ala militar encabezada por Diosdado Cabello. En ese reparto de fuerzas, Flores ha funcionado como contrapeso, sostén y, en muchos casos, filtro.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y la primera dama Cilia Flores observan a Maikelys Espinoza.
EFE/ Miguel Gutiérrez

En público, Maduro insiste en presentarla como “Cilita”, diminutivo que refuerza una imagen doméstica y afectiva. La muestra cocinando arepas, sonriendo en actos obreros o acompañándolo con gesto dócil. Ese relato conecta con una cultura política profundamente machista, donde el liderazgo femenino explícito sigue generando resistencias. Precisamente por eso, Flores acepta un rol que la invisibiliza hacia fuera y la fortalece hacia dentro.

Quienes conocen el funcionamiento interno del poder en Venezuela coinciden en que su influencia es constante. Está presente en reuniones con el alto mando político y militar, participa en los encuentros con aliados internacionales y tiene voz propia en las decisiones estratégicas. No necesita micrófono ni cargo visible. Su autoridad se ejerce en privado, donde se toman las decisiones que luego se escenifican en público.

@conciliafloresNada como una arepa, en cualquier parte del mundo.♬ sonido original – Cilia Flores

Una red de lealtades y controversias

El poder de Cilia Flores también se manifiesta en la gestión de lealtades. A su alrededor se ha consolidado una red de familiares, aliados y figuras clave del aparato institucional. En el núcleo duro del régimen aparecen nombres como Delcy y Jorge Rodríguez, el fiscal Tarek William Saab o la presidenta del Tribunal Supremo de Justicia, todos ellos piezas fundamentales para la supervivencia del sistema.

Esa misma red ha estado marcada por episodios de corrupción y escándalos internacionales. El caso de los llamados “narcosobrinos”, familiares directos de Flores condenados en Estados Unidos por tráfico de drogas y posteriormente intercambiados en una negociación diplomática, golpeó su imagen exterior sin debilitar su posición interna. También sus hijos han sido objeto de sanciones internacionales, lo que no ha alterado el equilibrio de poder dentro del régimen.

El actual contexto de confrontación con Estados Unidos refuerza el papel de Flores como figura estabilizadora del núcleo presidencial. En un escenario de presión externa, sanciones y amenazas militares, su capacidad para leer el tablero político y gestionar equilibrios resulta clave, razón por la que el Gobierno de Estados Unidos busca capturarla a ella también. Maduro encarna la retórica, el gesto grandilocuente y la confrontación verbal, y Flores administra alianzas.

Su figura recuerda a la de otras mujeres de poder que han operado históricamente desde la sombra, no por falta de ambición sino por cálculo político. En Venezuela, donde la teatralidad del liderazgo masculino sigue siendo un valor simbólico, esa estrategia le ha permitido ejercer influencia sin exponerse al desgaste público.

@conciliafloresSe logró… como dijo el Presidente Nicolás Maduro… más temprano que tarde 🙏♬ sonido original – Cilia Flores

Cilia Flores es una dirigente con trayectoria propia, una figura central en la consolidación del chavismo post-Chávez y una de las claves para entender la resistencia del régimen frente a las crisis internas y externas. En un país acostumbrado a líderes carismáticos y discursos estridentes, ella representa otro tipo de poder: silencioso, persistente y político. Aunque no hable en público, su influencia sigue marcando el rumbo de Venezuela.

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