“Estas cosas se guardan en secreto. Pero temíamos que fuera a la inversa”. La desolación de la familia se palpa en sus palabras, que se escurren como un secreto inconfesable, el de asumir que Antolín ha matado a su padre pese a convivir durante años con el temor de que la víctima fuera el joven, o su madre. Pero en los cuatro últimos días la cruda realidad del parricidio les ha sobrevenido. En Aranda de Duero se recomponen como pueden tras asumir que, a sus 23 años, el primogénito de los González acaba de ingresar en prisión provisional comunicada y sin fianza acusado de matar a su padre.
La Policía Nacional ha apurado las 72 horas máximas preceptivas para llevar al joven ante el juez, que a última hora de la tarde decretó su ingreso en el penal. Salvo novedad, al cierre de esta edición no ha aparecido el arma del crimen con la que este sábado apuñaló a su padre en la yugular causándole la muerte. Cuando Emergencias llegó al lugar de los hechos, poco después de las tres de la tarde, a Antolín González le quedaba un hálito de vida. Nada se pudo hacer por evitar el deceso a sus 56 años del conocido empresario. De hecho, el crimen se habría producido a las afueras de la localidad burgalesa, en un almacén del negocio familiar Aceitunas Antolín, especializado en encurtidos, frutos secos, gominolas y detalles para fiestas.
Los Antolín no pasaban por su mejor momento. Padre e hijo arrastraban años de enfrentamientos. El matrimonio se había disuelto hacía años, pero acumulaban litigios y enfrentamientos en los juzgados. En la actualidad pesaban dos órdenes de alejamiento en vigor por las que Antolín no podía acercarse a su exmujer ni a sus hijos. Por eso nadie se explica todavía qué hacía el joven en el almacén este sábado, salvo por un detalle: en las últimas semanas la tensión entre ambos se había acrecentado. “Estas tres últimas semanas las amenazas eran diarias”, asegura Ángel Carreras. Es el portavoz de una familia que, ahora golpeada, ha querido salir al paso de las especulaciones. Atiende a Artículo14 con esta intención, ahora que el juez ha tomado la decisión de mandarlo a prisión.
“Queremos frenar las especulaciones. Sólo ellos saben lo que ocurrió allí”. No hay testigos ni existen cámaras de seguridad que pudieran grabar qué motivó la tragedia. Aunque Ángel deja traslucir que se produjo una discusión violenta entre ambos, puesto que el joven también ha tenido que ser atendido estos días “de numerosas heridas: moretones, cortes y arañazos por los que han tenido que llevarlo al hospital”. Una eventualidad que podría descartar la premeditación. Dolidos por la muerte y las consecuencias previsibles para el acusado, viran el foco hacia la víctima mortal. Según los vecinos, “no había aceptado la separación. Tenía a su mujer dominada”.
Si algo quieren dejar claro es que Raquel no estaba allí. La exmujer y madre del detenido estaba trabajando en la tienda familiar cuando recibió la llamada de su hijo que la puso en alerta. Antolín apenas podía articular palabra. Ambos están especialmente unidos. Cuando hace unos años la carrera profesional de Antolín como piloto de carreras estaba a punto de despuntar, el joven no dudó y lo dejó todo “para estar cerca de su madre”. Antolín se unió así al negocio familiar. Aunque el fin último era “que su madre estuviera el menor tiempo posible sola y desprotegida”. Con esta crudeza resume el portavoz sobrevenido de la familia lo que subyace posiblemente detrás del crimen. Asegura que, pese al dolor, toda la familia ha querido hacer piña con Antolín hijo y se aferran a la presunción de inocencia. “En ningún momento Antolín intentó huir”, insiste Carreras.
Pese a las informaciones que trascendieron en un primer momento, el joven sin antecedentes policiales “se entregó voluntariamente a la policía y ha colaborado en todo momento con la investigación”. No hay testigos ni cámaras de seguridad en el lugar del crimen. Si nada modifica la sucesión de hechos, terminará sentado en el banquillo de los acusados por acabar con la vida de su padre.