La víctima estuvo siete meses recibiendo coacciones y amenazas de José Ángel González, el ya ex director de la Policía Nacional y de su asesor, el comisario Óscar San Juan. Le ofrecieron el puesto que quisiera dentro del Cuerpo para comprar su silencio. El objetivo era que no denunciara lo ocurrido esa tarde del 23 de abril, en la que González le pidió subir a su domicilio y la agredió sexualmente. Cuando la víctima reunió fuerzas para contar lo sucedido, no eligió una comisaría para denunciar. Se fue directamente a un juzgado de Violencia para la mujer.
Artículo14 se ha puesto en contacto con agentes de la Policía de distinto rango, que admiten su rabia ante lo ocurrido y, también, su decepción porque la víctima no creyera que sería bueno denunciar en los canales antiacoso del propio Cuerpo. “El sistema falló cuando la víctima no confió en nosotros para la denuncia”, reconocen en privado.

Internamente, los agentes avalan la decisión de la víctima, y creen que las cosas deben cambiar. “Estando dentro y conociendo cómo funciona el Cuerpo, toma la decisión de hacerlo de la única forma en que confía que prosperará”, asevera un agente.
Tampoco confió la víctima en el Cuerpo cuando solicitó la baja médica. No se atrevió a comunicar a la Subdirección de Recursos Humanos el verdadero motivo de su cuadro de ansiedad. “No hay confianza en los mecanismos del sistema, que deberían ser imparciales, aunque se trate del número uno”, se revuelve otro de los policías.
El DAO, Jota como se le conocía de puertas para adentro, tenía muchos favores por cumplir con muchos agentes antes de su jubilación. Ascensos y traslados que ya no podrán pedir aquellos que guardaban buena relación con él. Por eso, algunos de los agentes con los que ha contactado este medio evitan comentar en exceso lo ocurrido.
Hay temor a posibles represalias, pese a su caída. “Nunca se sabe de qué pie cojea cada uno y si confía en la inocencia de Jota”, apunta uno de los policías. Si bien, la frustración y el cabreo se palpa en cada conversación -todas ellas sin poder aportar nombres y apellidos- en una de las semanas más difíciles para la Policía. “Mis compañeras están llenas de rabia y asco”.
Son días en los que los miles de agentes reflexionan sobre la imagen de la Policía Nacional: “Nuestro principal objetivo, como cuerpo civil, es mejorar las relaciones con los ciudadanos. Queremos que se auxilien en nosotros, que confíen en que les protejamos, que si tienen algún problema acudan a nosotros. La marca policial se pelea mucho para que vaya mejorando cada día”, defienden.
Y, ahora, es unánime que la imagen de Cuerpo ha quedado dañada. “¿Cómo vas a confiar en un cuerpo en el que su máximo dirigente ha sido capaz de cometer hechos tan graves?”, se pregunta un agente. Un sentimiento que se repite entre sus compañeros.

Queda por dilucidar cuánta gente dentro de la Policía Nacional ayudó a encubrir la presunta agresión. También queda por aclarar si hay más mujeres que han sufrido este tipo de agresiones, tal y como apunta el abogado de la víctima. Además de una explicación de por qué se acabó destinando a la víctima a un puesto en la misma oficina que su presunto agresor. Momento en el que decidió darse de baja médica al no soportar la situación.
Incógnitas que los agentes consultados por Artículo14 esperan que se solventen por el bien de una Institución que ha sufrido su peor golpe en mucho tiempo.
