Sumar es historia. Los cuatro grandes partidos que lo vertebran entierran la herramienta electoral que permitió a la alianza de Yolanda Díaz unirse al PSOE para revalidar el Gobierno de coalición en 2023. Estas mismas fuerzas lo sustituirán por un nuevo pacto, cocinado a fuego lento y evitando lógicas que hoy reconocen fracasadas.
Todo, para intentar evitar lo que algunos en sus filas consideran inevitable, y tener opciones de reeditar el Ejecutivo de coalición. “La política no es como las estaciones. Después de un ciclo progresista no viene un ciclo conservador”, afirma un dirigente de este espacio.
Izquierda Unida, Más País, los Comunes y Movimiento Sumar centran hoy sus esfuerzos en que cale una idea en la ciudadanía: a pesar de las tendencias a las que apuntan las encuestas, las sucesivas derrotas electorales en diferentes comunidades autónomas desde las generales, un ejecutivo de PP y Vox tras los próximos comicios, previstos para 2027, aún es evitable. “Sólo va a pasar si dejamos que pase”.
Yolanda Díaz, ausente del acto -también se borró de la cita convocada por Gabriel Rufián para hablar del presente y el futuro de la izquierda-, lo bendijo con un mensaje en redes sociales. Exactamente como había hecho con el encuentro convocado por el portavoz de ERC sólo tres días antes.
Los partidos, con todo, siguen avanzando. No hay nuevas propuestas políticas en su agenda, ni un calendario de hitos claro. Tampoco un programa de mínimos, pero sí afirman que la previsión es centrarse en la lucha contra la desigualdad.
De hecho, una de las diferencias más claras entre su convocatoria del sábado y la de Rufián, el miércoles, es que los partidos de Sumar no tienen entre sus prioridades fijar un discurso sobre cuestiones que entran en el marco “de la derecha”. No van a explorar este sendero.
Se refieren a debates como los que afectan a la seguridad o a la inmigración -por separado-, que el portavoz de ERC y el dirigente de Más Madrid Emilio Delgado, abogaron por abordar en el seno de la izquierda. Entendieron que la ausencia de discurso propio, alejado de las tesis de los partidos de la derecha, contribuye a que sean sus diagnósticos los que se impongan de forma mayoritaria.
Más allá de la apelación a la unidad de la izquierda no hubo grandes paralelismos entre ambas citas. La de Rufián fue ninguneada por los partidos de la izquierda confederal, antes, durante y después del acto. Incluso por su propia formación.
Por contra, la propuesta de lanzar un nuevo Sumar es apoyada por el conjunto de los partidos de su espacio. El reconocimiento a sus “errores”, en genérico, no permite obviar que las mismas fuerzas que están armando esta candidatura son las que hoy forman parte del Gobierno. Y que buena parte de quienes las lideran son las mismas personas que durante años han regentado este espacio.
Un llamado a abandonar “la melancolía”
“Hay que abandonar la melancolía, la nostalgia”. Entre el coaching y la insistencia a otras fuerzas para que se sumen a su causa, los partidos de Sumar celebraron en el Círculo de Bellas Artes de Madrid haber pactado un “punto de partida”, una forma de intentar marcar un antes y un después.
Lo escenificaron entre advertencias y críticas al PSOE por no actuar con valentía desde el Gobierno -“No se ganan las elecciones con el freno de mano puesto”-, y con nuevas llamadas al resto de partidos del espacio para que se sumen a este acuerdo: “Pelear entre primos no nos va a ayudar”, afirmó Rita Maestre (Más Madrid); “Aquí no sobra nadie”, incidió Ernest Urtasun (Comunes).
“Las puertas están abiertas a todas las fuerzas políticas y a los movimientos sociales”, aseguró Lara Hernández (Movimiento Sumar). “No sobra nadie”, “necesitamos a cada átomo progresista” afirmó Mónica García (Más Madrid). “Esta es la casa común de la izquierda”, sostuvo la también ministra de Sanidad. Y, por más que la derecha les quiera enfrentados, afirma que “ni se van a distraer ni lo van a permitir”.
La ausencia de la vicepresidenta marcaba este evento, al que han asistido los otros cuatro ministros de Sumar. Y sólo una, Sira Rego (Juventud e Infancia), lo ha seguido desde las sillas frente al atril, entre el público. Y no en la zona noble tras el micrófono, que sí entraba en los planos de cámara emitidos por streaming. Donde se concentraban dirigentes y cargos públicos como el ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, que tampoco tomó la palabra.
Cientos de personas hicieron cola durante la mañana a las puertas del Círculo de Bellas Artes. La mayoría no lograrían entrar en el Salón de Columnas (400 sillas), ocupado en gran parte por cargos públicos, dirigentes y equipos técnicos y políticos.
También por los líderes de los sindicatos Comisiones Obreras y UGT (Unai Sordo y Pepe Álvarez), e ilustres de la izquierda alternativa en anteriores etapas: de Alberto Garzón (Exministro de Consumo) a los exsecretarios de Estado Nacho Álvarez y Noelia Vera, o a la exalcaldesa de Barcelona, Ada Colau. Además, hubo representación de ERC, EH Bildu y Compromís. Podemos, que ha vuelto a dar portazo a sus llamadas, organizó un acto 24 horas antes para reiterar su rechazo a compartir escenario.
La organización habilitó una sala de cine, en la planta baja, para albergar a 220 personas, que lo siguieron por streaming. Hubo muchas caras conocidas, pero no plazos ni concreción sobre sus planes. Ninguna receta para superar la situación de retroceso en la que ha vivido la izquierda alternativa en las sucesivas citas electorales desde 2023. Ninguna, más allá de insistir en que el futuro no está escrito.
