Fernando Grande-Marlaska vuelve a poner a prueba su capacidad de sobrevivir políticamente en las condiciones más extremas. La querella de una inspectora contra el ya exdirector adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional, por supuesta agresión sexual, ha generado un terremoto en la cúpula del cuerpo.
Más allá del daño a la víctima, que su defensa describe “destrozada”, incluso en el PSOE afirman que no está claro cuántas derivadas surgirán de un caso que ya se ha cobrado la dimisión del DAO, José Ángel González, y el relevo de su exnúmero dos, Óscar San Juan.
Lo único que parece claro es que Marlaska, que no responde una sola pregunta sobre el caso desde el miércoles, ha añadido una crisis más a su hoja de servicios. Todo apunta a que también resistirá a este escándalo. El ministro, al que Pedro Sánchez ha respaldado públicamente, está “blindado”, aseguran a Artículo14 distintas fuentes del Gobierno. Desde Moncloa subrayan que lo está por haber “actuado correctamente desde el principio”.
Sin embargo, otras voces del Ejecutivo argumentan que su coraza, en parte, se ha visto reforzada a la interna tras los ataques de distintos dirigentes del PP. Los mismos que le acusaron el miércoles de conocer y encubrir los hechos, en el Congreso de los Diputados haciendo uso de la inviolabilidad parlamentaria que protege a los diputados. Para después acabar modulando su discurso, recogiendo cable. “Les puede el ansia”. “En este caso”, esa ofensiva “ha blindado al ministro”, asumen desde el Ejecutivo.
Esta interpretación es compartida también por media docena de dirigentes del Partido Socialista, que ven desproporcionados los golpes del PP y Vox contra el titular de Interior. Y que advierten de cómo este error de cálculo puede hacer que Marlaska sea percibido como víctima a la interna. “Está muy afectado personalmente. Pero creo que aguantará”, afirman uno de los integrantes de la cúpula de Ferraz.
Este interlocutor afirma que el “engaño” al ministro por parte del que fuera su hombre fuerte en la Policía durante siete años y medio ha hecho mella en Marlaska. E incide en que al PP “le pierde la ansiedad”. “La denuncia se ha llevado con máxima discreción para evitar filtraciones e interferencias policiales, según cuenta su abogado, y en cuanto el ministro tuvo conocimiento se actuó”, destaca un segundo dirigente.
“Si no se demuestra que lo ocultó, sí seguirá”, afirma un político con galones en un territorio. “¿Dejar el cargo Marlaska? No creo que eso entre en los planes de nadie”, afirma otro interlocutor, dese otra región. “El ataque es tan fuerte por parte de la derecha que lo único que hacen es que la militancia sienta más empatía con él”, incide.
Y otro dirigente recuerda que Marlaska, el menos valorado del Consejo de Ministros, ha sido reprobado en múltiples ocasiones por el Congreso y por el Senado. Suena desde hace años como el ministro más desgastado. En gran parte de las quinielas se le ha situado con un pie fuera del Consejo de Ministros. Y estos presagios nunca se cumplen. Marlaska se mantiene a flote desde que Sánchez aterrizó en Moncloa, por muy difíciles de defender que sean sus posiciones.

En Sumar no ven “ninguna” opción de que el presidente le deje caer “ahora”
Incluso en las filas del socio minoritario, Sumar, asumen que no hay “ninguna” opción de que el presidente del Gobierno prescinda de él. “En algún momento, puede ser, pero no ahora”. Fuentes de la formación de Yolanda Díaz en el Ejecutivo creen que es posible que Marlaska sea relevado si Sánchez ejecuta una crisis de Gobierno “para el final de la legislatura”. “Eso está en los manuales”.
La reiterada reclamación de esta crisis por parte de Díaz, en diciembre, no parece haber tenido ningún efecto sobre Sánchez. En su historial hay múltiples ejemplos de situaciones en las que, en contextos de crisis o de ataque, el presidente optó por mantener las posiciones. Sin mover un músculo. Y sin amagar siquiera con la opción de entregar a la oposición una pieza de caza mayor como el titular de Interior.

El mismo esquema que con la crisis de las balas
En abril de 2025, cuando Sánchez le desautorizó públicamente y los suyos airearon el enfado del presidente con el titular de Interior, Marlaska logró sobreponerse. El contrato que su departamento no quiso anular con una empresa israelí, a la que aspiraba a comprar 15 millones de balas, generó un incendio al que el ministro supo sobrevivir. Pese a que había puesto en cuestión la palabra del presidente. Y a que IU, que amagó públicamente con dejar la coalición, exigió públicamente su cabeza.
En lo comunicativo, hay paralelismos entre su forma de proceder entonces y la situación actual. El ministro esquivó a los medios un jueves y un viernes, como en esta ocasión. Su equipo no aclaró siquiera si estaba dispuesto a comparecer en el Congreso como ya le requerían -este miércoles tendrá que hacerlo, pero sobre la baliza V16, y no sobre el escándalo del exDAO-. Y, a base de dejar que la situación se enfriase, aguantó.
El ministro que no arde
En ese mismo periodo, en cuestión de semanas, Marlaska tuvo que asumir dos rectificaciones. Primero fue la delegación de competencias en materia de inmigración a la Generalitat de Cataluña, por exigencia de Junts. Después, el golpe sobre la mesa que dio el presidente del Gobierno, para obligar a Interior a rescindir el contrato de la discordia.
Con todo, la lista de escándalos, polémicas y problemas en su gestión es larga: el Tribunal Supremo declaró ilegal el cese del coronel de la Guardia Civil Diego Pérez de los Cobos y obligó a Marlaska a restituirlo; fue muy cuestionado por los escasos medios con los que cuenta la Guardia Civil para combatir a los narcos en el mar, después del asesinato de dos agentes arrollados por una narcolancha en Barbate.
Fue reprobado por el Congreso por su gestión de la tragedia de la valla de Melilla, en la que murieron 22 personas migrantes; aguantó que el Tribunal Supremo sentenciara que la expulsión de varios menores a Marruecos en 2021 se hizo vulnerando la. También reprimió la huelga del metal en Cádiz enviando una tanqueta blindada, y se vio forzado a ordenar que dejaran de usarla después de una única ocasión.
En mayo de 2025, además, dimitió quien fuera su mano derecha, Rafael Pérez Sánchez, secretario de Estado de Seguridad desde 2020 y antes jefe de Gabinete del ministro. Alegó motivos personales para abandonar el cargo. Había intentado hacerlo otras veces, pero Marlaska siempre le pidió que aguantara un poco más. A punto de cumplirse un año de su salida, su jefe sigue resistiendo. Contra -casi- todo pronóstico.
