Yulia Sokolovska (1985) ha roto el techo de cristal como primera embajadora de Ucrania en España. Ex ministra de Política Social y ex asesora del presidente Volodimir Zelenski, aterrizó en Madrid en octubre de 2025 para tomar las riendas de un puesto crucial para su país. En su primera entrevista como embajadora en España defiende que Ucrania afronta las negociaciones de paz con la voluntad de poner fin a la guerra que inició Rusia, pero rechaza cualquier acuerdo que suponga ceder territorio, dignidad o seguridad futura. A punto de cumplirse el cuarto aniversario de la invasión rusa de Ucrania este 24-F, Sokolovska conoce el impacto de los ataques rusos sobre la población ucraniana. “Lanzan los ataques contra civiles, porque realmente no tenían posibilidades de avanzar en el frente”, explica.
La embajadora admite que lo más duro de su nueva misión en España es estar en un lugar seguro mientras su familia sigue bajo los misiles del Ejército de Putin. “Cuando llamo a mis seres queridos los hablo con todo el amor que tengo, como si pudieran morir esa noche”, admite a Artículo14.
-¿Cómo afronta este reto de ser la primera embajadora de Ucrania en España?
-Para mí ha sido una responsabilidad y un gran honor. A decir verdad, ser embajadora en España, una embajadora mujer, es algo realmente agradable, porque siento el apoyo de los diferentes estratos de la sociedad y de los diferentes niveles del Gobierno. Las mujeres lideran proyectos, empresas y la política. En Ucrania tenemos la misma situación. Apreciamos y promovemos el liderazgo femenino, las mujeres en el sector público, en la política. Sin embargo, los hombres siguen ostentando el poder en muchos lugares, pero el progreso es bastante grande. En mi caso personal, cuando tenía 34 años, fui ministra de Política Social en Ucrania y luego asesora del presidente. Y ahora soy embajadora a mis 40 años. Es una historia que puedo compartir con mis colegas, con las mujeres. Me gusta ejercer de mentora. Es algo que me motiva mucho, compartir mis conocimientos y mi experiencia.
-En estos primeros cuatro meses, ¿qué es lo que le ha resultado más difícil como embajadora?
-Para ser sincera, lo más difícil para mí ha sido estar en España cuando mi familia sigue allí. Durante los ataques con misiles aéreos, es muy duro darse cuenta de que no puedes ayudar si les pasa algo. Esta pérdida de control es realmente devastadora. Desde aquí, también me doy cuenta de que quiero hacer aún más, porque estoy en un lugar seguro, en un país muy bueno, en una posición muy buena. Por eso me motiva mucho ayudar no solo a mi familia, sino a todo el país, y apoyar aún más a Ucrania.

-Es un momento clave para su país con las negociaciones de esta semana en Ginebra y con el cuarto aniversario de la invasión rusa este martes. ¿Qué significan estas conversaciones, estas negociaciones para Ucrania?
-Se puede imaginar que Ucrania desea la paz más que nadie en el mundo, porque realmente sufrimos los ataques con misiles y todos esos drones y todo lo que Rusia nos lanza a diario. Creemos que en cada reunión es importante que se pueda avanzar, podemos ver claramente el camino hacia la paz. Nos tomamos esas negociaciones muy en serio. Al mismo tiempo, todos vemos los ataques con misiles contra infraestructuras críticas. Lanzan los ataques contra civiles, porque realmente no tenían posibilidades de avanzar en el frente. Sí, hacemos todo lo posible por conseguir la paz, pero sin comprometer nuestra soberanía, nuestra dignidad y nuestra seguridad futura. Porque la seguridad y las garantías significan mucho para nosotros. No queremos que se repita y no queremos dar poder a Rusia para que nos invada de nuevo dentro de unos años. Por eso, todas las garantías de seguridad son fundamentales.
-Es que se repite un patrón, antes del inicio de las conversaciones, esa madrugada, desde Rusia se producen ataques horribles. ¿Qué ambiente se genera así como antesala de las negociaciones de paz?
-Es una señal cuando los rusos dicen una cosa y hacen otra. Pero incluso sus conversaciones y su comunicación pública muestran que siguen queriendo esa guerra.
-En este sentido, la ganadora del Premio Nobel de la Paz Oleksandra Matvichuk denunció recientemente que los ataques y las víctimas civiles han aumentado un 31% desde que Donald Trump llegó a la Casa Blanca. ¿Por qué cree que Vladimir Putin incrementa los ataques contra la población civil?
-Como mencionó Oleksandra, los ataques han aumentado. Y se centran en las infraestructuras críticas, lo que afecta principalmente a la población civil. Respecto a la ayuda de Estados Unidos, se pueden observar las cifras: han disminuido en términos de apoyo militar, lo que ha obligado a Europa a cubrir gran parte del déficit. No hay ningún equipamiento militar que pueda sustituir fácilmente al material estadounidense que necesitamos. Me refiero a todos esos misiles para proteger nuestro espacio aéreo. La defensa aérea es algo crucial para nosotros. Dependemos todavía del apoyo estadounidense. Al mismo tiempo, creo que todos esos ataques rusos tienen como objetivo principal presionar a la población civil para que a su vez presione al presidente y así presionar en las negociaciones con el fin de conseguir cualquier tipo de paz. Cueste lo que cueste. Pero es importante conocer a los ucranianos. Somos muy resilientes. Conocemos nuestra historia. Luchamos contra Rusia durante años, durante siglos. Sabemos lo que significa la ocupación. Por eso no funcionará. Aunque sin duda Putin intenta hacer todo lo posible para conseguir el acuerdo que quiere y convencer al presidente estadounidense y a su equipo de que los ucranianos necesitan la paz a cualquier precio.

-Hablando de la infraestructura crítica que menciona, Putin deja a la población ucraniana, incluso a su familia que está allí, a temperaturas de menos 20 grados. ¿Cómo pueden los civiles resistir el invierno?
-Este invierno se convirtió en una verdadera lucha diaria para muchas familias en Ucrania. Con temperaturas de 25 grados bajo cero. Duró semanas, no uno o dos días. Las familias tenían que dormir completamente vestidas y con todas esas mantas porque no había electricidad ni calefacción durante este invierno con heladas de menos 25 o incluso 27 grados. Pero no se trata solo de inconvenientes menores. Tenemos historias de mujeres en hospitales que dan a luz, pero sus bebés necesitan ventilación. Solo los generadores que hay en los hospitales pueden realmente mantener el funcionamiento de estos pequeños niños. O, por ejemplo, personas que necesitan su equipo médico en casa, que no pueden moverse y necesitan oxígeno en casa. Esto es una cuestión de vida o muerte. Muchos países han apoyado a Ucrania en este período. Muchos países enviaron generadores, entre ellos España. Estoy muy agradecida. Se trata de los generadores que pueden abastecer a grandes hospitales, escuelas u otras instalaciones sociales. Nosotros, como todas las embajadas del mundo, iniciamos una campaña para recaudar fondos con el fin de apoyar al sector energético en Ucrania, para la adquisición de estos generadores o la reparación de infraestructuras.
“Esto es una cuestión de vida o muerte”
En España también tenemos esta iniciativa. Si su equipo y todas las personas que lean la entrevista se unieran a esta campaña de recaudación de fondos, nos sería de gran ayuda. Hemos recaudado unos 20.000 euros. Es importante que la gente sepa que el dinero que envía realmente salva vidas. Sé que quizá parezca que ahora hará más calor, pero en Ucrania todavía hará frío. Además, aunque las temperaturas mejoren, toda la infraestructura está destruida. Se siguen necesitando generadores. Es devastador no tener los servicios básicos como en el centro de Europa. Todo el apoyo es muy importante para nosotros y lo agradecemos mucho. Así es como podemos resistir.
-No había caído en los bebés prematuros…
-Nos encontramos con situaciones realmente terribles en las que la gente necesita equipos médicos y los necesita en casos de emergencia. Por eso, solo los generadores pueden ayudar.
-Después de cuatro años, ¿cuál ha sido el aspecto más devastador de la invasión rusa de Ucrania? Hemos mencionado ya muchas cosas, pero para usted, ¿qué es lo peor?
-Cuando era más joven y estaba en la escuela, leí libros sobre el Holodomor de los años 30. Leí libros sobre las represiones y sobre nuestros intelectuales que fueron asesinados por los rusos. Y mi familia me contó historias de la época soviética, cuando la lengua, la cultura y la historia ucranianas fueron destruidas en su mayor parte. Intentaron destruir todo lo que teníamos y hacer que lo olvidáramos todo. Me doy cuenta de que ahora vivo en este periodo. Nos enfrentamos a matanzas masivas en Bucha, en Izium. Muchos crímenes de guerra, violaciones sexuales, acoso… Sabemos cómo tratan a los cautivos. Para mí, lo más devastador es cómo esas personas pueden ser tan crueles una y otra vez, repetidamente. Tengo la sensación -y seguro que muchos ucranianos sienten lo mismo- de que es una cuestión de vida o muerte, tan simple como eso. En los territorios ocupados, por ejemplo, militarizan a nuestros jóvenes para que en uno, dos o cinco años, luego luchen contra Ucrania.

-Estuve en Mikolaiv en 2023, cerca de Jersón, en lugares que fueron ocupados por los rusos y después el Ejército ucraniano los recuperó. Hablamos con las mujeres que vivieron bajo el dominio ruso y describieron escenas horribles y un mal trato indigno.
-He leído esas historias. Algunas son públicas, pero otras no están disponibles. Son historias espantosas. Entiendes que todos los que están bajo la ocupación rusa en Ucrania sufren y viven lo mismo. Por eso no podemos permitírnoslo. Se trata realmente de nuestras vidas. Es realmente existencial para nosotros.
-¿Cómo ha cambiado su vida personalmente a causa de la guerra?
-De algún modo, tenemos el tabú de la alegría, porque hay tanto sufrimiento, hay tantas restricciones… Los ucranianos pierden a sus familias y a seres queridos. Hay una especie de acuerdo social, para estar como de luto y para sentir que hay que hacer todo lo posible para apoyar a los más vulnerables y perjudicados durante esta guerra. Al mismo tiempo, siento que cuando llamo a mi familia y a mis seres queridos, los llamo como si fuera la última vez. Los hablo con todo el amor que tengo, como si pudieran morir esa noche. Y siento esta emoción todo el tiempo. No hay lugar para discusiones banales o enfados, solo tengo que compartir mi amor con ellos. Porque cuando vives cuatro años de guerra a gran escala, realmente sientes la pérdida.
“Cuando llamo a mi familia, lo hago como si fuera la última vez”
Lloré muchas veces durante actos aquí en España. Entiendo que muchas cosas me afectaron más aquí que en Ucrania. En Ucrania, te sientes resiliente, fuerte. Durante los ataques nocturnos, no duermes. Pero a las 9 de la mañana, vas a la oficina y haces tu trabajo. Pero aquí, puedo sentirme muy diferente y sientes como tristeza por todos nosotros, que tengamos que vivir en esta horrible situación.
-Porque en parte su vida en España se asemeja a cómo era su vida en Ucrania antes de la invasión. Usted tenía esto.
-Quizás esto también sea un sentimiento de pérdida. Hemos perdido esta vida normal. Y esta nueva normalidad (ataques a diario y muertos) no es una vida normal. No lo es en absoluto.

-¿Cómo definiría la relación bilateral entre Ucrania y España?
-Tenemos una relación muy buena, muy fuerte. Las relaciones son buenas tanto a nivel personal como a nivel político. A nivel presidencial, la relación entre ambos mandatarios es realmente buena. A nivel parlamentario, también tuve la oportunidad de ver las relaciones, y son excelentes. Lo que estamos tratando de hacer ahora es construir una relación entre regiones. Por ejemplo, hemos firmado un memorando de entendimiento entre Murcia y Sumy, cerca de la frontera con Rusia. El 24 de febrero, la delegación de la región de Sumy estará en Murcia, y esta cooperación regional simboliza esta relación a la perfección. Asimismo, España acogió a más de 200.000 ucranianos en su territorio. Y más de 100.000 ya residían en España antes de la invasión. Este gran número de ucranianos que viven en España también ha establecido relaciones con los españoles, con las comunidades… Los ucranianos trabajan, crean empresas, sus hijos van al colegio, a la universidad… Por último, en cuanto a la relación comercial, cuando llegué aquí, me dijeron que las empresas españolas no querían correr un gran riesgo trabajando en Ucrania. Pero la buena señal es que España ya tenía una oficina para la reconstrucción de Ucrania, para apoyar a las empresas españolas, para cubrir el riesgo de las compañías españolas que trabajan en Ucrania y para trabajar con empresas ucranianas. Y la directora de esta oficina está ahora en Ucrania. Así que realmente creo que las diferencias se están reduciendo. Y la relación entre nuestros dos países y los pueblos de nuestros países es cada vez más estrecha.
-Hablando del presidente, usted ha sido asesora de Volodimir Zelenski hasta 2024. ¿Le ha pedido el mandatario ucraniano algo en particular en esta misión?
-Que debe ser muy dinámica. Mi misión debería impulsar nuestra relación y nuestra cooperación. A pesar de que España está lejos de Ucrania, sentí esta empatía y simpatía. Y estoy bastante segura de que juntos podemos hacer más y fortalecernos mutuamente. No solo España ayudando a Ucrania, en algún momento, podremos beneficiarnos mutuamente. En estos cuatro meses, ya hemos recibido visitas del presidente de Ucrania y del presidente de nuestro Parlamento a España, y estamos planeando visitas de sus colegas del gobierno a Ucrania. Así que hemos empezado con muy buen pie.
-¿Le ha comentado algo positivo sobre España?
-Definitivamente, al igual que todos en Ucrania piensan que España es un país realmente hermoso. Pero él mencionó que tengo que hacer mi trabajo muy intensamente. Geopolíticamente, lo importante es que España tiene una relación muy buena con los países latinoamericanos. Y la mediación de España es muy importante para que los países latinoamericanos dialoguen. Esto es algo que también está en mi agenda y en los objetivos de mi misión. Contar con la mediación de España es crucial para nosotros a la hora de dialogar con los países latinoamericanos.
