Para muchos de los pasajeros que viajaban en los trenes accidentados el 28 de octubre en Urda, España era un lugar de vacaciones, de trabajo o el destino de un viaje que formaba parte de sus planes. Después del choque, aquellas prioridades quedaron en segundo plano. La preocupación pasó a ser otra: saber si sus familiares estaban bien, encontrar a quienes viajaban con ellos y ayudar a las personas que habían resultado heridas. A miles de kilómetros de sus hogares, algunos tuvieron que afrontar las consecuencias de una tragedia que también se vivió con angustia en sus países de origen.
El balance del Ministerio de Asuntos Exteriores del 30 de octubre recogía ciudadanos de 23 nacionalidades entre los afectados. Detrás de ese dato hay experiencias muy distintas: pasajeros que consiguieron salir de los vagones y ayudaron a otros, personas que resultaron heridas y familias que pasaron horas sin saber qué había ocurrido con sus seres queridos. Algunos de esos relatos se han conocido a través de los propios supervivientes; otros, gracias a quienes estuvieron allí para prestar ayuda. Todos permiten acercarse a la dimensión humana de un accidente que dejó huella mucho más allá de Toledo.
Vitoria Maia y Josimar Medina: ayudar en medio del caos
La brasileña Vitoria Maia y el peruano Josimar Medina, natural de Chiclayo, habían llegado a España para hacer turismo. Viajaban juntos y ocupaban el vagón 7 del AVE. En el momento de la colisión estaban durmiendo, ajenos a lo que estaba a punto de suceder: “Íbamos durmiendo y cuando despertamos ya estábamos volando. Yo me desperté en el aire”, contó Vitoria a la agencia Lusa. El impacto los despertó de forma abrupta y los lanzó de sus asientos. Durante los primeros instantes, entre los restos del interior del tren, tuvieron que intentar comprender qué había ocurrido y comprobar que ambos seguían vivos.
Vitoria quedó parcialmente atrapada bajo los escombros, pero consiguió encontrar una salida. Al recordar cómo logró localizar a Josimar después del impacto, explicó: “Vi a mi novio ya fuera. Ni siquiera sé cómo consiguió salir“. Su formación como anestesióloga adquirió entonces una importancia inesperada. Una vez fuera, colaboró con los equipos sanitarios y puso sus conocimientos médicos al servicio de otros pasajeros que necesitaban atención.
Josimar también ayudó a otros supervivientes, entre ellos un joven estadounidense. Al describir los primeros instantes del accidente a The Guardian, recordó: “Recuerdo volar por los aires y buscar a mi novia, que también salía disparada por el aire”. Después de lo ocurrido, una de sus preocupaciones era saber si la noticia había llegado a Sudamérica. Quería que sus familiares pudieran conocer que ambos estaban a salvo. Su historia refleja la distancia que separaba a los pasajeros de sus hogares y la angustia de quienes, desde otros países, aguardaban noticias de sus seres queridos.

Jorge Guales: la solidaridad después del accidente
El colombiano Jorge Guales, de 53 años, viajaba en el vagón 7 del Iryo. Antes del accidente, su trayecto transcurría con normalidad. Nada hacía pensar que acabaría abandonando el tren entre restos y desconcierto. Tras la colisión, consiguió salir del convoy y, una vez fuera, comenzó a ayudar a otros pasajeros a evacuar.
La salida no fue sencilla. Los supervivientes tuvieron que avanzar por una zona de difícil acceso hasta encontrar una vía para abandonar el lugar. En declaraciones a Europa Press, Guales explicó cómo comenzó la evacuación: “No tuvimos necesidad de romper vidrios porque se abrió una puerta, entonces salimos tres personas y empezamos a ayudar a la gente a que evacuara“. También recordó las dificultades para auxiliar a quienes permanecían dentro: “Le ayudamos a varias personas a evacuar el tren y pues poco a poco nos fuimos desplazando. Había personas que no podíamos mover porque sí estaban un poco más heridas“.
La intervención de los vecinos resultó fundamental: algunos rompieron una valla para facilitar el paso de las personas que escapaban de los trenes. Guales logró salir ileso, pero no olvidó la imagen que encontró al alejarse del convoy. “Los dos vagones de atrás quedaron hechos papel, como si rompes papel”, contó. Al recordar lo sucedido, concluyó: “Fue bastante duro“.
Tangui Binnier y Richard: un padre y un hijo unidos ante la emergencia
Tangui Binnier, de 22 años, tiene nacionalidad francesa y mexicana. Viajaba con su padre, Richard, en el tren de Iryo, aunque ambos estaban en vagones diferentes: el joven ocupaba el número 8 y su padre, el 7. El impacto los sorprendió por separado y, durante unos momentos, la prioridad fue conseguir salir y comprobar que el otro estaba bien. “Después del momento del impacto mi padre me vino a buscar y él mismo abrió la puerta de emergencia y empezó a decir a la gente que saliera”, contó Tangui a laSexta.
Una vez reunidos, padre e hijo no se limitaron a abandonar el lugar. Se implicaron en las tareas de ayuda a otros pasajeros. Recorrieron parte de los vagones e intentaron tranquilizar a quienes estaban asustados. Richard explicó cómo se organizaron para atender a los afectados: “Fuimos al uno y al dos, y estaban al revés. Yo me encargué del dos y Tangui fue al uno”. También colocaron mantas sobre las ventanas rotas para evitar que los cristales provocaran más heridas. A quienes seguían dentro y esperaban ayuda les repetían: “Ya vienen, tranquilos”.
La experiencia tuvo además una dimensión familiar especialmente angustiosa. Tangui consiguió avisar a su madre después del accidente, pero durante un tiempo dejó de tener comunicación con ella. En una entrevista con Antena 3, explicó que, tras una primera llamada, perdió el contacto: “Después se nos cortó la red y no pude hablar con ella después de tres horas“. La incertidumbre de no poder confirmar que todos estaban bien añadió otra preocupación a una jornada que ya había sido extremadamente difícil. Finalmente, pudo volver a comunicarse con su familia.

La pasajera filipina que perdió de vista a su marido tras el impacto
Una mujer filipina residente en Dubái viajaba con su marido desde Madrid hacia Sevilla. Su desplazamiento tenía un destino concreto y formaba parte de un viaje que, hasta ese momento, no parecía distinto al de tantos otros pasajeros. Sin embargo, el choque cambió por completo el rumbo de aquella jornada. Desde el pabellón de Urda, donde recibió atención tras el accidente, resumió lo ocurrido con dos palabras: “Fue devastador, inesperado“.
En su relato, explicó que su marido estaba dormido cuando se produjo el impacto y que llegó a ver cómo salía despedido de su asiento. “En un par de segundos, vi a mi esposo salir de su asiento. Miré hacia él y su asiento estaba vacío“, recordó emocionada. Ella sufrió una herida en el labio y ambos tuvieron que enfrentarse a la confusión que siguió a la colisión.
Su testimonio permite acercarse a una de las dimensiones más difíciles de un accidente de estas características: la de quienes viajan acompañados y, en cuestión de segundos, dejan de saber qué ha ocurrido con la persona que tienen al lado. La pareja consiguió sobrevivir y, pese a lo vivido, la mujer quiso expresar su agradecimiento: “Sigo sintiéndome bendecida. Esto es como una segunda vida“.
Dire y su esposa: turistas estadounidenses que tuvieron que buscar una salida
Ambos turistas habían llegado desde Florida para conocer España y se dirigían hacia Andalucía. En declaraciones al Canal 24 Horas de RTVE, Dire recordó que el tren se detuvo unos diez minutos antes del impacto. La pareja estaba ilusionada con su viaje: “Estábamos felices” de ir hacia Andalucía, explicó. Después llegaron el estruendo y los objetos que salían despedidos. “El tren se movió, saltaron cosas por todas partes. Miré por la ventana y vi que el tren estaba completamente destruido“, relató.
La pareja temió que el convoy pudiera volcar. Dire recordó las escenas que encontró a su alrededor: “Las personas estaban gritando, llorando, ensangrentadas…”. Ante aquella situación, tomó una decisión: “Le dije a mi esposa: ‘Tenemos que irnos ahora‘, porque teníamos miedo de que el tren se volteara”. En medio de la confusión, intentaron salir y ayudar a otras personas. Para abandonar la zona fue importante la intervención de un vecino que cortó una valla y abrió un paso para facilitar la evacuación.

Cuatro turistas surcoreanos y una italiana: el viaje hasta Sevilla que no necesitó palabras
No todos los relatos de los pasajeros extranjeros se conocen a través de sus propias declaraciones. En algunos casos, son las personas que los ayudaron quienes han permitido reconstruir lo que ocurrió después de la colisión. Es el caso de cuatro turistas surcoreanos y una mujer italiana que abandonaron Urda y necesitaban continuar su desplazamiento hasta Sevilla.
Juan José Aguilar, un empresario de Osuna que acudió a colaborar con los afectados junto a su esposa, recibió el encargo de trasladarlos hasta la estación de Santa Justa, a petición de la Guardia Civil. Durante el trayecto, apenas hubo conversación. La comunicación se produjo principalmente mediante gestos y miradas. Aguilar describió aquel recorrido como “un viaje con un lenguaje: la mirada“. También explicó que escucharon música, evitaron seguir las noticias y avanzaron despacio, en un intento de ofrecer a los viajeros un trayecto tranquilo después de lo ocurrido.
Al llegar a Sevilla, la mujer italiana se despidió con un abrazo y los turistas surcoreanos lo hicieron con reverencias de agradecimiento. Aguilar recordó aquel momento como el cierre de un recorrido en el que apenas habían necesitado palabras para entenderse. Fue un gesto sencillo, pero significativo: después de una jornada de miedo e incertidumbre, aquellos viajeros habían encontrado a personas dispuestas a ayudarles a llegar a su destino.
Las historias que quedaron fuera de los titulares
Entre los pasajeros extranjeros que viajaban en los trenes había muchas más historias de las que se han podido conocer. También viajaban ciudadanos japoneses, australianos, canadienses y de otras nacionalidades. De algunos se confirmó su presencia a través de los registros consulares, aunque apenas han trascendido detalles sobre lo que vivieron durante el accidente.
Los relatos que han llegado hasta nosotros son solo una pequeña parte de todo lo que ocurrió aquel 28 de octubre. Detrás quedan muchas vivencias que no conocemos y que, aunque no hayan sido contadas, también forman parte de lo que sucedió en Urda.

