Cada 11 de febrero, el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia funciona como un recordatorio de todas las mujeres que aporta y aportaron al desarrollo. Los datos siguen mostrando una brecha, según la UNESCO, solo alrededor del 35% del alumnado en estudios STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) son mujeres. La desigualdad se refleja también en disciplinas como las matemáticas, donde ellas representan el 35,4% frente al 64,6% de hombres. No se trata de falta de talento, sino de una suma de factores sociales y culturales, entre los que destaca la escasez de referentes femeninos durante la infancia y la adolescencia.
La tecnología y la innovación solo serán herramientas reales de igualdad si se combinan con políticas equitativas, educación científica accesible y mecanismos de financiación que sostengan la investigación y el desarrollo liderados por mujeres. En España, muchas científicas -del pasado y del presente- ayudan no solo con su aportación a los avances, también como referentes para las próximas generaciones.

Avances en la lucha contra el cáncer
En el ámbito de la biomedicina, el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) aparece como uno de los núcleos donde se concentran investigaciones clave y que ha ganado merecida relevancia en las últimas semanas. Los tratamientos actuales pierden eficacia en pocos meses debido a resistencias del tumor y frente a ello, un grupo del CNIO ha logrado evitarlas en modelos animales mediante una triple terapia combinada, con resultados publicados en PNAS. Los propios investigadores señalan que estos avances “abren una vía al diseño de terapias combinadas que puedan mejorar la supervivencia”, aunque insisten en que no se trata de una aplicación inmediata y que “aún no estamos en condiciones de llevar a cabo ensayos clínicos”. Este equipo de investigación está repleto de mujeres, entre ellas su co-autora principal Carmen Guerra.

También desde el CNIO, pero con una proyección que trasciende el laboratorio, destaca Sara García Alonso. Formada en Biotecnología, trabaja desde 2019 como científica biomédica avanzada en oncología experimental. A esa trayectoria se suma su selección para el cuerpo de reserva de la Agencia Espacial Europea, tras un proceso con decenas de miles de candidaturas. Su perfil une investigación biomédica y carrera espacial, mostrando que una base sólida en ciencia puede abrir caminos en la investigación española en el contexto internacional.

“Ser mujer no es para nada un impedimento para hacer Ciencias”
La importancia de los referentes se refuerza con voces como la de Eva Nogales, biofísica de prestigio internacional. En sus reflexiones sobre la falta de mujeres en STEM para Artículo14, insiste en ampliar horizontes desde edades tempranas y en permitir elecciones libres de estereotipos. Su mensaje es directo: “Ser mujer no es para nada un impedimento para hacer Ciencias”, y la visibilidad, añade, conlleva la responsabilidad de divulgar y de mostrar a niñas y jóvenes que la ciencia también puede ser su lugar.

Junto a estos nombres, el panorama científico español se completa con muchas otras mujeres que han marcado y siguen marcando el rumbo. La bioquímica Margarita Salas dejó un legado imprescindible en biología molecular; la ingeniera Elena García Armada desarrolló el primer exoesqueleto biónico infantil; la química Rosa Menéndez fue la primera mujer en presidir el CSIC; y la investigadora María Blasco es una referencia mundial en el estudio de telómeros y envejecimiento. En el campo de la inteligencia artificial, Nuria Oliver ha puesto la tecnología al servicio del impacto social, recordando que la innovación también tiene una dimensión ética.
Pioneras que abrieron camino
Si el presente habla de investigación puntera, el pasado recuerda que incluso registrar una idea fue durante mucho tiempo un privilegio vedado a las mujeres. En 1865, la madrileña Fermina Orduña se convirtió en la primera mujer que registró un invento en España, cuando las patentes se denominaban “privilegios de invención”. Su creación -un carruaje para la conducción higiénica de ganado lechero- buscaba reducir el tiempo entre el ordeño y la venta de la leche, mejorando la higiene y la salud pública en una época sin tratamientos de conservación.
Ella no fue necesariamente la primera inventora, sino la primera a la que se permitió figurar como tal, en un contexto en el que muchos inventos quedaban ocultos bajo nombres masculinos.
Todas estas trayectorias demuestran que la ciencia avanza mejor cuando incorpora todas las miradas. En un contexto en el que las mujeres siguen siendo menos de un tercio de la comunidad investigadora mundial, según la UNESCO, visibilizar referentes es una herramienta concreta para reducir la brecha y alimentar vocaciones.
El Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia es una oportunidad para reconocer el trabajo que ya se está haciendo, para recordar a quienes abrieron camino cuando no era fácil hacerlo y para asegurar que, en el futuro, ninguna niña descarte la ciencia por no verse reflejada en ella.
