El cometa 3I/ATLAS ha vuelto a situarse en el centro de la atención científica por un motivo fascinante: un nuevo estudio basado en observaciones del telescopio espacial James Webb sugiere que este visitante interestelar podría haberse formado hace entre 10.000 y 12.000 millones de años.
La hipótesis lo convertiría en un auténtico fósil cósmico. Mucho más antiguo que la Tierra y que el propio sistema solar, cuya edad ronda los 4.600 millones de años. Es decir, procede de una etapa muy temprana de la historia de la galaxia.
La importancia del cometa 3I/ATLAS no reside solo en su edad estimada. También es el tercer objeto interestelar confirmado que cruza el sistema solar y uno de los más valiosos para entender cómo eran los entornos donde se formaron estrellas y planetas en una época remota. Los investigadores creen que su composición química lo diferencia claramente de los cometas conocidos en nuestro vecindario cósmico. Lo que abre una ventana poco habitual al pasado profundo de la Vía Láctea.
Qué han descubierto realmente los científicos
El estudio que ha disparado el interés sobre el cometa 3I/ATLAS analiza su composición isotópica a partir de datos obtenidos con el instrumento NIRSpec del James Webb durante el tramo de salida de su paso por el perihelio de 2025. Los autores detectaron emisiones de agua, dióxido de carbono y monóxido de carbono, además de varias versiones isotópicas menos abundantes de esas moléculas. A partir de ahí, concluyeron que el objeto presenta una firma química muy distinta a la de los cuerpos del sistema solar.
The levels of a heavy form of hydrogen in 3I/ATLAS are 30 to 40 times higher than in Earth’s oceans, suggesting the comet has a cold and distant origin https://t.co/QvhvfDdSyG
— New Scientist (@newscientist) March 17, 2026
Entre los datos más llamativos figura un enriquecimiento anómalo en deuterio dentro del agua y unas proporciones de carbono inusuales en el CO y el CO2. Según el preprint, esas características apuntan a que el cometa 3I/ATLAS se habría formado en un entorno muy frío, de alrededor de 30 kelvin. Y además en una fase temprana de la historia galáctica, posiblemente en una región relativamente pobre en metales. Es esa combinación la que ha llevado a los autores a sugerir una edad de entre 10.000 y 12.000 millones de años.
Por qué este hallazgo resulta tan extraordinario
Si esa estimación se confirma, el cometa 3I/ATLAS sería uno de los objetos más antiguos estudiados de forma directa en el entorno del sistema solar. No estamos hablando solo de un cuerpo venido de otra estrella, sino de un fragmento material formado cuando la galaxia era mucho más joven. Dicho de otro modo: observarlo es asomarse a una química que pudo existir miles de millones de años antes de que se formara el Sol.

Ese dato tiene una consecuencia muy sugerente para la astrofísica. Los autores del trabajo plantean que la presencia de moléculas volátiles en cantidades significativas podría indicar que procesos químicos complejos, quizá incluso vinculados a la química prebiótica, ya estaban en marcha muy pronto en la historia de la Vía Láctea. Es una hipótesis prudente, todavía abierta a revisión. Pero da una idea del valor que puede tener el cometa 3I/ATLAS para reconstruir los primeros escenarios de formación planetaria.
Un visitante raro y cada vez más difícil de estudiar
El cometa 3I/ATLAS fue descubierto en 2025 y llamó la atención desde el principio por su velocidad y por su trayectoria, incompatibles con un origen dentro del sistema solar. NASA recordó en noviembre de 2025 que se trataba de un objeto interestelar y que varias de sus naves, incluidas sondas en Marte, habían logrado captarlo durante su paso. Su condición de visitante fugaz ha convertido cada ventana de observación en una oportunidad especialmente valiosa.
El problema es que el tiempo juega en contra. El cometa 3I/ATLAS ya se aleja del Sol y seguirá avanzando hacia las regiones externas del sistema solar. Eso reducirá poco a poco la calidad y cantidad de datos que puedan obtenerse.

Además, algunos investigadores advierten de que su exposición prolongada a los rayos cósmicos a lo largo de miles de millones de años podría haber modificado parcialmente su composición superficial, complicando la tarea de reconstruir con precisión su sistema de origen.
Un estudio prometedor, pero todavía no definitivo
El trabajo que relaciona al cometa 3I/ATLAS con una antigüedad extrema está publicado por ahora como preprint en arXiv. Es decir, como un estudio aún pendiente de revisión por pares. Eso no invalida el hallazgo, pero sí obliga a presentarlo con la cautela habitual en ciencia.
La propia cobertura especializada lo describe como un resultado sólido e interesante, aunque todavía sujeto a debate y confirmación posterior.

Aun con esa prudencia, el interés del caso es enorme. El cometa 3I/ATLAS ya no es solo un visitante exótico, sino una posible cápsula del tiempo llegada desde otra región y otra era de la galaxia. Si las conclusiones del estudio resisten el escrutinio científico, estaremos ante una de las piezas más valiosas jamás observadas para entender cómo era el universo —o, más exactamente, la Vía Láctea primitiva— mucho antes de que existiera nuestro sistema solar.
