El efecto Me Too que impulsa una cascada de denuncias

En los últimos años han surgido denuncias de mujeres que señalan públicamente a hombres conocidos o con posiciones de poder

Durante décadas, denunciar a un hombre con poder parecía casi imposible. Políticos, futbolistas, profesores universitarios o altos cargos de instituciones quedaban protegidos por el muro del silencio. Y no siempre porque las agresiones no existieran, sino porque denunciar implicaba enfrentarse a estructuras de poder que pocas mujeres se atrevían a desafiar.

Pero el muro empieza a agrietarse. En los últimos años han surgido denuncias en ámbitos tan distintos como la política, la universidad, la cultura, el deporte o las fuerzas de seguridad. Comparten patrón: mujeres que señalan públicamente a hombres conocidos o con posiciones de poder. Algunas denuncias prosperan, otras se archivan por falta de pruebas, pero en conjunto dibujan una tendencia que hace apenas una década habría parecido impensable. Cada vez más mujeres deciden dar el paso y denunciar.

La política ya no queda al margen

En los últimos años han surgido denuncias o acusaciones que han afectado a cargos de distintas administraciones y partidos.

El nombre del político Íñigo Errejón volvió a ocupar titulares tras la denuncia pública presentada por la actriz Elisa Mouliaá por una presunta agresión sexual. Posteriormente se sumó una segunda denunciante, lo que reforzó la percepción de que el primer testimonio podía animar a otras mujeres a hablar.

En el plano municipal, el Ayuntamiento de Torremolinos se vio envuelto en una investigación tras la denuncia por presunto acoso sexual contra Antonio Navarro, dirigente socialista del municipio. Algo similar ocurrió en la Diputación de Lugo, donde las acusaciones contra su entonces presidente, José Tomé, denunciado por varias mujeres por presunto acoso sexual y abuso de poder, abrieron un debate sobre cómo se gestionan estos casos dentro de las estructuras de los partidos.

En algunas administraciones locales han vivido situaciones parecidas. El alcalde de Móstoles, Manuel Bautista, fue denunciado por una exedil por presunto acoso sexual y laboral, en otro episodio que generó un gran impacto mediático.

En el Partido Popular, uno de los casos que generó mayor polémica pública fue el del consejero gallego Alfonso Villares, denunciado por una mujer que aseguró haber sufrido una agresión tras una presunta sumisión química. El procedimiento fue finalmente archivado por falta de pruebas suficientes, lo que demuestra las dificultades probatorias que suelen caracterizar este tipo de delitos.

Universidad: las relaciones de poder bajo escrutinio

El Me Too también ha llegado al mundo universitario. El sociólogo Ramón Flecha, profesor de la Universidad de Barcelona, ha sido objeto de denuncias por presunto acoso sexual, un caso que ha generado una intensa controversia dentro de la comunidad académica.

En la Universidad Complutense de Madrid también surgieron acusaciones contra el politólogo Juan Carlos Monedero. Las denuncias provocaron un amplio debate público sobre los protocolos universitarios para abordar este tipo de situaciones y sobre las dificultades que enfrentan las víctimas para denunciar cuando existen relaciones jerárquicas entre profesor y alumno.

Cultura y audiovisual: testimonios que abren camino

El sector cultural y audiovisual tampoco ha quedado al margen de esta dinámica. El director Eduard Cortés fue señalado por presuntos comportamientos inapropiados, mientras que la artista Jedet denunció al productor Javier Pérez Santana por una presunta agresión sexual, un caso que volvió a poner de relieve la dificultad de denunciar en entornos profesionales marcados por jerarquías de poder muy rígidas.

Fuerzas de seguridad: el llamado “Me Too” institucional

El Mee Too ha ha llegado, incluso, a instituciones tradicionalmente herméticas, como las fuerzas de seguridad. El caso que involucró al Director Adjunto Operativo (DAO) de la Guardia Civil, Jorge Piedrafita, denunciado por presunto acoso sexual, fue interpretado por algunos analistas como una especie de “Me Too institucional”. Durante décadas, la jerarquía y la cultura interna de estos cuerpos dificultaron enormemente que las víctimas se atrevieran a denunciar.

El fútbol y los ídolos señalados

En el mundo del deporte, y en particular el fútbol, las denuncias han puesto de relieve el poder y la notoriedad de ciertos jugadores. El caso del exjugador del FC Barcelona Dani Alves marcó un punto de inflexión tras la denuncia presentada por una mujer anónima. Situó en el centro del debate la gran disparidad de visibilidad entre denunciante y denunciado.

Más reciente es el caso del delantero Rafa Mir, investigado por una presunta agresión sexual, por la que la Fiscalía solicita diez años y medio de cárcel por agresión sexual agravada y lesiones.

Estos casos reflejan cómo el estatus mediático de los deportistas puede complicar tanto la denuncia como la percepción pública de los hechos y refuerzan las dificultades a las que se enfrentan las víctimas al romper el silencio.

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