Los escándalos que envuelven a Julio Iglesias -la justicia determinará si estos últimos que han salido ahora a la luz son constitutivos de delito- sugieren una biografía hedonista en torno a un ciclo de ansiedad, práctica sexual y alivio. Es decir, una conducta erótica compulsiva que él mismo ha relatado sin recato, y más bien ufano, a través de entrevistas e incluso desde el escenario.
El sexo no era deseo, sino urgencia, un imperativo más. Más que placer, parecía querer aplacar sus tensiones, soledad, inseguridad o vacío. O según se desprende del relato las presuntas víctimas en este episodio denunciado ahora, lo usaba ya como calmante emocional o físico, ahora octogenario debilitado por los achaques de salud y con la movilidad limitada.
Su cuerpo mandaba
Nunca tuvo consecuencias. Su cuerpo mandaba y necesitó estructurar su vida en torno a esa necesidad sexual. El trabajo, las relaciones y el ocio se subordinaban a esa lógica. Era el eje de su vida y lo hizo compatible con sus sucesivas parejas estables. La última, la discreta Miranda Rijnsburger, madre de sus cinco hijos menores. Según las exempleadas que acusan al cantante de delitos de agresión sexual, los abusos y vejaciones cesaban cuando recibía la visita de su esposa, que reside en Miami.

Detrás de ese Julio Iglesias, padre de familia numerosa, espontáneo, carismático, trabajador, triunfador y con un estricto control sobre su vida, se esconde un hombre con una conducta íntima que nada tiene que ver. Eran costumbres repetitivas, obsesivas. Exigía el sexo para sobrevivir emocionalmente, buscaba oportunidades en todos sus contextos vitales, quería disponibilidad constante. Él no lo veía como problema. Lo legitimaba y celebraba. La admiración que despertaba engrasaba su libido y le hacía sentirse deseado y poderoso.
“Era como un conejito, chaca, chaca…”
Desde que irrumpió en los setenta, su imagen irresistible ya estaba ligada al deseo. Lo contó con esta ligereza a sus fans en 2010, en pleno concierto en Punta del Este (Uruguay): “Tenía 24 años y hacía el amor tres veces al día… Yo tenía una cábala, o un capricho, que era el siguiente: no podía subirme a un escenario si antes no hacía el amor. Era como un conejito, chaca, chaca, y me iba a cantar. Era espantoso, porque quería terminar rápido sabiendo que tenía una mujer desnuda esperándome en la habitación”.
En junio de 1995, se mostró desesperado por la falta de tiempo para hacer el amor. “A mí el amor me descarga de energía, soy anfetamina pura, parece que soy un drogadicto. Empiezo a las 16:00 horas y acabo a las 2:30 de la mañana. Casi no voy a hacer pipí para que no duden de mí”. “Es un campeón”, le jaleaban.
Entre la leyenda y la realidad, se cuentan anécdotas con azafatas en pleno vuelo o su afición por conquistar a exesposas de celebridades, como Bianca Jagger y Priscilla Presley. Para satisfacer a la viuda del rey del rock, dicen que mandó preparar un brebaje afrodisíaco a base de guaraná, sin duda precedente natural de la viagra. No podía conceder una entrevista sin que el sexo saliese a colación: “Me gusta tanto que tengo dos generaciones de hijos. Los más grandes son una maravilla y ustedes ya los conocen, María Isabel, Julio y Enrique. A los más chicos les enseño dos cosas: que la sal es mala, que el azúcar es malo, que no hay que fumar, lo malo de las drogas y lo bueno del sexo”.
Vaitiare fue la primera ex que habló de tríos y cocaína, en su libro Muñeca de trapo: “Cada noche hay una mujer distinta en nuestra cama”. El cantante se quedó prendado de la exótica modelo tahitiana y empezaron a salir cuando ella tenía 17 años. No fue la única amante adolescente. Con la actriz argentina Mónica Gonzaga inició un idilio cuando esta tenía 16 años. Esta misma semana habló con Artículo 14.

Su imagen erotizada de conquistador y latin lover, a menudo vinculada a su fama de relaciones fugaces y hedonismo, se repite insistentemente en varios libros y testimonios. Es el caso de El español que enamoró al mundo: una vida de Julio Iglesias (Libros del Asteroide, 2025). Su autor, Ignacio Peyró, describe su perfil hedonista, amores superficiales y rol como seductor. La editorial ha anunciado una edición revisada tras las acusaciones de agresiones. Jesús Mariñas desmontó alguna de sus leyendas, como la de las 3.000 mujeres, pero reforzó su vida íntima como parte de su éxito pop.
Su imagen pública, sus entrevistas, su relato biográfico… tienen como esqueleto el sexo. Aislado en sus mansiones, no se ha percatado de que esa masculinidad basada en desear mucho, acumular mujeres y no parar hace mucho que quedó atrás. El sexo ya no es una prueba de hombría y su figura ya no se presta a hazañas. Ha jugado con esa imagen continuamente y sus declaraciones han contribuido a que su sexualidad fuese parte de su propia marca, pero la sociedad ha cambiado. Las denuncias de las exempleadas del cantante han servido para reexaminar con una mirada crítica su aplaudida biografía como sex symbol que organizó su vida en torno al sexo.
Todavía se sigue ensalzando esa faceta de Julio y glorificando su virilidad. Eran comportamientos celebrados en otras épocas, pero hoy se interpretan con nuevos estándares de derecho y respeto. Los testimonios recopilados por medios como elDiario.es y Univisión Noticias describen situaciones que van más allá de una relación consensuada: tocamientos no consentidos, presión reiterada para mantener relaciones sexuales y comentarios humillantes, según las denunciantes. Hasta ahora, Iglesias ha respondido públicamente con un escueto pronunciamiento en el que afirma que “todo se va a aclarar”, y su entorno niega las acusaciones. Solo hay una única realidad: lo que antes era mito hoy es objeto de escrutinio legal y cultural.
Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.


