Las agresiones sexuales en el ámbito sanitario siguen asociándose, en el imaginario colectivo, a episodios extremos de violencia física. Sin embargo, la realidad que viven miles de enfermeras y fisioterapeutas en su trabajo diario es mucho más compleja y, precisamente por ello, más difícil de combatir. Así lo explica Carmen Guerrero, secretaria de la Comisión de Igualdad de SATSE, al advertir que “no todas las agresiones sexuales son violentas ni explícitas”, y que muchas de ellas se manifiestan a través de conductas normalizadas, ambiguas o aparentemente inofensivas.
Guerrero subraya que “el acoso sexual y el acoso por razón de sexo son manifestaciones de discriminación y violencia contra las mujeres”, aunque aclara que “las conductas más frecuentes no son agresiones violentas, sino comportamientos sutiles o ambiguos”. Este carácter difuso dificulta su identificación inmediata y favorece su invisibilización. “No pueden reducirse a una lista cerrada, porque el contexto y la percepción de la persona afectada son determinantes”, explica, motivo por el cual desde SATSE se insiste en hablar de conductas que pueden ser constitutivas de acoso sexual o por razón de sexo.
Miradas insistentes o lascivas, bromas ofensivas sobre el cuerpo o la vida privada
Los datos respaldan esta afirmación. En el marco de la Encuesta Europea de Violencia de Género (EEVG), Guerrero señala que “las conductas de acoso sexual más frecuentes incluyen miradas insistentes o lascivas y bromas indecentes u ofensivas sobre el cuerpo o la vida privada”. A estas se suman “chistes de carácter sexista, piropos y comentarios sexuales, así como el contacto físico”, acciones que, aunque muchas veces se minimizan, generan un profundo malestar en quienes las sufren.

Cuando se analiza específicamente el ámbito de la enfermería y la fisioterapia, los resultados son igualmente preocupantes. Según los datos recabados por SATSE, “las conductas más frecuentes incluyen historias o bromas sexuales ofensivas, que afectan al 30,96% del personal; miradas insinuantes e inapropiadas de carácter sexual, con un 27,09%; y la cercanía excesiva, con un 27,63%”. Guerrero añade que también se repiten “piropos y comentarios sexuales groseros, contacto físico no solicitado ni deseado e intentos no deseados de tener una cita o proposiciones explícitas o implícitas para mantener relaciones sexuales, incluso cuando la profesional ha intentado disuadir”.
El acoso no se limita únicamente a la esfera sexual. En relación con el acoso por razón de sexo, la representante sindical destaca que “el 48,56% de las enfermeras y fisioterapeutas encuestadas ha sido objeto o ha presenciado comentarios sexistas ofensivos o chistes de carácter sexista”, y que “el 37,20% ha recibido un trato diferente debido a su sexo”. Estas cifras revelan un clima laboral en el que la desigualdad y la falta de respeto siguen presentes.
Apenas se denuncia
Una de las preguntas clave es si este tipo de situaciones se concentran en determinados ámbitos asistenciales. Guerrero explica que “al dividir la muestra entre Atención Primaria, Atención Especializada, ámbito sociosanitario y urgencias extrahospitalarias, las proporciones eran muy similares”. No obstante, matiza que “algunas situaciones concretas, como el contacto físico no deseado, eran más frecuentes en el ámbito sociosanitario y en las urgencias extrahospitalarias”, contextos donde la cercanía física y la vulnerabilidad de los pacientes pueden aumentar el riesgo.
A pesar de la elevada prevalencia, la mayoría de los casos no se denuncian. Según Guerrero, “en el 84,8% de los casos las enfermeras y fisioterapeutas que han sufrido este tipo de comportamientos no lo ponen en conocimiento del centro ni presentan denuncia”. Las razones son claras: “principalmente, la falta de confianza en la eficacia del procedimiento, que afecta al 34,5%, y el desconocimiento del procedimiento y de sus derechos, que alcanza al 39,5%”.
El 63,52% desconocía la existencia de algún protocolo de actuación contra el acoso en el trabajo
El desconocimiento es, de hecho, uno de los grandes obstáculos. “El 63,52% de las personas encuestadas, casi 7.400, desconocían la existencia de algún protocolo de actuación contra el acoso en el trabajo”, señala Guerrero. Y añade una reflexión contundente: “No se puede utilizar algo que no se conoce; de ahí la necesidad de información y formación, y de que los protocolos se difundan y sean accesibles a todas las personas trabajadoras”.

Desde SATSE insisten en que erradicar estas conductas requiere un enfoque estructural. Guerrero afirma que “son necesarias medidas preventivas que promuevan una cultura de tolerancia cero al acoso, mediante la difusión del procedimiento y campañas de sensibilización permanentes”. Además, recalca que “las acciones formativas y de sensibilización deben ser obligatorias para toda la plantilla”.
La formación, explica, no solo tiene un efecto disuasorio, sino también reparador. “Es necesario impartir formación que explique qué situaciones son constitutivas de acoso, para disuadir posibles agresiones y para que las personas víctimas sepan identificar y nombrar lo que les sucede”, subraya. Finalmente, recuerda que “el acoso en el ámbito laboral es un riesgo psicosocial”, por lo que “debe incluirse en las evaluaciones de riesgos laborales, identificar colectivos de especial susceptibilidad y mantener un seguimiento mediante estudios periódicos”.
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