El 96% de las víctimas de violencia sexual por sumisión química no comunica la agresión a las autoridades

Una encuesta a 1.601 jóvenes revela que solo el 4,3% de las víctimas acudió a servicios sanitarios, psicológicos, policiales o judiciales

En España se denuncia casi una agresión sexual con sumisión química al día
En España se denuncia casi una agresión sexual con sumisión química al día
KiloyCuarto

Despertarse desorientada, con lagunas de una noche que no consigue ordenar. Así amanecen muchas mujeres cada fin de semana después de una agresión sexual facilitada por drogas. La sumisión química no se limita a los casos en los que el agresor administra una sustancia a escondidas o por la fuerza: también puede darse cuando se aprovecha de que la víctima ha consumido alcohol u otras drogas voluntariamente.

Solo el 4,3% lo comunica a un servicio

El trabajo, liderado por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad de Alcalá, estudia qué hacen las víctimas después de una agresión en un contexto de fiesta u ocio nocturno. De las 583 personas que dijeron haber sufrido al menos una, solo el 4,3% lo comunicó a algún servicio sanitario, psicológico, policial o judicial. El 95,7% no acudió a esos servicios para contarlo.

La mayoría se lo cuenta a alguien cercano

Ese porcentaje no significa que casi todas guardaran silencio. El 78,2% se lo había contado exclusivamente a personas de su entorno cercano y el 17,5% no se lo había contado a nadie. Solo el 1,9% había informado a la Policía o a la Justicia.

El dato muestra una distancia entre hablar de lo ocurrido y llegar a los servicios formales de atención. La mayoría de las víctimas que lo contó lo hizo con alguien de su entorno, pero esa comunicación no se tradujo en acudir a profesionales o autoridades. Para los investigadores, esta diferencia ayuda a entender por qué una parte de las agresiones queda fuera de los registros institucionales.

Una encuesta a 1.601 jóvenes

La encuesta se hizo a 1.601 personas de entre 18 y 35 años residentes en España, seleccionadas mediante cuotas por sexo, edad y comunidad autónoma, con cobertura de las 17 comunidades. El cuestionario era anónimo y preguntaba por la experiencia de victimización más reciente. También examinaba su relación con distintas características de la agresión: el carácter invasivo, el número de agresores, si la víctima conocía previamente al agresor y la estrategia utilizada para facilitar el ataque.

Las agresiones más invasivas llegan más a los servicios

El estudio encontró diferencias según el carácter invasivo de la agresión. Entre quienes describieron tocamientos o besos no deseados, el 2,3% lo comunicó a algún servicio; entre quienes refirieron actos como masturbación, sexo oral o penetración, lo hizo el 13,5%. Estas últimas agresiones, sin embargo, se contaron menos al entorno cercano: el 65,4%, frente al 81% de quienes describieron agresiones menos invasivas.

Más comunicación cuando hay varios agresores

También hubo más comunicación a servicios formales cuando participaban varios agresores: el 14,7%, frente al 3,2% cuando había uno solo. Y las víctimas comunicaron más a las autoridades las agresiones cometidas por alguien conocido —el 6,4%— que las perpetradas por un desconocido —el 3%—. En cambio, era más frecuente contárselo al entorno cercano cuando el agresor era desconocido.

Diferencias entre mujeres y hombres

Los resultados por sexo muestran otra diferencia. Las mujeres contaron más la agresión a personas de su entorno: el 82,6%, frente al 71,2% de los hombres. Pero la proporción que acudió a servicios formales fue menor entre ellas: el 3,7%, frente al 5,4% de los hombres. También fue más alto entre los hombres el porcentaje de quienes no se lo contaron a nadie: el 23,4%, frente al 13,6% de las mujeres.

La modalidad oportunista, la que menos se comunica

La diferencia más marcada aparece al comparar las estrategias de los agresores. El 34,2% de las víctimas de sumisión química proactiva —cuando el agresor administra sustancias de forma encubierta o forzada— comunicó la agresión a algún servicio. La proporción bajó al 1,4% cuando el agresor se aprovechó de que la víctima había consumido alcohol voluntariamente. En las agresiones oportunistas vinculadas al consumo voluntario de otras drogas, fue del 4,1%.

El 92,6% había consumido las sustancias voluntariamente

Para este análisis, los investigadores disponían de información sobre la estrategia empleada en 455 de las 583 experiencias. Entre quienes aportaron información sobre el consumo, el 92,6% dijo que el agresor había aprovechado los efectos de sustancias consumidas voluntariamente, sobre todo alcohol. El 7,4% refirió algún tipo de consumo involuntario.

La diferencia describe la estrategia del agresor; no atribuye responsabilidad a quien sufrió la agresión. Los autores destacan que las agresiones oportunistas son las más frecuentes en contextos de fiesta y, al mismo tiempo, las que menos llegan a los servicios de atención. Por eso, las cifras basadas en comunicaciones institucionales solo reflejan una parte de lo ocurrido.

Una investigación anterior ya alertaba de su alcance

Una investigación anterior del mismo equipo, publicada en 2024, encontró que el 48,4% de las mujeres y el 27% de los hombres de entre 18 y 35 años había sufrido al menos un episodio de violencia sexual facilitada por drogas mientras estaba de fiesta.

Un modelo para entender las barreras

Los investigadores proponen un modelo conceptual para explicar cómo distintos factores pueden acumularse y dificultar el reconocimiento de la agresión, su comunicación y la búsqueda de ayuda. La encuesta no demuestra que cada uno de ellos explique por sí solo por qué una víctima no recurre a los servicios; el modelo plantea cómo podrían actuar conjuntamente.

Entre las barreras señalan los mitos que asocian la sumisión química únicamente con una bebida adulterada o con la administración encubierta de drogas, y que dejan en segundo plano el papel del alcohol. Añaden las alteraciones de la memoria provocadas por las sustancias, la ausencia de lesiones físicas visibles y los estereotipos sexistas que pueden favorecer la culpabilización de las víctimas.

Las lagunas de memoria y la falta de lesiones

Las lagunas de memoria pueden dificultar la reconstrucción de lo ocurrido y aumentar la incertidumbre. Si no hay lesiones visibles, la víctima puede dudar de si sufrió una agresión o de si será creída. A ello pueden sumarse los juicios sobre el consumo de alcohol u otras sustancias y el temor a que se le atribuya responsabilidad por lo sucedido. Los investigadores plantean que estas barreras pueden retrasar tanto el reconocimiento de la agresión como la petición de ayuda.

“La interacción de estos factores podría contribuir a que las agresiones sexuales oportunistas permanezcan especialmente invisibilizadas. Por ello, resulta fundamental evitar cualquier juicio o cuestionamiento hacia las víctimas, favoreciendo un entorno de comprensión, apoyo y confianza que facilite la comunicación de lo sucedido y la búsqueda de ayuda”, ha asegurado Pablo Prego, investigador del Departamento de Salud Pública de la UCM.

Campañas que incluyan las agresiones oportunistas

El trabajo ha sido desarrollado por investigadores vinculados al Observatorio Universitario de Violencia Sexual Facilitada por Drogas, en el que participan la UAH y la UCM. Sus autores piden que las campañas de prevención representen todas las formas de violencia sexual facilitada por drogas, incluidas las agresiones oportunistas, y no se centren únicamente en la imagen de una bebida adulterada.

“Es muy importante dejar claro que no se debe, en ningún caso, estigmatizar ni responsabilizar a la víctima por la agresión sexual sufrida, aunque el agresor se haya aprovechado del consumo voluntario de sustancias por parte de aquella. La responsabilidad debe recaer únicamente sobre quien perpetra la agresión, no sobre quien la sufre“, recuerdan los autores.

Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.