El regreso de la obediencia: el 31% de los hombres de la Generación Z cree que las mujeres debemos obedecer a nuestros maridos

Un estudio internacional refleja que el progreso no siempre avanza en línea recta, que a veces también retrocede

Hay ideas que uno creía enterradas. Ideas como que el marido decide y la esposa obedece. Ideas que parecían condenadas a las sobremesas de los años cincuenta, a las novelas de Corín Tellado o a los manuales matrimoniales de mediados del siglo pasado.

Pero no. Resulta que han vuelto. Y no lo han hecho como una reliquia histórica, sino como una opinión más entre los hombres de la Generación Z.

Un estudio internacional refleja que el progreso no siempre avanza en línea recta, que a veces también retrocede. Según una encuesta global realizada por Ipsos junto al Instituto Global para el Liderazgo de la Mujer del King’s College de Londres, casi un tercio de los hombres de la Generación Z (31%) está de acuerdo con que una esposa debe obedecer siempre a su marido, y un 33% cree que el marido debería tener la última palabra en las decisiones importantes del hogar.

Lo han leído bien, uno de cada tres.

Lo más inquietante no es solo el dato, sino quién lo dice. Porque no lo dice una generación criada en el franquismo ni en el patriarcado industrial de mediados del siglo XX. Hablamos de jóvenes nacidos entre finales de los noventa y principios de los dos mil. Una generación que ha crecido con discursos sobre igualdad, educación mixta, referentes femeninos y campañas institucionales contra la violencia machista.

Y, sin embargo, el mismo estudio revela algo aún más desconcertante: los hombres jóvenes son más propensos a sostener estas ideas que los de generaciones anteriores. Entre los llamados baby boomers, apenas un 13% comparte la idea de que una esposa debe obedecer a su marido. En resumen, que hay nietos más conservadores que sus propios abuelos.

La generación de la igualdad… ¿o del resentimiento?

La Generación Z suele describirse como la más progresista de la historia. Es la que habla de salud mental, diversidad, consentimiento y derechos LGTBI con una naturalidad que hace veinte años habría sido impensable. Pero esa misma generación convive con otra corriente menos visible y bastante más incómoda.

El estudio muestra, por ejemplo, que un 24% de los hombres jóvenes cree que una mujer no debería parecer demasiado independiente o autosuficiente. Un 21% piensa que una mujer “de verdad” no debería iniciar relaciones sexuales. En paralelo, seis de cada diez hombres jóvenes consideran que a los hombres se les exige demasiado en materia de igualdad. No son porcentajes marginales ni anecdóticos.

Masculinidades en reconstrucción

Los datos del estudio también apuntan a algo mucho más profundo que una simple nostalgia patriarcal. Muchos hombres jóvenes parecen sentirse atrapados entre dos expectativas contradictorias. Por un lado, se espera que sean sensibles, corresponsables y emocionalmente abiertos. Por otro, siguen existiendo modelos tradicionales de masculinidad que premian la fortaleza física, el liderazgo o el control.

Más cifras llamativas: el 43% de los hombres jóvenes cree que deberían esforzarse por ser físicamente fuertes, aunque no lo sean de manera natural, y un 30% opina que los hombres no deberían decir “te quiero” a sus amigos.

Pero hay un dato aún más revelador: los mismos hombres que consideran que una mujer no debería parecer demasiado independiente son también los que se sienten más atraídos por mujeres con carreras profesionales exitosas. Dicho de otra manera, les gustan las mujeres fuertes… pero no demasiado. Les atrae el éxito femenino, siempre y cuando no altere demasiado el equilibrio de poder.

Es, en definitiva, la versión sentimental de aquel viejo principio político: cambiar lo suficiente para que todo siga igual.

Quizá la verdadera sorpresa no sea que existan jóvenes que piensen así, sino que creíamos que ya no existían. Porque el patriarcado, como las malas hierbas, tiene una capacidad extraordinaria para reaparecer justo cuando pensábamos que el jardín estaba limpio.

Y quizá por eso estos datos no hablan solo de los hombres jóvenes. Hablan también de una ilusión mucho más extendida. La de creer que la igualdad, una vez conquistada, permanece para siempre. La realidad, sin embargo, es menos cómoda y mucho más tozuda.

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