La de Salma es, por fin, una desaparición desactivada. Su rostro se difunde ahora pixelado y con el sello de “localizada”. Al menos en los carteles oficiales, los que son competencia del Centro Nacional de Desaparecidos que dirige la teniente coronel Pilar Muniesa. Uno de sus objetivos es borrar ese rastro digital cuando la persona buscado ha aparecido. Por suerte, en el caso de Salma, viva pese a todo el horror que ella misma ha relatado tras poder huir de sus captores. Hoy las preguntas se acumulan: ¿por qué no dieron con ella en estos dos años?, ¿no investigaron a su pareja?, ¿se podría haber acortado ese infierno antes? Esas respuestas son parte ahora de la investigación policial, pero se escapan al trabajo de un organismo que atiende cada día miles de realidades. Según el último informe, en 2024 se reportaron 16.147 desapariciones, “y esperamos que ese dato se mantenga o descienda en el próximo”, apunta Muniesa, “estará de cara al 9 de marzo, como es habitual”. Es el Día de las personas desaparecidas sin causa aparente que, desde el martes, no será más el día de Salma pero sigue siéndolo de Cristina Bergua, Rosa Arcos, Ángeles Zurera o Sonia Iglesias.
Llevan hasta treinta años ausentes. Casos como los suyos, de larga duración, son uno de los objetivos del equipo de Muniesa: “A mediados de 2025, abrimos un grupo de trabajo para revisarlos a nivel policial los más antiguos, para que no caigan en el olvido. Muchos son de los años 80, de una época complicada por las drogas, con arrollamiento de trenes y víctimas sin identificar, puesto que no se habían cruzado los datos”. Estaban en un limbo terrenal, enterrados sin conocimiento de sus familias. Algunas los daban ya por muertos, otras sospechaban una deriva tal como para llevarlos a esfumarse, pero todas por igual agradecen al final saber su destino, qué les pasó: “Siempre me llamó la atención esa madre que prefería tener cualquier información, por mínima que fuese, a vivir en la incertidumbre”. De la atención a ese entorno marcado por la ausencia de un ser querido surgió la puesta en marcha de un programa de apoyo psicológico con cobertura pública: “Está previsto que atienda a unas 125 anuales, durante cuatro años”, apunta la teniente coronel.
Cuanto antes denuncien, mejor
Pilar Muniesa es la primera mujer al frente de un CNDES, que en estos dos años ha dado pasos más o menos grandes, desde el punto de vista de unas familias desgastadas por la ausencia, pero sobre todo constantes. Tiene una hoja de ruta que pivota sobre dos cuestiones, “que ningún caso se olvide y que cambiemos el lema de la 24 horas. Porque esas primeras horas a veces son las únicas horas. Incluso si hay que hacer una investigación, las pruebas estarán más contaminadas, o para hacer batidas, por ejemplo de esas personas mayores y desorientadas”. No hay un patrón de la persona desaparecida. También aquí, el lenguaje importa: “Ya no distinguimos entre voluntarias o involuntarias. Si no conscientes o no”.
Para las que no cambia la nomenclatura es para las forzosas: 115 lo fueron en 2024, de las más de 16 mil denuncias interpuestas, en las que un 63% eran hombres, y un 37% mujeres. En cambio, ese centenar que apunta al ámbito criminal no está desglosado por sexos. ¿Detrás de cuántas estaría la lacra de la violencia machista? ¿Cuántas desapariciones de mujeres son en realidad crímenes machistas o cuentan con antecedentes por maltrato? La cifra es una incógnita.
Sin cruce de datos con VioGén
“Nuestro sistema de búsqueda de desaparecidos no cruza datos con VioGén”, aclara Muniesa. Como tal, el Sistema de Información de Personas Desaparecidas y Restos Humanos (PDyRH) centraliza la información de todos los cuerpos policiales, pues nunca se sabe dónde puede aparecer una pista. Con lo que sirve de enlace, es garante de praxis adecuadas y potencia nuevas vías de trabajo, pero es cada policía -autonómica o nacional- la que maneja esos datos. Y no hay visos de que VioGén y PDyRH vayan a cruzarse, pese a que, en demasiadas ocasiones y sobre todo en los casos de largo duración, aparezca el nombre de un marido o un novio sospechoso, incluso un vecino como le ocurrió a Manuela Chavero. Con Salma, la vuelta de tuerca fue aún mayor. Metida en el mundo de la prostitución, el hombre que la retuvo no era exactamente su pareja, pero sí alguien con quien había tenido relación. De hecho, los investigadores llegaron a hablar con las vecinas del torturador, que resultaron ser cómplices del secuestro. No siempre resulta fácil detectar qué falló.
“Estamos convencidos de lo que hacemos e intentamos hacerlo lo mejor posible”, recalca Muniesa, en una entrevista hecha antes de destaparse el atroz caso de Murcia, para el cual no cabe otra reacción posible que la condena social y judicial, con la esperanza de que los hechos sean irrepetibles. Para ello existen protocolos cada vez más precisos desde el CNDES, que se trabajan ex profeso, como sucede con los menores tutelados fugados cuyos centros desde ahora darán parte de manera online, a fin de hacer constar cuanto antes que se les busca. Después de todo, el objetivo último -sea hombre o mujer, adulto o menor- es que vuelvan si quieren y pueden. “La nuestra es una labor humanitaria, no vamos buscando titulares sino desaparecidos, aunque no haya un delito detrás”.
