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Dalí, Freud y Gala: el Thyssen se adentra en los deseos y obsesiones del pintor

La exposición "El universo freudiano de Dalí" reúne 136 obras para recorrer la influencia del psicoanálisis en el artista, desde sus conflictos familiares hasta las imágenes de Gala que acompañaron su transformación surrealista y religiosa.

Dalí, Freud y Gala: el Thyssen se adentra en los deseos y obsesiones del pintor
Dalí, Freud y Gala: el Thyssen se adentra en los deseos y obsesiones del pintor
Montaje: kiloycuarto

Salvador Dalí llevaba años leyendo a Sigmund Freud, buscando explicaciones para sus obsesiones y convirtiendo sus teorías en imágenes cuando consiguió conocerlo en Londres, en 1938. Para el pintor, aquella reunión suponía encontrarse con una autoridad fundamental en su formación. Freud recibió a un joven artista español al que apenas conocía, acompañado por el escritor Stefan Zweig y el poeta y coleccionista Edward James. Le impresionaron su pintura y la intensidad de su carácter. El encuentro fue breve; la influencia que lo había hecho posible atravesó buena parte de la vida de Dalí.

Esa relación, profundamente desigual en su importancia para ambos, organiza la nueva exposición del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. “El universo freudiano de Dalí”, comisariada por Jaime Brihuega, abre al público el 20 de octubre, y podrá visitarse hasta el 24 de enero de 2027. Reúne 136 obras entre pinturas, dibujos, esculturas y material audiovisual para examinar cómo el artista encontró en el psicoanálisis una forma de elaborar sus miedos, fantasías y deseos.

La propuesta recorre su trayectoria desde la infancia en Figueres hasta las composiciones religiosas y científicas de su madurez. El punto de partida es una convicción que el propio pintor dejó por escrito: “En la primera etapa de mi vida, mi héroe era Sigmund Freud. Mi pintura expresaba la angustia y las visiones neuróticas que tenía en esa época”.

El interés de la exposición está en seguir la transformación de aquellas lecturas en un lenguaje artístico. Los cuerpos fragmentados, las formas blandas, las asociaciones sexuales y las imágenes que permiten reconocer varias figuras a la vez fueron adquiriendo significados dentro de un repertorio que Dalí reutilizó durante décadas. El recorrido propone leer ese sistema de símbolos a través de episodios decisivos de su biografía.

Los esfuerzos estériles. Cenicitas, 1927-1928
Los esfuerzos estériles. Cenicitas, 1927-1928- Salvador Dalí

Una familia atravesada por la pérdida

Antes de Freud estuvieron la familia y el paisaje. Dalí recibió el mismo nombre que un hermano fallecido antes de que él naciera. Creció bajo la autoridad de su padre, perdió a su madre durante la adolescencia y vio cómo este se casaba después con la hermana de la difunta. La exposición reúne estos antecedentes para explicar el entorno afectivo en el que comenzó a formarse.

Su hermana Anna Maria, presente en Retrato de Ana Maria y Figura en una mesa, ocupa un lugar destacado en las primeras salas. También aparecen las playas, las rocas y los acantilados del entorno de Cadaqués. Sus perfiles persistirían en cuadros donde la precisión del paisaje convive con situaciones imposibles. Acantilados, de 1926, permite observar esa geografía antes de que se integre plenamente en el imaginario surrealista.

La interpretación freudiana que plantea el museo relaciona ese mundo familiar con la aparición posterior de conflictos, temores y deseos en la pintura. Se trata de una lectura de la obra y de la construcción autobiográfica del artista, cuya representación de sí mismo estuvo siempre ligada a su producción.

Madrid, Lorca y el descubrimiento de Freud

Dalí accedió a los escritos de Freud a principios de los años veinte, durante su estancia en la Residencia de Estudiantes de Madrid. La interpretación de los sueños le proporcionó un modo de pensar imágenes y experiencias que hasta entonces pertenecían al ámbito de sus inquietudes privadas.

En aquellos años conoció también a Federico García Lorca y Luis Buñuel, leyó publicaciones francesas sobre surrealismo y descubrió los dibujos de tejidos neuronales de Santiago Ramón y Cajal. La exposición reúne trabajos del científico y de Lorca junto a obras de Dalí y de artistas como Gino Severini, Kurt Schwitters, Jean Arp e Yves Tanguy. El diálogo permite situar sus búsquedas dentro de un entorno intelectual y visual más amplio.

Los esfuerzos estériles (Cenicitas), de 1927-1928, y Los deseos insatisfechos, de 1928, pertenecen a ese periodo de consolidación de un lenguaje propio. Las preocupaciones sexuales y las asociaciones inquietantes adquieren una presencia cada vez mayor. El pintor empieza a organizar una iconografía que encontrará su desarrollo en París, dentro del grupo surrealista dirigido por André Breton.

Obras como Los placeres iluminados, Los primeros días de la primavera y Guillermo Tell muestran la rapidez con la que Dalí convirtió las propuestas del movimiento en imágenes reconocibles. A esa etapa pertenece también El hombre invisible, una de sus exploraciones de la ambigüedad de la percepción.

Gala en el centro de la obra

En 1929, Dalí conoció a Gala, entonces casada con Paul Éluard. Su presencia coincidió con la afirmación surrealista del pintor y se mantuvo durante el resto de su trayectoria. En la exposición aparece en títulos como El Ángelus de Gala, Apoteosis de Homero (sueño diurno de Gala) y La Madonna de Portlligat. Su imagen atraviesa tanto las composiciones relacionadas con el deseo como las que adoptan referencias religiosas.

La reiteración de su cuerpo y de su rostro invita a considerar también su participación en la carrera del artista. La Fundació Gala-Salvador Dalí documenta su trabajo como representante, organizadora de la agenda y gestora de proyectos expositivos, editoriales y artísticos. Colaboró en iniciativas como el pabellón Sueño de Venus, presentado en Nueva York en 1939, y en la preparación de Vida secreta de Salvador Dalí, que corrigió y pasó a limpio. Salvador Dalí

Esa actividad proporciona contexto a las imágenes de una mujer convertida en figura recurrente de la pintura daliniana. Mientras el artista la representaba en sus fantasías, Gala intervenía en las condiciones materiales y profesionales que hacían posible su trabajo. El recorrido permite seguir las sucesivas transformaciones de su representación: compañera, protagonista de sueños y figura incorporada a una iconografía sagrada.

Ver dos cosas a la vez

Una treintena de piezas se concentra en el desarrollo del método paranoico-crítico. Dalí utilizó esa denominación para explicar un procedimiento de asociación mediante el que formas y objetos adquirían significados diferentes de los que ofrecían a primera vista. Una misma imagen podía contener otras, reconocibles según la manera de observarla.

El artista describía la paranoia como un “estado de gracia”. En su propuesta, las asociaciones delirantes se convertían en un recurso de creación que podía elaborarse pictóricamente. La precisión con la que representaba los objetos facilitaba que el espectador aceptara su presencia antes de descubrir una segunda lectura.

Nacimiento de los deseos líquidos, El destete del mueble-alimento, Soledad paranoico-crítica y El gran paranoico permiten examinar ese procedimiento. La exposición lo presenta como una de sus aportaciones fundamentales al surrealismo y como un punto central de su relación con el pensamiento freudiano.

La reunión de Londres de 1938 ocupa después una sección propia. El Dibujo de Sigmund Freud realizado a raíz del encuentro se muestra en este capítulo junto a obras como El escritorio antropomórfico, Enigma sin fin y España. El recorrido alcanza también la ruptura con el grupo surrealista y la expansión de la actividad de Dalí en Estados Unidos.

Las fotografías del pabellón Sueño de Venus, concebido para la Feria Mundial de Nueva York, muestran su interés por trasladar aquel universo a un espectáculo destinado a un público amplio. El surrealismo entraba así en un espacio de ocio, con las posibilidades y tensiones que implicaba esa transformación.

La persistencia de Freud

Dalí afirmó posteriormente que su interés por Freud había perdido fuerza frente a la ciencia y la religión. La última sección examina, sin embargo, la continuidad de ciertos recursos: las formas reblandecidas, las imágenes dobles y las escenas construidas según una lógica onírica.

Entre las obras reunidas figura Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar, hacia 1944. Su título describe ya el problema que explora: cómo un estímulo exterior puede desencadenar una secuencia de imágenes durante el sueño. Gala aparece en una composición donde la quietud de su cuerpo contrasta con la amenaza que se aproxima.

La Madonna de Portlligat, La ascensión de Cristo (Piedad) y El Anuncio (La Trinidad) introducen sus intereses religiosos y clásicos. El cambio de asuntos no elimina todos los procedimientos anteriores. La exposición rastrea esa continuidad hasta las últimas etapas de su carrera.

El trabajo para las artes escénicas amplía el recorrido. Se incluye el proyecto para Laberinto, estrenado en Nueva York en 1941, y el telón de casi quince metros de Tristán enloquecido, de 1944, instalado en el vestíbulo del museo. El formato monumental permite apreciar cómo aquellas imágenes podían convertirse en un entorno para la representación teatral.

También se proyectan Comiendo erizos de mar y fragmentos de Un perro andaluz y La Edad de Oro, de Buñuel, además de Recuerda, de Alfred Hitchcock, producciones en las que participó Dalí. Tres audiovisuales realizados por Joan Dolç para la exposición aportan contexto sobre su trayectoria y sus referencias.

Visitas nocturnas y un ciclo de conferencias

La muestra cuenta con la colaboración de la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento y el patrocinio de Natixis Corporate & Investment Banking. El catálogo reúne textos de Jaime Brihuega, William Jeffett, Dawn Ades e Ignacio Gómez de Liaño.

Del 28 de octubre al 25 de noviembre, un ciclo de conferencias profundizará en sus contenidos con la participación de Ian Gibson, Juan José Lahuerta, Brihuega, Alyce Mahon y Elliot King.

La exposición se podrá visitar de martes a domingo, de 10.00 a 19.00, con apertura ampliada los sábados hasta las 23.00. De 21.00 a 23.00, el acceso será gratuito dentro del programa Noches Thyssen con Uber. El museo recomienda reservar al menos una hora y cuarto para el recorrido, que combina obras y vídeos. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

La visita devuelve a las pinturas una relación que la celebridad de Dalí puede dejar en segundo plano: la que mantuvo, durante años, con sus lecturas. Freud le ofreció conceptos con los que pensar su experiencia; Dalí los convirtió en cuerpos, paisajes y objetos. El Thyssen propone detenerse en ese proceso, cuadro a cuadro.

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