Cine

Las directoras olvidadas del cine español que las filmotecas están recuperando

Coincidiendo con el Día Mundial del Patrimonio Audiovisual, los trabajos de restauración de Filmoteca Española permiten redescubrir a directoras que durante décadas quedaron fuera del relato oficial del cine español

Las directoras olvidadas
Las directoras olvidadas del cine español que las filmotecas están recuperando.
Montaje: kiloycuarto

Cada 27 de octubre, el Día Mundial del Patrimonio Audiovisual recuerda la importancia de conservar las películas, grabaciones y documentos que forman parte de nuestra memoria colectiva. La UNESCO ha elegido para la edición de 2026 el lema “Su ventana al mundo”, una invitación a reflexionar sobre todo lo que podemos conocer de otras épocas y sociedades a través de las imágenes. Pero esta celebración plantea también una pregunta: ¿cómo escribir la historia de las mujeres en el cine cuando algunas de sus películas han permanecido inaccesibles durante décadas?

La historiografía del cine español ha prestado tradicionalmente mucha más atención a los directores que a las mujeres que trabajaron detrás de las cámaras. Durante el franquismo y la Transición, distintas cineastas desarrollaron carreras que, por motivos diversos, apenas encontraron continuidad en los relatos posteriores sobre nuestra cinematografía. La censura, las dificultades de distribución y la escasa consideración de determinados formatos, como el cortometraje o el documental industrial, contribuyeron a relegar parte de su producción.

En los últimos años, Filmoteca Española ha colaborado con la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA) y distintas universidades en la recuperación de estas obras. Sus proyectos permiten volver a ver películas que llevaban décadas fuera de circulación y reconsiderar el lugar que ocupan sus autoras en la historia del cine español. Los casos de Nadia Werba, Adela Medrano y Cecilia Bartolomé muestran hasta qué punto la conservación de las películas condiciona también nuestra memoria cultural.

Nadia Werba: otra mirada sobre la España franquista

Uno de los ejemplos más interesantes es el de Nadia Werba, pintora y cineasta nacida en París en 1926. Formada artísticamente entre Francia y Argentina, se instaló en Madrid a finales de los años cincuenta, donde entró en contacto con los círculos culturales de la época. Después de dedicarse a la pintura, comenzó a trabajar en el cine y, entre 1965 y 1967, dirigió cuatro cortometrajes documentales: San Juan del Toro (1965), Maestros del duende (1966), Unos chicos, unas chicas (1966) y Catch (1967).

Sus películas ofrecen una mirada poco convencional sobre la sociedad española de los años sesenta. Frente a las representaciones oficiales del país, Werba se interesó por las costumbres populares, el espectáculo y las nuevas formas de ocio. En San Juan del Toro retrató las fiestas de San Juan de Soria y sus celebraciones taurinas desde una perspectiva antropológica que no eludía sus aspectos más violentos. En Maestros del duende se acercó al flamenco sin recurrir a su imagen turística habitual.

Fotograma de ‘Unos chicos, unas chicas’, Nadia Werba, 1966.
Filmoteca Española

Su propuesta más innovadora fue probablemente Unos chicos, unas chicas, un documental sobre jóvenes madrileños de clase acomodada que participaban en la emergente cultura del pop. La directora prescindió de una voz narradora que explicara sus comportamientos y permitió que fueran los propios protagonistas quienes hablaran de sus intereses y experiencias. Por su parte, Catch se adentró en el mundo de la lucha libre, uno de los espectáculos populares de aquellos años.

Aunque algunas de estas películas llegaron a festivales internacionales, como la Berlinale, la obra española de Werba quedó relegada tras su traslado a Italia en 1967. Allí continuó trabajando como pintora y documentalista, antes de dirigir también dos largometrajes de ficción en Estados Unidos durante los años ochenta.

Su recuperación comenzó a materializarse gracias a un proyecto conjunto de Filmoteca Española, CIMA y el Instituto Universitario del Cine Español de la Universidad Carlos III de Madrid. Los cuatro cortometrajes fueron restaurados a partir de materiales originales, escaneados a 4K, con especial atención a la recuperación del color de San Juan del Toro, cuya copia disponible presentaba un deterioro considerable.

Presentadas en el Festival de Málaga de 2024, estas restauraciones han permitido que las películas vuelvan a circular. Entre septiembre y diciembre de 2026 se proyectan en distintas localidades de Castilla y León dentro del ciclo FILMOTECACYL EN CORTO, acompañadas de un documental que contextualiza la trayectoria de la cineasta.

Adela Medrano: recuperar el cine que quedó fuera del canon

La trayectoria de Adela Medrano plantea otra cuestión: ¿qué sucede con aquellas directoras cuya obra pertenece a géneros que apenas han recibido atención de la historiografía cinematográfica?

Nacida en Barcelona en 1935, Medrano desarrolló buena parte de su carrera en el documental industrial y educativo durante los últimos años del franquismo. Vinculada a la productora Cinecorto, participó en trabajos como ¡…es así! (1972), codirigido con Luis Enrique Torán, y dirigió películas como Las calidades de la vida (1974) y Esculturas para un paisaje (1975). Sus producciones obtuvieron distintos reconocimientos en el Certamen Nacional de Cine Industrial.

Al mismo tiempo, construyó una destacada trayectoria académica. En 1981 se convirtió en la primera mujer en doctorarse en Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid, donde también fue profesora de Teoría y Técnica de la Realización. Su trabajo de investigación abordó, entre otras cuestiones, la tradición documental británica.

Pese a estos logros, Medrano ha ocupado durante mucho tiempo un lugar secundario en la historia del cine español. Su matrimonio con Carlos Saura, con quien colaboró durante sus primeros años profesionales, contribuyó a que su biografía quedara a menudo vinculada a la del director. A ello se suma la escasa consideración del documental industrial frente al largometraje de ficción, tradicionalmente situado en el centro de los estudios cinematográficos.

Sin embargo, sus películas demuestran que un encargo publicitario o institucional también podía ofrecer posibilidades creativas. En Cerro Colorado (1972), Medrano retrató la actividad minera de Riotinto, en Huelva, combinando imágenes de los procesos industriales con elementos culturales de la región. En El café hoy (1980), realizado para Nestlé, recorrió la historia de esta bebida y su proceso de elaboración, acompañando las imágenes con fragmentos de la Cantata del café de Johann Sebastian Bach.

Filmoteca Española y CIMA han recuperado cuatro de sus obras: Las calidades de la vida y Esculturas para un paisaje, restauradas y difundidas en 2022, y Cerro Colorado y El café hoy, recuperadas posteriormente y presentadas en 2025 en la Muestra Internacional de Cine sobre Patrimonio Industrial y Paisajes Culturales de Gijón.

Su caso recuerda que las ausencias en la historia del cine no siempre responden a la inexistencia de películas, sino también a los criterios con los que decidimos cuáles merecen ser estudiadas y conservadas. Recuperar la obra de Medrano significa reconocer el valor de una actividad cinematográfica que durante décadas quedó fuera de los relatos más conocidos.

Cecilia Bartolomé: las películas que desafiaron la censura

El caso de Cecilia Bartolomé es distinto. Su importancia como pionera del cine feminista español está ampliamente reconocida, pero sus primeras películas permiten comprender cómo la censura pudo interrumpir una trayectoria cinematográfica.

Nacida en Alicante en 1940, Bartolomé estudió en la Escuela Oficial de Cinematografía de Madrid, donde comenzó a rodar obras que cuestionaban abiertamente las convenciones morales del franquismo. Lo hizo mediante la sátira, la comedia y el musical, géneros que utilizó para abordar asuntos que apenas tenían cabida en las representaciones oficiales de la sociedad española.

En 1965 escribió y dirigió Carmen de Carabanchel, un cortometraje inspirado en las conversaciones que escuchaba en una peluquería del barrio madrileño. Allí, distintas mujeres hablaban de los riesgos que asumían para interrumpir embarazos no deseados, incluidos peligrosos métodos caseros con amoníaco. Bartolomé trasladó aquellas experiencias a una comedia que parodiaba la ópera Carmen, de Bizet, y denunciaba la desprotección de las mujeres en una sociedad donde los anticonceptivos estaban prohibidos. La película provocó tal rechazo en la Escuela de Cine que la directora tuvo que repetir curso.

Fotograma de ‘Margarita y el lobo’, Cecilia Bartolomé, 1969.
Filmoteca Española

Cuatro años después realizó Margarita y el lobo (1969), su mediometraje de graduación. Inspirado en la novela Les stances à Sophie, de la escritora francesa Christiane Rochefort, el filme utilizaba los números musicales para narrar la historia de una joven que se separa de su marido y busca una vida independiente.

La película cuestionaba el matrimonio, la moral religiosa y las expectativas sociales impuestas a las mujeres, con un tono irreverente que resultó especialmente incómodo para las autoridades franquistas. Su censura y las dificultades posteriores para desarrollar nuevos proyectos impidieron que Bartolomé dirigiera su primer largometraje hasta Vámonos, Bárbara (1978).

Hoy, Carmen de Carabanchel y Margarita y el lobo forman parte del catálogo de restauraciones en difusión de Filmoteca Española. Su recuperación facilita que ambas películas vuelvan a proyectarse y que nuevas generaciones puedan conocer un cine que ya cuestionaba abiertamente la subordinación femenina mucho antes de la llegada de la democracia.

Recuperar las películas, reconstruir la memoria

Las experiencias de Werba, Medrano y Bartolomé son diferentes, pero revelan un problema común: la historia del cine no depende únicamente de las películas que se rodaron, sino también de las que pudieron conservarse, distribuirse y estudiarse.

Durante décadas, numerosas obras permanecieron fuera del alcance del público por razones que iban desde la censura hasta la fragilidad de los soportes cinematográficos o la falta de interés institucional. Otras quedaron relegadas porque pertenecían a géneros considerados menores, a pesar de su valor artístico o documental.

Los proyectos de Filmoteca Española y CIMA buscan corregir parte de estas ausencias mediante la localización de materiales, su restauración y su posterior difusión. Se trata de una tarea técnica, pero también historiográfica: permite revisar atribuciones, estudiar trayectorias poco conocidas y ampliar el conjunto de películas a partir del cual se escribe nuestra historia cinematográfica.

El Día Mundial del Patrimonio Audiovisual recuerda la importancia de preservar las imágenes del pasado, pero también invita a preguntarse quiénes han podido ocupar un lugar en esa memoria compartida. La recuperación de estas cineastas demuestra que todavía quedan historias por contar y películas por descubrir.

Porque conservar una película no consiste únicamente en impedir que desaparezca: también significa devolverle la posibilidad de encontrar espectadores y formar parte de la historia.

TAGS DE ESTA NOTICIA