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‘The Dream Hotel’ de Laila Lalami: el libro que imagina un mundo donde el poder coloniza el sueño

La escritora marroquí-americana exhibe en su última novela una exploración de la opresión y la vigilancia en un universo onírico donde los sueños ya no son libres

'The Dream Hotel', de Laila Lalami: el libro que imagina un mundo donde el poder coloniza el sueño
'The Dream Hotel', de Laila Lalami: el libro que imagina un mundo donde el poder coloniza el sueño. Montaje: kiloycuarto
Montaje: kiloycuarto

The Dream Hotel, la última novela de la escritora marroquí-estadounidense Laila Lalami, es una de esas distopías que se llen como espejo: una ficción que se instala en el cuerpo del lector y provoca una sensación física de impotencia, rabia y asfixia. La premisa es tan sencilla como terrorífica: ¿qué pasaría si un sistema de inteligencia artificial pudiera leer no solo nuestros datos, sino también nuestros sueños? ¿Qué ocurriría si el Estado decidiera encarcelar a los ciudadanos por lo que podrían llegar a hacer, en lugar de por lo que han hecho?

La novela arranca con una escena que parece conocida porque forma parte del imaginario del control contemporáneo. Sara Hussein, archivista de museo, casada, madre de mellizos, aterriza en el aeropuerto internacional de Los Ángeles y, como tantas veces hemos visto en el cine, es apartada por los agentes de inmigración y aduanas. Pero en este futuro cercano el motivo del arresto ya no es una maleta sospechosa: es su mente. El sistema estatal de seguridad, una IA llamada Scout, ha detectado “algo irregular” dentro de ella. Lo que se castiga aquí es el riesgo, el cálculo anticipado de un posible mal futuro.

“The Dream Hotel”, de Laila Lalami: el libro que imagina un mundo donde el poder coloniza el sueño
“The Dream Hotel”, de Laila Lalami: el libro que imagina un mundo donde el poder coloniza el sueño

Sara se considera una mujer corriente. Tanto, que se pensaba a salvo de lo que ella llama “las clases delincuentes”. Esa confianza se quiebra cuando un agente le comunica que su “risk score” (puntuación de riesgo) es demasiado alta y la envían a Madison, un centro femenino de retención en California instalado en lo que antes fue una escuela primaria. Allí, en teoría, un historial de buena conducta debería rebajar su puntuación y facilitar su salida. En la práctica, su destino queda en manos de los guardias: su número puede bajar… o no bajar nunca.

The Dream Hotel imagina un sistema de detención preventiva llamado “retainment”: las “retainees” son encerradas inicialmente durante 21 días, pero a partir de ahí la retención se renueva de forma automática, “potencialmente para siempre”. La justificación ya no se llama castigo, sino gestión del riesgo. Cada ciudadano tiene una puntuación calculada por algoritmo a partir de su rastro digital en la nube, de redes de vigilancia y, sobre todo, de un dispositivo decisivo: Dreamsaver, un implante craneal popularizado para mejorar el descanso. El detalle más perverso está en la letra pequeña: la empresa se reserva el derecho a compartir los sueños con el Gobierno. El mundo lo acepta. Parece haber reducido el terrorismo. Es el intercambio perfecto para el poder: seguridad a cambio de intimidad. Incluso la última frontera.

Lo importante es que Lalami no plantea un futuro abstracto, sino una derivación lógica de los mecanismos actuales. La autora lleva años analizando cómo la ciudadanía estadounidense funciona como un sistema de dos velocidades: derechos diferentes según raza, origen, clase, género. En Conditional Citizens (2020), su ensayo sobre la pertenencia, ya desmontaba la neutralidad del sistema. Su ficción, desde Hope and Other Dangerous Pursuits hasta The Moor’s Account y The Other Americans, ha explorado esas fracturas en distintos tiempos y geografías. Ahora da un salto hacia delante: imagina cómo la IA, lejos de corregir desigualdades, puede incorporarlas como código.

Porque lo que hace Scout es, justamente, disfrazar viejos prejuicios con estética de neutralidad. Sara recuerda el trato racista que recibieron sus padres, inmigrantes marroquíes, en aeropuertos estadounidenses. La “policía digital” se vende como nueva era, pero los sesgos reaparecen dentro de la herramienta, programados como norma: sueños extraños, discusiones domésticas, antecedentes de consumo, familiares con pasado penitenciario. Todo suma para una condena. Incluso lo que debería protegerla: en sus notas médicas consta que Sara sufrió una agresión sexual a los 19 años. Ese trauma le añade tres puntos a su puntuación de riesgo. El sistema lo lee como amenaza. La víctima se convierte en sospechosa.

El libro se vuelve entonces una anatomía de la indefensión burocrática: audiencias aplazadas al azar, visitas denegadas, llamadas cortadas y encarecidas, invasión total de la privacidad. “La cárcel es un lugar más allá de la vergüenza”, escribe Lalami al hablar de esa atmósfera donde cualquier humillación acaba pareciendo inevitable. Sara envía correos de protesta que solo reciben respuestas automáticas, esas frases vacías que condensan la impunidad contemporánea: “Estamos trabajando para resolver interrupciones del servicio”; “Este ticket se marca como resuelto”. El lenguaje administrativo es una forma de violencia.

Lo más inquietante es la lógica social que acompaña a la máquina. La detención preventiva crea su propio relato de justificación: “Debió hacer algo”, comenta una interna sobre una mujer retenida desde hace tiempo. “Si la tienen aquí tanto, será por algo”. El algoritmo se vuelve religión y la sospecha se vuelve sentido común.

Por eso The Dream Hotel no brilla solo como distopía tecnológica, sino también como novela política. Su fuego está en la rapidez con la que todo se consume y en la claridad con la que expone lo que está pasando: la erosión de libertades no llega con sirenas, sino con contratos, implantes, puntuaciones, interfaces y una obediencia que se vuelve hábito. El poder ya no necesita ocupar la calle: le basta con ocupar el sueño.