TENIS

Charo Esquiva, la nueva promesa del tenis español: “Quiero estar entre las 30 mejores del mundo”

La tenista alicantina, que acaba de conquistar dos títulos profesionales consecutivos, repasa con Artículo 14 sus ambiciones y los retos de su carrera

Charo Esquiva tiene 18 años y una carrera que ya acumula logros con los que muchas tenistas sueñan. Ha sido la novena mejor tenista júnior del mundo, ha disputado los Grand Slams de su categoría y se ha proclamado subcampeona de Europa. Ha dedicado buena parte de su adolescencia a entrenar, viajar y competir mientras otros jóvenes de su edad descubrían qué querían hacer con su futuro. Y, sin embargo, cuando habla de lo que ha aprendido hasta ahora, no empieza por los trofeos ni por las clasificaciones. Habla de confianza, presión y disfrute.

En apenas dos semanas, la alicantina ha conquistado los torneos profesionales de Yecla y Baza, sus dos primeros títulos en esta nueva etapa. Dos victorias que han reforzado una convicción que llevaba tiempo intentando interiorizar: “Tenía que confiar más en mí misma, creer que puedo hacerlo bien, que puedo ganar a la jugadora que sea, que tengo el nivel“, explica a Artículo 14.

Dos títulos para descubrir de lo que es capaz

En Yecla, Esquiva conquistó el primer título profesional de su carrera después de acceder al cuadro principal con una invitación de la Federación Española. Llegaba sin grandes expectativas, consciente de la dificultad del torneo y sin haber superado anteriormente las semifinales en esa competición. Sin embargo, fue avanzando rondas hasta proclamarse campeona: “Eran dos torneos en los que no tenía muchas expectativas, porque son torneos grandes y nunca había pasado de semifinales en ninguno de ellos”, recuerda.

La victoria le permitió afrontar con otra perspectiva el siguiente desafío. Apenas unos días después, volvió a la pista para disputar el torneo de Baza y repitió la hazaña. “El partido de la primera semana me ayudó muchísimo a ganar confianza y a poder seguir. Empecé a jugar bastante bien, me sentía muy a gusto y fue muy bonito“, cuenta.

El reto consistía en trasladar esas sensaciones a un nuevo torneo, con otras pistas y otras condiciones. Y lo consiguió. “En Baza intenté adaptarme a las pistas y, poco a poco, fui ganando confianza“, afirma.

Encadenar dos títulos profesionales supone mucho más que sumar puntos en el ranking. Para una jugadora que acaba de dar el salto desde el circuito júnior, significa comprobar que el trabajo de años puede traducirse también en resultados entre las profesionales. Esquiva ha encontrado en estas dos semanas una primera recompensa y una base sobre la que seguir creciendo.

La tenista Española, Charo Esquiva, durante un partido de tenis
Imagen cedida por Charo Esquiva

Del número nueve júnior a construir su propio camino

Antes de comenzar esta nueva etapa, Esquiva ya se había situado entre las mejores tenistas júnior del mundo. Alcanzó el número nueve del ranking, se proclamó subcampeona de Europa y acumuló experiencia en los grandes torneos internacionales de su categoría.

Son logros importantes para una deportista tan joven, aunque alcanzar determinadas metas pronto también puede convertirse en una fuente de presión. A Esquiva le ocurrió en 2024, después de una temporada especialmente positiva en la que empezó a exigirse más de lo que podía gestionar: “Venía de hacer una temporada muy buena para lo que yo esperaba, porque todavía tenía 15 años, y tenía las expectativas muy altas. Nadie me metía esa presión; me la metía yo misma“, reconoce.

Pensar demasiado en los resultados y anticipar los errores terminó afectando a sus sensaciones. Con la ayuda de su psicólogo deportivo, comenzó a cambiar la manera de afrontar la competición: “En 2024 veía todo como una amenaza, como si todo pudiera salir mal. En 2025 empecé a pensar qué pasaba si salía bien“.

Aprendió a centrarse en lo que podía controlar, a afrontar los partidos con una actitud más positiva y a no quedarse atrapada en los errores. Fue un aprendizaje que le permitió recuperar sensaciones y que ahora acompaña su estreno en el circuito profesional.

El cambio de categoría también exige paciencia. Los logros júnior no garantizan una posición en el ranking absoluto, y una jugadora que ha competido entre las mejores de su generación debe volver a sumar puntos para hacerse un hueco: “Es un poco chocante, porque vienes de estar entre las mejores y ahora tienes que empezar casi desde cero. Sabes que tu nivel no es el que indica el ranking que tenías hace unos meses, pero cuesta iniciarse en el circuito”, admite.

Lejos de verlo como un obstáculo insuperable, prefiere afrontarlo como un reto. “Creo que todavía puedo estar más arriba”, asegura. Sus primeros títulos profesionales son un impulso, pero no el destino final.

Charo Esquiva durante un partido de tenis
Imagen cedida por Charo Esquiva

La cabeza también gana partidos

La experiencia le ha enseñado que el tenis no se decide únicamente con la raqueta. En un circuito en el que las jugadoras entrenan durante horas y compiten a un nivel muy alto, la fortaleza mental puede marcar diferencias: “Todas entrenamos muchas horas y jugamos bien. Creo que lo que marca la diferencia es la mentalidad que tiene cada una: cómo ves los puntos, si te enfadas, si te vienes abajo o si buscas el fallo, intentas mejorarlo y juegas el siguiente punto de la manera que toca”, reflexiona.

Su entrenador también ha sido importante en ese proceso. Esquiva destaca que siempre ha confiado en su trabajo y que la ha animado a dar el paso que necesitaba para competir con mayor seguridad: “Él sabía que estábamos entrenando bien, que necesitaba ese empujoncito para confiar un poco más en mí y que podía jugar así estos torneos y ganar alguno”.

Por eso, cuando habla de sus temores, no señala tanto las expectativas de los demás como las suyas propias. Sabe lo difícil que es llegar a la élite, pero quiere quedarse con la tranquilidad de haberlo intentado: “Desde pequeñita he querido ser profesional, pero sé que es algo muy difícil y que muy poca gente lo consigue. Espero haber dado todo lo que esté en mi mano. No puedo hacer más de lo que depende de mí“.

Una tenista que quiere mandar en la pista

La evolución mental también acompaña a su transformación como jugadora. Esquiva se define como una tenista luchadora, capaz de perseguir cada pelota y de no rendirse hasta el final. Ahora quiere añadir nuevas armas a esa identidad: agresividad, control e iniciativa: “Quiero ser una tenista agresiva, que controle el juego y saque bien“, explica.

Durante buena parte de su formación se acostumbró a jugar desde una posición más defensiva. Ahora intenta avanzar, asumir más riesgos y confiar en sus golpes. No quiere renunciar a su capacidad de resistencia, sino complementarla con una versión más ofensiva de su tenis: “En estos dos torneos he ido un poco más hacia delante, he sido más agresiva y creo que me ha salido bien. Antes no estaba tan acostumbrada a jugar así, pero poco a poco voy mejorando y me iré soltando más en los partidos”.

Entre sus referentes está Carlos Alcaraz. Le gustan su variedad de golpes, las dejadas, las voleas y la capacidad para sorprender al rival. Si pudiera pasar una hora hablando con él, sin embargo, no le preguntaría únicamente por cuestiones técnicas: “Me gustaría que me diese algún consejo para no meterme tanta presión, para manejarla mejor y para disfrutar también”.

La tenista española Charo Esquiva
Imagen cedida por Charo Esquiva

Una vida de viajes, entrenamientos y renuncias

Su historia con el tenis comenzó casi por casualidad. De pequeña acompañaba a su padre a jugar al pádel y disfrutaba golpeando la pelota contra la pared. Aquella afición terminó llevándola a una pista de tenis. A los 12 o 13 años empezó a entrenar prácticamente a diario y decidió que quería dedicarse profesionalmente a este deporte.

Desde entonces, su vida ha estado marcada por los entrenamientos, las competiciones y los desplazamientos. Acaba de terminar el bachillerato, que tuvo que estudiar a distancia, y ha comenzado la universidad con una planificación más flexible para poder priorizar el tenis: “Hacer una carrera y estar viajando cada semana es un poco irreal, casi imposible. Ahora voy más tranquila, haciendo tres o cuatro asignaturas al año, y las que consiga sacar, las habré sacado”.

Su rutina incluye tres horas de entrenamiento por la mañana, preparación física y más tenis por las tardes varios días a la semana. También ha tenido que aceptar renuncias personales. Mientras sus amigos salen los fines de semana, ella puede estar entrenando o compitiendo lejos de casa: “Ellos muchas veces salen por ahí los viernes o los sábados y yo quizá no puedo porque tengo entrenamiento o porque estoy fuera”.

Aun así, intenta no interpretar esas ausencias como algo que se está perdiendo. “No pienso que me esté perdiendo algo, sino que lo estoy viviendo de otra manera. La carrera de una deportista no dura muchos años y siempre habrá tiempo para disfrutar“.

Fuera de la pista, sus prioridades son sencillas: estar con sus amigos, jugar a videojuegos y pasar tiempo con su familia. Después de tantas semanas viajando, también agradece los días tranquilos en casa.

Cuando gana, sus padres son los primeros con quienes quiere compartir la alegría. “Me dicen que están muy orgullosos de mí y me alegra mucho, la verdad”. Cuando pierde, en cambio, prefiere darse un tiempo antes de hablar con nadie. Es una faceta más íntima de una deportista que, pese a su experiencia, sigue descubriendo cómo gestionar las emociones que acompañan a la competición.

Charo Esquiva durante un partido de tenis
Imagen cedida por Charo Esquiva

El sueño de llegar arriba sin dejar de disfrutar

Los objetivos de Esquiva son ambiciosos. A corto plazo, quiere acercarse al top 250 para tener más opciones de acceder a las fases previas de los Grand Slam. Después, aspira a aproximarse al top 100. Su gran sueño es entrar entre las 50 o las 30 mejores del mundo y, puestos a soñar, levantar algún día un título de Grand Slam.

También le gustaría volver a enfrentarse a la estadounidense Iva Jovic, con quien coincidió en torneos júnior y a quien considera una referencia por su ritmo de juego y su calidad: “Me gustaría volver a enfrentarme a ella y ver qué pasaría si yo subo a ese nivel. Las veces que hemos jugado me ha pasado bastante por encima, así que me gustaría ponerme a prueba“.

Medirse a las mejores sería una manera de comprobar cuánto ha avanzado y cuánto le queda por recorrer. Pero, cuando se le pregunta qué le diría a la Charo de hace diez años, su respuesta no tiene que ver con ganar más rápido ni con exigirse más. Tiene que ver con disfrutar del camino: “Para llegar arriba necesitas mucho esfuerzo, pero, si no disfrutas del camino, te vas a cansar y lo vas a pasar mal. No vale la pena sufrir de esa manera. Es mucho mejor disfrutar del día a día, de entrenar, de ponerte retos e intentar ser una mejor jugadora cada día”.

Cuando imagina cómo le gustaría que la recordasen al retirarse, piensa en algo que va más allá de los títulos: “Me gustaría que la gente me recordase como una persona que se esforzó para llegar ahí, que hizo todo lo posible y que al final lo consiguió”.

Charo Esquiva durante un partido de tenis
Imagen cedida por Charo Esquiva

A sus 18 años, Charo Esquiva apenas está comenzando su trayectoria profesional. Todavía tiene mucho que aprender y objetivos que perseguir, pero sus dos títulos consecutivos le han permitido comprobar que puede competir al nivel que desea. Ahora le toca seguir trabajando, afrontar los nuevos desafíos y descubrir hasta dónde puede llegar.

Su historia no se mide únicamente en trofeos ni en posiciones del ranking. También está hecha de las renuncias que ha aceptado, de la presión que ha aprendido a gestionar y de la ilusión con la que sigue saliendo a la pista. Porque, para Charo, llegar lejos importa. Pero hacerlo sin dejar de disfrutar del camino importa tanto como el destino.

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