Visionarias

Alice Bentinck, cómo convertir el talento en un unicornio de 1.300 millones

Su empresa, Entrepreneur First, crea un entorno romántico donde se propone un modelo profesionalizado donde no se elige “disponible”, sino al socio más adecuado

En el ecosistema tecnológico europeo, pocas figuras encarnan una transformación tan profunda del emprendimiento como Alice Bentinck. Su propuesta desafía una de las narrativas más arraigadas del capitalismo innovador apostando por el talento sobre la intuición.

Ese enfoque también refleja su propia biografía. Su marido, a quien conoció a través de internet en una época en la que aún no era socialmente habitual reconocerlo, es hoy también su socio en la construcción de proyectos empresariales. Según Bentinck “ las relaciones, personales o profesionales, no son fruto del azar sino de una elección consciente y estratégica. Un día, tu mejor amigo se volverá hacia ti y te dirá: ‘Oye, deberíamos montar una empresa juntos. Y tú deberías responder. Creo que sería mejor si nos uniéramos an Entrepreneur First’”.

Su empresa, Entrepreneur First, crea un entorno romántico donde se propone un modelo profesionalizado donde no se elige “disponible”, sino al socio más adecuado.

El fin del cofundador por conveniencia

Durante años, conocer a una pareja a través de internet se entraba dentro del área de la desesperación porque era el último recurso. Hoy, las aplicaciones de citas son tan normales como eficaces. Bentinck recuerda que hace apenas una década ella misma ocultó a sus padres cómo había conocido a su marido. El paralelismo con el emprendimiento penaliza. “Seguimos confiando en el azar, en el amigo adecuado en el momento adecuado, cuando deberíamos sistematizar el proceso para no ser penalizados”.

La escasez de cofundadores adecuados es, además, un problema estructural fuera de centros como Silicon Valley. “En Europa, muchos emprendedores terminan asociándose con quién está disponible, minimizando sus probabilidades de éxito. El cofundador por conveniencia limita el potencial de proyectos que, de otro modo, podrían escalar”.

El modelo de Entrepreneur First (EF) se construye precisamente sobre esa premisa. “Hemos creado un mercado de talento cuidadosamente seleccionado. Un enfoque que invierte la lógica tradicional del capital riesgo”.

La productividad como rasgo diferencial

El resultado, según Bentinck, surge de la transformación radical de la productividad. Los equipos más exitosos de EF ejecutan sus acciones con velocidad y rigor sin dejarse llevar por una buena idea. Con una iteración constante, sus ejecutivos hablan en términos de decisiones semanales multiplicando capacidades. En ese proceso, la idea emerge como consecuencia, no como origen.

Esta noción de “innovación combinada”, la intersección de habilidades, experiencias y perspectivas, permite diversificar y explorar territorios que ningún individuo podría alcanzar por sí solo. Es, en esencia, una defensa del emprendimiento como disciplina colectiva.

De Londres a unicornio global

La validación de este enfoque ha convertido a Entrepreneur First en un unicornio. Hace apenas un mes, alcanzó una valoración de 1.300 millones de dólares tras una ronda de 200 millones, entrando en el exclusivo club de los unicornios. Su cartera supera ya los 16.000 millones de dólares, frente a los 3.000 millones de 2022.

EF ha pasado en una década de ser una iniciativa experimental en Londres a convertirse en un actor global que conecta Europa con Estados Unidos. Su estrategia más reciente, trasladar a sus startups a EE UU durante parte del programa, generó escepticismo inicial, pero ha demostrado ser eficaz.

El acceso directo a clientes estadounidenses, explica Bentinck, “cambia radicalmente el ritmo de las compañías. Se mueven en horas y días, no en semanas y meses”. Esa velocidad cultural redefine las expectativas sobre lo que significa construir una empresa.

El traslado a Estados Unidos, especialmente a San Francisco, implica también un choque cultural. Los fundadores europeos tienden a infravalorar la agresividad necesaria en la captación de inversión. En Europa, el capital de riesgo se sigue percibiendo como un mercado dominado por los inversores mientras que en EE UU, los emprendedores deben actuar como si liderarán el proceso.

Ese cambio de mentalidad es, para Bentinck, uno de los aprendizajes clave. “No se trata de adoptar una arrogancia impostada, sino de encontrar el equilibrio entre la confianza y credibilidad. Una línea fina, especialmente relevante para las mujeres?

Mujeres líderes en un ecosistema en transformación

La trayectoria de Bentinck también se inscribe en una conversación más amplia sobre el papel de las mujeres en el emprendimiento tecnológico. Durante años, los inversores han tendido a replicar patrones de éxito masculinos, lo que ha contribuido a infravalorar a fundadoras.

Sin embargo, los datos empiezan a mostrar un cambio de tendencia. Nuevas generaciones de inversores buscan activamente perfiles diversos, conscientes de que el talento disruptivo rara vez se ajusta a moldes preexistentes.

Bentinck insiste en que las mujeres no deben adaptarse a un modelo masculino de liderazgo. “Creo que deben redefinirlo. Liderar no implica imitar, implica ampliar el repertorio de estilos posibles”.

Más allá de cifras y valoraciones, la aportación de EF plantea cambiar el modelo de “talent investing” democratizando el acceso. Al identificar individuos excepcionales antes de que tengan una idea o un equipo, EF amplía el universo de posibles emprendedores. Personas que, de otro modo, habrían seguido carreras corporativas convencionales pueden explorar la creación de empresas. Según Bentinck, muchos de los fundadores que han pasado por EF no habrían creado una startup sin ese entorno. Su potencial, y las tecnologías asociadas, se habrían perdido.

Pese a estos avances, Bentinck mantiene una mirada crítica sobre Europa. Considera que los inversores europeos aún subestiman la importancia de estar presentes en ecosistemas como Silicon Valley. Mientras los mejores fundadores europeos logran visibilidad internacional, los fondos de capital riesgo del continente siguen siendo menos activos en esos entornos. Una desconexión que podría limitar su competitividad a largo plazo.

Sin embargo, también hay señales positivas. La creciente presencia de inversores europeos en los “demo days” de EF indica un cambio de actitud. De cara al futuro, EF apuesta por profundizar en sectores como la inteligencia artificial aplicada y la deeptech. Ámbitos que requieren capital paciente y estructuras de apoyo a largo plazo.

La ambición es construir un vehículo de inversión permanente, un fondo evergreen, que permita sostener ese crecimiento. Un paso más en la evolución de un modelo que ya ha redefinido las primeras etapas del emprendimiento.

Bajo la tesis de Alice Bentinck, el éxito empresarial depende de formar el equipo adecuado. En un mundo donde la innovación es cada vez más compleja, la capacidad de combinar talentos se convierte en la verdadera ventaja competitiva. Quizá, como ocurrió con las citas online, el escepticismo inicial dé paso a una nueva normalidad. Una en la que fundar una empresa deje de ser un acto fortuito y se convierta en un proceso deliberado, diseñado para maximizar el potencial humano.