Inversión

Cómo proteger tus ahorros en tiempos de guerra

Ni el oro ni los bonos protegen siempre el dinero cuando estalla una crisis y existe una amenaza de inflación

Ahorrar en tiempos de guerra.
KiloyCuarto

Un aumento sostenido del 10% en el precio de la energía puede añadir entre tres y cuatro décimas a la inflación y restar entre una y dos décimas al crecimiento económico. Son cálculos del Fondo Monetario Internacional. Algunas firmas privadas ya empiezan a incorporar ese escenario en sus previsiones. Capital Economics estima que, si el petróleo y el gas siguen encareciéndose durante varias semanas, la inflación europea podría aumentar entre dos y tres décimas adicionales en los próximos meses.

Puede parecer un dato técnico, pero en realidad tiene una consecuencia muy directa. Cuando la inflación sube, el dinero que tenemos en el banco sigue mostrando la misma cifra, pero en la práctica vale menos. Con el tiempo, compra menos cosas.

Ese riesgo vuelve a estar sobre la mesa tras el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero. Durante semanas se hablaba de ese escenario como uno de los más extremos, pero la mayoría de los mercados no lo tenía realmente descontado. Ahora la situación es distinta. La incertidumbre ha aumentado y nadie sabe cuánto puede durar el conflicto ni hasta dónde puede escalar.

La primera reacción se ha visto en la energía. La cotización del petróleo Brent ha escalado hasta superar los 90 dólares por barril y algunos analistas empiezan a contemplar escenarios más tensos si el conflicto afecta al transporte de crudo en la región. No es un detalle menor. Oriente Medio concentra una parte clave del suministro mundial de petróleo y cualquier problema allí suele reflejarse casi de inmediato en el precio de la energía.

Para Europa esto es especialmente sensible. La economía europea depende mucho de las importaciones energéticas. Cuando el petróleo y el gas suben, tarde o temprano ese encarecimiento acaba trasladándose a la inflación.

Cuando la inflación se mueve, el ahorro también lo nota

Una persona introduce una moneda en una hucha.
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En España ese ahorro está muy concentrado en productos conservadores. Los últimos datos del Banco de España sitúan el volumen de depósitos de los hogares por encima del billón de euros. En concreto, alrededor de 1,09 billones al cierre de 2025. Es decir, una parte enorme del dinero de las familias sigue descansando en cuentas corrientes o depósitos.

Ese dinero está protegido. Los mecanismos europeos de garantía de depósitos cubren hasta 100.000 euros por cliente y entidad. El conflicto en Oriente Medio no cambia esa protección ni pone en cuestión la estabilidad del sistema financiero europeo.

El problema es otro. No es que el dinero desaparezca. Es que puede ir perdiendo valor si la inflación vuelve a acelerarse.

Ese temor empieza a notarse también en los mercados. En los últimos días la rentabilidad del bono español a diez años ha pasado de alrededor del 3% al 3,26%. Puede parecer un movimiento pequeño, pero en términos financieros supone una subida de 0,26 puntos desde que comenzó el conflicto.

Cuando la deuda a largo plazo deja de ser refugio

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A primera vista podría parecer una buena noticia. Mucha gente lee que “sube la rentabilidad de los bonos” y piensa automáticamente que eso es positivo para el ahorro. Pero en realidad depende de por qué ocurre.

Cuando las rentabilidades suben porque la inflación vuelve a presionar, como puede suceder si la energía sigue encareciéndose, el precio de los bonos suele caer. Es decir, los inversores que ya tenían esos títulos pueden ver cómo su valor baja en el mercado.

Por eso los bonos a largo plazo son especialmente sensibles a este tipo de cambios. Cuando el mercado revisa sus expectativas sobre inflación o tipos de interés, su precio puede moverse con bastante rapidez.

Por eso parte del dinero está empezando a mirar hacia plazos más cortos. En la última subasta de comienzos de marzo, las Letras del Tesoro a seis y doce meses volvieron a ofrecer rentabilidades por encima del 2%. Mientras tanto, el interés medio de los depósitos a plazo en España ronda el 1,6%, según los datos más recientes del Banco de España. Suficiente para que algunos ahorradores vuelvan a fijarse en la deuda pública de corto plazo.

Al mismo tiempo, muchos gestores empiezan a mirar también hacia otros sectores que históricamente se comportan mejor cuando el mundo se vuelve más incierto. Según explican los analistas de Allianz Global Investors, los mercados afrontan ahora “un shock significativo, aunque todavía no desestabilizador”, tras los ataques contra Irán.

Con ese escenario sobre la mesa, algunos inversores están reforzando su exposición a sectores que pueden beneficiarse de la situación. El primero es el energético. Si el petróleo se mantiene por encima de los 80 dólares por barril, los beneficios de muchas compañías petroleras suelen mejorar de forma significativa.

También está el sector defensa. Como explican desde eToro, “los períodos de alto riesgo geopolítico a menudo se traducen en una mejor visibilidad a medio plazo del gasto en defensa”. En otras palabras, cuando aumentan las tensiones internacionales, los presupuestos militares tienden a crecer.

El oro no siempre actúa como refugio

Fotografía titulada ‘La cámara del Tesoro’ (2014), que muestra la cámara de oro del Banco de España.
Banco de España/Isabel Tejeda

El oro sigue siendo otro de los activos que muchos inversores observan en este tipo de momentos. El metal precioso se ha acercado a la zona de los 5.000 dólares por onza tras haber marcado máximos recientes. Sin embargo, su comportamiento ha sorprendido a parte del mercado. En plena escalada del conflicto muchos esperaban que el oro subiera con fuerza. Lo que ocurrió fue lo contrario. El metal retrocedió desde los máximos antes de recuperar parte del terreno perdido.

Una de las razones está en el dólar. En momentos de tensión global, muchos inversores también buscan refugio en la moneda estadounidense. En los últimos días el dólar ha ganado terreno frente al euro hasta acercarse a los 1,15 dólares por euro.

Cuando el dólar se fortalece, el oro se encarece para quienes compran con otras monedas. Eso suele reducir la demanda internacional.

Además, las rentabilidades de los bonos estadounidenses también han repuntado. Y eso introduce otra variable importante. A diferencia de la deuda pública, el oro no paga intereses. Cuando los bonos ofrecen más rentabilidad, algunos inversores prefieren mover su dinero hacia esos activos.

Todo esto deja una conclusión bastante clara. Cuando las crisis nacen en la energía y terminan afectando a la inflación, incluso los activos considerados refugio pueden comportarse de forma inesperada.

Por eso muchos gestores insisten en una idea sencilla. En momentos de tensión geopolítica proteger el ahorro no consiste en apostar todo a un único activo. Se trata más bien de mantener una cartera equilibrada, con distintos tipos de activos y plazos, para poder resistir escenarios muy diferentes.

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