No hace falta disponer de decenas de miles de euros para empezar a construir un patrimonio. La constancia puede convertirse en una herramienta tan importante como la cantidad inicial. Invertir 100 euros al mes durante 20 años supone desembolsar 24.000 euros, pero el resultado final puede cambiar considerablemente dependiendo de qué se haga con ese dinero durante todo ese tiempo.
La diferencia aparece cuando entra en juego la rentabilidad. Guardar 100 euros cada mes sin obtener ningún rendimiento conduce exactamente a esos 24.000 euros. Mantenerlos en una cuenta que remunere al tipo medio actual apenas modifica la cifra. Invertirlos y reinvertir las ganancias puede elevar el capital final, aunque a cambio sea necesario asumir riesgos que una cuenta bancaria no tiene.
Ahorrar 100 euros al mes suma 24.000 euros en 20 años
El primer escenario es el más sencillo. Una persona que aparte 100 euros cada mes durante veinte años realizará un total de 240 aportaciones. Sin intereses ni rentabilidad, terminará acumulando 24.000 euros.
El saldo nominal será exactamente igual a la suma de todas las aportaciones. Sin embargo, esos 24.000 euros no tendrán dentro de dos décadas el mismo poder adquisitivo que actualmente debido a la inflación. Los precios tienden a aumentar con el paso del tiempo, por lo que mantener el dinero completamente parado implica asumir también un coste: poder comprar menos con la misma cantidad.
Este efecto es una de las razones por las que invertir 100 euros al mes durante un periodo largo puede producir un resultado muy diferente a limitarse a acumular efectivo.
Una cuenta al 0,16% apenas modifica el resultado

El último dato disponible del Banco de España sitúa la remuneración media de las nuevas operaciones en cuentas a la vista de los hogares alrededor del 0,16% anual. Es una rentabilidad muy reducida, aunque existe una gran diferencia entre entidades y determinadas cuentas remuneradas ofrecen actualmente tipos mucho mayores durante periodos promocionales.
Si, únicamente como simulación, una cuenta mantuviera ese 0,16% anual durante veinte años y los intereses fueran reinvertidos, una aportación de 100 euros mensuales terminaría generando aproximadamente 24.386 euros.
El ahorrador habría puesto 24.000 euros de su bolsillo y la rentabilidad habría añadido apenas unos 386 euros antes de impuestos. Dos décadas de ahorro periódico apenas cambiarían así el resultado final.
Eso no significa que las cuentas carezcan de utilidad. Su principal ventaja es otra: ofrecen liquidez, estabilidad y, con carácter general, protección del Fondo de Garantía de Depósitos hasta 100.000 euros por titular y entidad. Son características especialmente importantes para el dinero destinado a emergencias o gastos próximos.
Un fondo cambia la fotografía a largo plazo
El resultado es distinto cuando se utiliza una referencia histórica de inversión. Inverco sitúa en el 2,95% anual la rentabilidad media ponderada de los fondos de inversión españoles durante los últimos 20 años, una cifra neta de gastos y comisiones.
Si una persona decidiera invertir 100 euros al mes y consiguiera durante las próximas dos décadas exactamente ese rendimiento medio —una hipótesis que no está garantizada—, terminaría con aproximadamente 32.512 euros.
De esa cantidad, 24.000 euros procederían de sus propias aportaciones y unos 8.512 euros serían consecuencia de la rentabilidad acumulada. Frente a la simulación de una cuenta al 0,16%, la diferencia supera los 8.100 euros.
La comparación permite observar la importancia del tiempo, pero no significa que todos los fondos produzcan un 2,95%. Dentro de esta categoría conviven productos extremadamente diferentes. Según Inverco, la rentabilidad anualizada a 20 años ronda el 0,88% en determinados fondos de renta fija a corto plazo, mientras algunas categorías de renta variable han superado históricamente el 8%, 9% e incluso el 13% anual.
El interés compuesto empieza a trabajar con el tiempo

La principal explicación de esa diferencia está en el interés compuesto. Cuando una inversión genera una rentabilidad y esa ganancia permanece invertida, el nuevo rendimiento se calcula sobre una cantidad cada vez mayor. Los intereses o ganancias empiezan así a producir nuevas ganancias.
El efecto es reducido al principio y se vuelve más visible con los años. Además, al invertir 100 euros al mes, cada aportación dispone de un tiempo diferente para crecer. Los primeros 100 euros permanecen invertidos casi veinte años; los últimos apenas unas semanas.
Por eso no basta con multiplicar 24.000 euros por una determinada rentabilidad durante veinte años. El dinero entra progresivamente y el efecto de la capitalización actúa durante periodos distintos sobre cada aportación.
Una cuenta remunerada puede pagar más, pero no durante 20 años
La comparación también exige otra cautela. El 0,16% es una media y existen actualmente cuentas remuneradas con ofertas cercanas o superiores al 3% TAE. Si una cuenta pagara, por ejemplo, un 3,25% durante veinte años, las aportaciones mensuales alcanzarían aproximadamente 33.567 euros, incluso por encima de la simulación realizada con el fondo medio.
El problema es que las ofertas actuales no garantizan ese interés durante dos décadas. Muchas promociones duran unos meses o un año y después modifican la remuneración. Los tipos de las cuentas también suben y bajan dependiendo del mercado y de la política monetaria.
En un fondo ocurre algo diferente: tampoco existe una rentabilidad garantizada y el valor puede incluso caer durante determinados periodos. La CNMV recuerda que las rentabilidades pasadas no permiten anticipar los resultados futuros.
24.000 euros pueden terminar convirtiéndose en cantidades muy diferentes
La comparación deja una conclusión sencilla. Ahorrar 100 euros mensuales durante veinte años supone aportar 24.000 euros. Mantener una remuneración del 0,16% apenas elevaría la cantidad hasta unos 24.386 euros. Con una rentabilidad anual del 2,95%, utilizada únicamente como referencia histórica, el resultado alcanzaría aproximadamente los 32.512 euros.
La diferencia no aparece porque se haya ahorrado más, sino porque el dinero ha tenido tiempo para producir rendimiento y reinvertirlo. Pero invertir 100 euros al mes no es equivalente a mantenerlos en una cuenta: a cambio de aspirar a una mayor rentabilidad hay que aceptar fluctuaciones, riesgo y la posibilidad de pérdidas.
Veinte años son suficientes para que incluso pequeñas diferencias porcentuales acumuladas se conviertan en miles de euros. La cantidad mensual importa, pero el tiempo y lo que se hace con ese dinero pueden terminar siendo todavía más determinantes.

