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Raquel Sanitago (Petroprix): “El éxito no es llegar a un determinado puesto, sino mirar atrás y sentirte orgullosa de cómo has llegado”

La cofundadora y directora ejecutiva de Petroprix analiza con Artículo14 su principal reto de cara a los próximos años y hace un repaso a una carrera laboral que comenzó en la universidad

Raquel Sanitago, cofundadora y directora ejecutiva de Petroprix
Raquel Sanitago, cofundadora y directora ejecutiva de Petroprix

Raquel Sanitago es la cofundadora y directora ejecutiva de Petroprix, empresa familiar. Actualmente forma parte de la Dirección General junto a sus hermanos, participando en la estrategia, en decisiones de negocio, inversiones, organización y desde hace unos años en el ambicioso proyecto de expansión internacional.

Su trayectoria profesional comenzó muy joven, con poco más de 20 años, cuando todavía estaba en la universidad. Sus hermanos la animaron a incorporarse junto a ellos en proyectos empresariales para asumir la parte financiera.

Desde entonces, su carrera ha evolucionado al ritmo de nuestros proyectos, especialmente con el crecimiento de Petroprix. Ha pasado de participar prácticamente en todo a aprender a delegar, construir equipos y centrarse en decisiones estratégicas, sin perder nunca su conexión con las personas.

Hoy, cuenta a Artículo14 que su principal reto es acompañar el crecimiento de una compañía cada vez más internacional y compleja, consolidando una estructura sólida, sin perder la agilidad, el espíritu emprendedor y la cercanía que les ha traído hasta aquí.

¿Cuál ha sido la decisión más difícil en su carrera profesional?

No destacaría una única decisión. Desde que comencé en el mundo del emprendimiento, el día a día ha estado lleno de decisiones, algunas pequeñas y otras capaces de cambiar el rumbo de una empresa o de las personas que forman parte de ella.

Sin duda, las más difíciles para mí son aquellas que implican entrar en conflicto: iniciar un procedimiento judicial, afrontar un despido o tomar una decisión que sabes que va a afectar personalmente a alguien. Siempre intento agotar previamente todas las vías de diálogo, negociación y mediación. Creo profundamente en ellas. Pero también he aprendido que liderar implica asumir que no siempre es posible alcanzar un acuerdo y que, llegado ese momento, hay que tener la determinación necesaria para tomar decisiones difíciles.

 ¿Cuál es el consejo que más ignoró al inicio de su carrera y cuál fue la consecuencia? Y, ¿cuál fue el más útil?

Hay un consejo que ignoré al principio y que, sinceramente, sigo ignorando: “Por tu posición en la empresa no deberías establecer relaciones personales con tus compañeros y compañeras.”

Si lo hiciera, dejaría de ser yo y dejaría de entender el liderazgo como lo entiendo. Me gusta conocer a las personas con las que trabajo, saber qué les preocupa, qué les ilusiona y qué ocurre en sus vidas. Evidentemente, esa cercanía hace que algunas decisiones profesionales sean emocionalmente más difíciles, pero, haciendo balance, me ha aportado muchísimo más de lo que me ha restado.

Y probablemente el consejo más útil ha sido aprender a escuchar a todos por igual. No importa la posición que ocupes: siempre hay alguien a tu alrededor que sabe algo que tú no sabes o que puede ofrecerte una perspectiva que no habías contemplado.

¿Cuándo dejó de sentir que ya no tenía algo que demostrar y empezó a disfrutar del éxito profesional?

Creo que he tenido mucha suerte porque, a lo largo de mi trayectoria, he estado rodeada de personas que han sabido ver, reconocer y valorar mi trabajo. Por supuesto, siempre aparece algún comentario desafortunado o alguna situación en la que puedes sentir que tienes que demostrar más, pero en mi caso tengo que reconocer que han sido episodios anecdóticos.

Soy consciente de que muchas mujeres no han tenido la misma experiencia. Tengo compañeras y amigas que han tenido que demostrar muchísimo más para llegar al mismo lugar, incluso enfrentándose a incomprensión dentro de sus propias familias.

En mi caso más que pensar en demostrar, he intentado concentrarme en trabajar, aprender y disfrutar del camino, y que este fuera el que demostrara lo que soy. Para mí el éxito no es llegar a un determinado puesto, sino poder mirar atrás y sentirte orgullosa de cómo has llegado hasta allí y, sobre todo, de las personas que te han acompañado.

 ¿Qué mito sobre el liderazgo femenino le gustaría desterrar para siempre?

Que las mujeres somos débiles. No lo somos en absoluto.

Podemos ser sensibles, empáticas y emocionales, y durante mucho tiempo esas características se han confundido equivocadamente con debilidad. Yo creo precisamente lo contrario. La sensibilidad y la empatía te permiten entender mejor a las personas, interpretar situaciones desde perspectivas diferentes y ser más consciente del impacto que tienen tus decisiones.

Y eso no significa que no sepamos tomar decisiones difíciles. Se puede ser cercana y exigente; sensible y firme; empática y tremendamente determinada. No tenemos que renunciar a ninguna de esas cualidades para ejercer el liderazgo. De hecho, creo que cuando conseguimos combinarlas aparece una forma de liderar muy consciente.

¿Qué hábito o ritual sigue para mantener la creatividad y la claridad mental en su día a día?

Siempre que puedo comienzo el día en el gimnasio. Para mí no es solamente ejercicio físico; buena música en los cascos y es mi forma de ordenar la cabeza antes de empezar una jornada que normalmente viene cargada de reuniones, decisiones y asuntos muy diferentes entre sí. Ese tiempo me ayuda muchísimo mentalmente, y de paso le damos tono al musculo, que los años van pasando.

Pero hay otra cosa que considero fundamental: las personas de las que me rodeo. Tengo la enorme suerte de contar con amigos, compañeros y personas muy cercanas que me aportan energía, perspectivas diferentes y muchas ganas de seguir haciendo cosas.

Cada vez estoy más convencida de que nuestro entorno influye muchísimo en nuestra manera de afrontar la vida. Rodearte de personas que suman, que te hacen pensar, reír y relativizar los problemas es una de las mejores formas de mantener la cabeza despejada.

 ¿Cuál es su fórmula para conciliar la vida profesional con la familiar?

Lo primero que tengo que decir es que soy una privilegiada. Trabajo en Martos, en Jaén, y durante muchos años he tenido a cinco minutos a mis padres, mis hijas, sus colegios y prácticamente toda mi vida familiar. Eso me ha permitido escaparme cuando me han necesitado y después continuar con mi jornada sin que supusiera una gran interrupción profesional.

Además, mi marido ha estado siempre al pie del cañón conmigo. La educación de nuestras hijas ha sido cosa de los dos, y eso ha sido fundamental para poder desarrollar mi carrera.

A  mis hijas intento darles tiempo de calidad y, al mismo tiempo, transmitirles algo que para mí es muy importante: el valor de la independencia, del esfuerzo y del trabajo.

Pero para mí conciliar no significa únicamente ser madre. También significa poder ejercer de hija. Mis padres se han hecho mayores y ahora necesitan más nuestra ayuda y nuestra compañía. Intento pasar un rato con ellos cada día, acompañarlos y disfrutar de esta etapa. Al final, conciliar es conseguir estar presente en la vida de las personas que quieres, sin dejar de mimarte a ti misma y tu carrera profesional.

 Un error profesional del que aprendió una lección valiosa

Una de las lecciones más importantes que he aprendido es saber soltar a tiempo.

Cuando emprendes, la ilusión, el compromiso y la confianza en lo que estás construyendo son fundamentales, pero a veces también pueden jugar en tu contra. Te llevan a aferrarte a proyectos que ya no tienen recorrido o a mantener a personas en determinadas responsabilidades cuando, en el fondo, sabes que quizá no son las adecuadas para desempeñarlas.

En ocasiones, confías en que las circunstancias cambien, en que aparezcan capacidades que no están apareciendo o en que el tiempo termine solucionando algo que tú deberías haber afrontado antes.

He aprendido que perseverar no siempre significa seguir insistiendo. A veces, la decisión más valiente y responsable es reconocer que algo no funciona y saber cuándo cambiar de rumbo.

Porque dirigir también implica tomar decisiones difíciles, incluso cuando van en contra de tu propia ilusión. Y saber soltar a tiempo no es rendirse, sino dejar espacio para que las cosas puedan avanzar.

Si el éxito profesional fuera un deporte, ¿qué tipo de entrenamiento recomendaría para jugarlo bien?

Entrenaría dos disciplinas.

La primera sería resistencia en montaña, porque una carrera profesional se parece mucho a recorrer un terreno que nunca es completamente llano. Hay subidas, bajadas, momentos en los que avanzas rápidamente y otros en los que simplemente tienes que resistir. Lo importante es aprender a adaptarte al terreno sin perder de vista hacia dónde quieres ir.

Y la segunda sería una carrera de obstáculos por equipos. Porque no creo demasiado en los éxitos individuales. En un buen equipo, cada persona aporta una habilidad diferente y compensa las debilidades de los demás.

Profesionalmente he aprendido que rodearte de personas mejores que tú, no te hace más pequeño, sino que hace muchísimo más grande al equipo. Y juntos siempre podemos llegar más lejos

Un imprescindible en el bolso

Un paquete de pañuelos.

Tengo la lágrima fácil y, con los años, he dejado de considerar que eso sea una debilidad. Me emociono con facilidad, tanto con las cosas buenas como ante determinadas situaciones difíciles, y forma parte de mi manera de ser.

A veces una lágrima es simplemente un pequeño paréntesis: un momento para parar, respirar, ordenar lo que estás sintiendo y después continuar.

Así que mis pañuelos tienen una doble función: secar alguna lágrima y recordarme que ser sensible no está reñido con ser fuerte. Puedes emocionarte y, cinco minutos después, enfrentarte con toda la determinación del mundo a aquello que tengas delante.

 Su cita o frase vital.

Hay una frase que utilizo muchísimo, tanto en mi vida profesional como personal:

“Estas son las cartas que tenemos. Si no podemos cambiarlas, juguemos nuestra mejor partida.”

Intento aplicarla en cualquier circunstancia, porque la vida no siempre nos reparte las mismas cartas. Cuando vienen malas, hay que saber aceptarlas sin resignarse, adaptarse y concentrar la energía en hacer la mejor jugada posible con lo que tenemos.

Pero también creo que es igual de importante saber reconocer cuando las cartas son buenas. Hay momentos en los que el viento sopla a favor, las cosas funcionan y la vida te ofrece oportunidades, y también hay que saber aprovecharlas, disfrutarlas y ser consciente de la suerte que tienes.

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