La artesanía española busca su lugar en la era de la inteligencia artificial

Desde diciembre se podrán solicitar las nuevas ‘denominaciones de orígenes’ para artesanías en toda Europa, y España jugará un papel clave

Silvia Delgado, de la Fundesarte y la EOI
Silvia Delgado, directora de Fundesarte.
Kiloycuarto.

El mundo está inmerso en la Cuarta Revolución Industrial. La máquina de vapor, la electricidad, la digitalización y ahora la robotización o la inteligencia artificial son los grandes hitos que explican la historia económica del planeta. Cabe pensar que, en consecuencia, hay escenas ya al borde de la extinción. Una ceramista en un taller de La Rambla, en Córdoba, moldeando una vasija en el torno. Un guitarrero en Madrid, curvando los aros y encolando un nuevo instrumento. Oficios sin relevo, destinados a desaparecer en pos de la industrialización, de la producción masiva de artículos asequibles para todo el mundo.

Pero el final no está escrito. Hace dos años entró en vigor una regulación europea que introduce las “indicaciones geográficas de productos artesanales e industriales”, conocido como el Reglamento IGAI. Ahora, desde diciembre, agrupaciones de artesanos podrán inscribir como marcas protegidas, con un instrumento similar a las denominaciones de origen de los alimentos, sus artículos. La cuchillería de Albacete, el cuero de Ubrique, la cerámica de Talavera, podrán ser reconocidos en toda la Unión Europea, lo que conlleva una serie de medidas de impulso a las pymes que el sector artesanal espera con ganas.

España jugará un papel imprescindible en esta regulación comunitaria. El organismo competente de aceptar e inscribir las nuevas indicaciones geográficas artesanales será la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea, EUIPO por sus siglas en inglés. Esta institución tiene su sede fija en Alicante, y desde este lunes tendrá que aceptar las solicitudes que vayan llegando de todos los artesanos de los Veintisiete.

El valor de lo artesanal

En tiempos de inteligencia artificial incluso intangibles como canciones, vídeos o imágenes pueden ser generados sin que medie un ser humano. Quizá esta sea una posible explicación para entender por qué, junto al Reglamento IGAI, el sector artesanal puede respirar de alivio. En una época en la que incluso una canción puede ser fabricada sin que haya una persona detrás, lo artesano cobra atractivo. Es difícil aportar datos para un sector que en España está muy atomizado: el Instituto Nacional de Estadística no tiene un código CNAE (Clasificación Nacional de Actividades Económicas) específico para las artesanías. Por eso, los pocos números que afloran surgen de estudios elaborados a raíz de profundas investigaciones comerciales.

Pero un par de cifras invitan al optimismo. En 2014, según el último informe Situación de la artesanía en España elaborado por la Escuela de Organización Industrial (EOI), el sector contaba con 38.577 empresas. De ellas, casi el 70% eran personas físicas. El empleo que producía el sector entonces ascendía a los 104.791 puestos de trabajo. Un segundo informe fechado ocho años después, en 2022, elaborado por la consultora KPMG, duplica los números. Si bien no compartían metodología, KPMG concluía que en 2022 había 64.000 empresas en el sector, generando 213.000 empleos. La artesanía en España aportó entonces 6.049 millones de euros, el 0,54% del PIB nacional.

La situación no es exclusiva de España. Una encuesta reciente de la Organización Industrial del Trabajo señalaba a los artesanos como los menos expuestos al auge de la IA. La firma de análisis Research and Markets cifraba el mercado global de la artesanía en 907.000 millones de dólares en 2024, y prevé para 2033 que alcance los 1,94 billones (sí, billones). ¿Por qué este éxito de lo artesano?

Un sector al alza

Silvia Martín Delgado es la responsable de Fundesarte, la pata de la Fundación EOI dedicada a la artesanía española. Posiblemente, una de las personas que más y mejor conocen el latir de los artesanos nacionales: el organismo en el que trabaja lleva meses, cuando no años, participando en talleres, conferencias y charlas para dar a conocer el nuevo Reglamento IGAI y también para incentivar sinergias dentro de la artesanía.

Precisamente por el conocimiento y cercanía que tiene del sector, Silvia Martín es consciente de que efectivamente sí, habrá oficios que desaparezcan. “Hay muchos oficios que se van a extinguir porque no hay relevo. Hay un organista, una persona que hace órganos en Burgos, y que no tiene nadie en el taller que le releve”, cuenta en una entrevista telefónica con Artículo14. Pero esa falta de relevo no tiene por qué responder a que a los jóvenes no les interesen los oficios artesanos. “Es porque a lo mejor la persona indicada no sabe siquiera que existe el oficio de organista”, resume. “Por eso desde Fundesarte tratamos de dar visibilidad a todos estos trabajos”.

Taller de un luthier italiano en Génova
Unsplash/Mario La Pergola

“Hay mucha gente joven haciendo cosas de artesanía”, continúa. “Pero tal vez centrados en otras cosas”. “No es que no haya trabajo”, incide, y muchos jóvenes están encontrando vocación y oficio refugiándose en las zonas rurales. La artesanía puede ser un factor para llenar esa España vaciada, y precisamente el Reglamento IGAI persigue ponerlo en valor con incentivos como el desarrollo incluso de rutas turísticas relacionados con los oficios.

Oficios en transformación

Martín Delgado enfatiza en que hay jóvenes llegando al sector artesanal. Fundesarte es la responsable de fallar anualmente los Premios Nacionales de Artesanía que impulsa el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo. “El año pasado”, destaca la responsable, por 2024, “lo ganaron unas chicas del País Vasco donde hacen todo el ciclo de la lana con su rebaño de ovejas”. “Colaboran con diferentes empresas para proveerles de lana artesanal y trabajan con marcas súper importantes”.

De hecho, el perfil del artesano, poco a poco, va cambiando. Los jóvenes que van llegando a este mundo “son personas que han crecido con un teléfono, que está mucho más actualizada”. No le tienen miedo a las nuevas tecnologías, que aprovechan incluso para expandir sus negocios. Y no es coto cerrado a los jóvenes. Silvia Martín asegura que un artesano que trabaja el esparto “está usando la inteligencia artificial para traducir y conectar con clientes internacionales”, “para traducir y redactar contratos”. “Se apoyan en las nuevas herramientas para agilizar todo lo que no tiene que ver con su oficio artesano”.

Los perfiles de consumidores sí que están muy marcados. Es lo que da pie a que la artesanía pueda imaginarse un futuro. “El consumidor busca cosas hechas a mano, únicas, de calidad”. “Además el sector lleva implícita la sostenibilidad. Genera muchísimos menos residuos que una industria”.

La llata de Capdepera: el corazón artesano de Mallorca

Un futuro de artesanos

Mientras la artesanía busca su nuevo encaje en un mundo marcado por la sombra de la inteligencia artificial, el sector aborda sus propios desafíos. La nueva regulación europea, además de oportunidades, también presenta algunos retos. Por ejemplo, la norma que desde ahora permitirá inscribir esas indicaciones geográficas requerirá que los artesanos se agrupen para poder solicitarlas, y el sector está muy atomizado”.

“Son pequeñas empresas, muchas unipersonales. Para ir a por una marca se debe poner toda la alfarería o la cerámica de una región de acuerdo, tanto pequeños talleres como grandes empresas. Hay un trabajo arduo detrás”, confirma la responsable de Fundesarte. El papel de las comunidades autónomas será fundamental desde ahora, ya que serán ellas las que vehicularán junto con la Oficina Española de Patentes y Marcas las solicitudes ante la EUIPO, en Alicante.

Precisamente el tedio de la documentación es lo que puede levantar barreras a muchos pequeños artesanos. De ahí la importancia de que el sector tome más conciencia de sí mismo. Un sector que, al mismo tiempo, sigue reclamando más promoción y visibilidad a las instituciones. “Es lo que tratamos de hacer, pero se necesita más”. También reivindica la necesidad de recuperar la formación especializada. “La gente va a los talleres, pero no hay formaciones regladas”. Y un poco de atención fiscal. “La mayoría de artesanos tienen un IVA del 21%, aunque artistas e imagineros sí tengan de un 10%”, “y luego el tema de los CNAE, que se actualice el catálogo”. La artesanía española tiene futuro, pero reclama ayuda para alcanzarlo.

TAGS DE ESTA NOTICIA